27 enero 2017

Terminal Redux de Vektor, una locura espacial de thrash metal progresivo impresionante

Vektor son mi nueva banda favorita. No puedo dejar de pensar en la pureza brutal de su imaginación, que rescata clásicos de distintos géneros para crear una cápsula espacial de metal futurista. Imagina unos tipos que crecieron escuchando Voivod -como se nota en su logo-, Coroner y Rush tratando de tocarlo a la velocidad y estilo de Testament o Slayer, con las voces de Immortal y la batería de Sepultura, armados de una ametralladora de rayos cósmicos, y su fascinación por Star Wars, para componer un disco conceptual basado en la ciencia ficción con voces femeninas en los coros.



Con apenas tres discos, el primero apenas en 2009, desde Filadelfia emerge esta banda cuyo eje central es David DiSanto, actual único miembro de la banda, para construir un entramada de thrash progresivo emitido a velocidad de la luz, arreglos percusivos alucinantes y complejos, solos que desafían las leyes físicas y unas voces agudas que parece como si nórdicos y americanos hicieran un jam-session para turnarse jugando a que son Gorguts. Sus temas aunque bastante largos -73 minutos en diez canciones- jamás son repetitivos ni se pierden en las variaciones aburridas de algunas bandas de sludge/doom, sino que son una obra completa en sí mismos.

Tantas referencias musicales solo tratan de explicar lo brutalmente hechizante de este disco, que trata de un cosmonauta que perdido en la inmensidad del espacio hace experimentos para convertirse en inmortal y gobernar para siempre, pero luego es capaz de hacer la transición de vuelta para morir sacrificado por los suyos. Esto, aunque no es demasiado original y es mucho  mejor logrado por bandas como Coheed and Cambria y The Book of Knots.

El resultado es una especie de nieto del thrash metal que se funde con la precisión, el virtuosismo, la experimentación del metal progresivo junto a pinceladas de las vertientes más novedosas del postnetal, black atmosférico, sludge y doom de artistas nuevos como deafheaven o Krallice gracias a la colaboración en samples de Alex Poole.

Así mismo se incluyen interludios acústicos, con voces de dos cantantes afroamericanas de soul de Filadelfia: Naeemah Z. Maddox and RoseMary Fiki, lo que también es un tributo a pioneros del space-rock, Hawkind. Quizás aquí puede haber disonancias para algunos puristas, pero creo que es el plus de la banda el hacer una transversalización de géneros más incluir invitados inusuales.

Tapping, shreds y riffs imposibles son la columna vertebral de lo que quizás fue uno de los mejores discos de metal de todo el 2016, que no sólo los colocará en el difícil reto de superarse o cambiar sin aburrir, sino como obligación repasar sus anteriores discos.




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