16 marzo 2017

Nova Collective: una dream team del metal extremo progresivo que rinde un poco sorprendente tributo a los clásicos del jazzrock

Los súpergrupos pueden ser peligrosos o grandiosos. Pueden unir a quienes nunca hubieses imaginado o a un "dream team" escandaloso. Fantomas es de los mejores ejemplos pero con resultados previsiblemente raros, si eso se entiende. Se sospechaba lo que podría ser, y han cumplido gratamente.




Ahora, ¿qué sucede si unes al bajista de Between the buried and me, Dan Briggs, con el más reciente baterista de Cynic, Matt Lynch, (que ambos tocan en Trioscapes) a través de un cable hasta
Richard Henshall, guitarrista de Haken, y el extecladista de esta banda, Peter Jones? Se llaman Nova Collective, empezaron en 2014 tras unos cuantos correos sobre música y demos por correo, han grabado un disco, recién salido en 2017, que fue registrado en el estudio por el ingeniero Jamie King (BTBAM, The Contortionist) y mezclado Rich Mouser (Neal Morse, Transatlantic).

Sin una pizca de metal en sus 48 minutos, se pasean por sus influencias más jazz y progresistas para diseñar un disco suave, elegante y que hermosamente muestra todas sus capacidades interpretativas. Aquí todos los instrumentos son protagonistas, añadiendo ingredientes a una fusión que nunca eleva la voz mientras suma sonidos provenientes del world music (especialmente asiáticos) y de la música clásica.

Hay momentos en que todos hablan, llenando nuestros oídos de un bajo zigzageante, atmósferas cósmicas y guitarras que recorren las sabanas de los arpegios más delicados mientras la percusión de escobillas acompaña con dulzura, para llegar a claros donde el rock progresivo entra con velocidad para los riffs frenéticos y las baterías a contratiempo, lo que permite que luego el jazz regrese con el liderazgo de las cuatro cuerdas en compañía de las negras y blancas.

Es un disco que es claramente un tributo a sus clásicos favoritos de los 70, lo que termina sonando a un Focus de Cynic sin las partes metal, a un Yes más rockero. Un disco para la colección musical sin que sea un imprescindible. Echo en falta toques vanguardistas con electrónica, instrumentos de vientos y cambios de tiempo inesperados. Eso sí, no llega a ser la rareza de Kayo Dot sino se queda en terreno andado pero revisitado ahora con calidad musical pero sin sorpresas compositivas.





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