29 enero 2026

Petróleo, política e historia en Venezuela, un repaso necesario de cómo llegamos hasta aquí


Photo by David Thielen on Unsplash

La producción petrolera inició en Venezuela en 1914, con la perforación del Pozo Zumaque en Mene Grande, estado Zulia, en el centro occidente del país, frente al Mar Caribe y frontera con Colombia. Sin embargo, las concesiones a empresas extranjeras empezaron en 1922. El desarrollo tecnológico e industrial del país fue rápido, convirtiendo a un país agrícola en una joya global de los hidrocarburos.

Para 1929, el país ya era el segundo mayor productor del mundo y el mayor exportador del mundo, superando en ambos casos a Estados Unidos. Esa velocidad de acción tomó fuerza cuando en 1960, ya en los primeros años de la democracia en la que Hugo Chávez fue electo 39 años más tarde, el político venezolano Juan Pablo Pérez Alfonzo, “el padre improbable del poder árabe” como tituló The New York Times, impulsó la creación de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).

Después de varios decretos que entregaban bienes y equipos de las concesionarias a la República de Venezuela, el 1° de enero de 1976, el presidente Carlos Andrés Pérez nacionalizó oficialmente el hierro y el petróleo.

Así mismo, se creó Petróleos de Venezuela, S.A., PDVSA, para la extracción, refinado, distribución y comercialización del petróleo, y las concesionarias recibieron alrededor de mil millones de dólares en compensación.

En 1992, Pérez volvió al poder para superar dos intentos de golpe de Estado por militares alzados que incluían al entonces teniente Hugo Chávez. En su segunda vez en Miraflores Pérez impulsó una serie de medidas económicas y políticas de liberalización de precios, junto a un gabinete de tecnócratas, parte de los llamados Chicago Boys.

La decisión de subir el precio de la gasolina, históricamente la más barata del mundo y prácticamente gratuita, con la consecuente subida del precio del transporte público, llevó a manifestaciones generales, incluyendo saqueos que se conoce como El Caracazo y que fueron reprimidas con altísima violencia, produciendo entre decena y cientos de muertos, según diversas fuentes.

Muchos analistas e historiadores califican El Caracazo como el germen del chavismo, debido al rol coordinador de las organizaciones subversivas de izquierda ante el descontento ciudadano. Entre estas estaba la Liga Socialista, de la que Nicolás Maduro fue militante. Esa organización fue fundada por Jorge Antonio Rodríguez, quien falleció tras ser detenido y torturado por las fuerzas de seguridad del Estado, y quien es el padre de Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, y Delcy Rodríguez, presidenta encargada de Venezuela tras la captura de Maduro el 3 de enero de 2026.

Y es que el petróleo tiene un papel preponderante en la historia política y económica del país, produciendo al menos tres escenarios de “enfermedad holandesa”. En Venezuela es muy famoso un editorial de 1936 llamado “Sembrar el petróleo” de Arturo Úslar Pietri, que pedía usar los petrodólares para diversificar la economía. Nunca se hizo, y por tanto también es famoso el calificativo de “excremento del diablo” de Pérez Alfonzo, por la inmensidad cantidad de petróleo que lo ahogaba todo, aún un año antes de su nacionalización.

El país caribeño apenas ha desarrollado su industria turística, su parque industrial o invertido en investigación y desarrollo, impulsando inmensos subsidios a la educación, la salud y los servicios públicos, pero esa abundancia de recursos también se ha visto manchada por la malversación y la corrupción, que en la era del chavismo llevó a escándalos y purgas políticas internas como el caso PDVSA–Cripto que llevó a la cárcel al antes poderoso ministro Tareck El Aissami y decenas de gerentes encarcelados, acusados también de traición.

La grandeza de PDVSA

Cuando PDVSA fue creada, en 1976, en Venezuela existían 333 pozos petroleros, Se producían 2,3 millones de barriles de petróleo al día, de los cuales se refinaban 984 mil, ocupando apenas el 60% de la capacidad instalada. Hoy tiene entre 18 mil y 15 mil pozos petroleros activos, con capacidad de producir entre 20 y 30 mil barriles diarios, lo que equivale a 60 años de 2 millones diarios, así como un potencial productivo de muy largo plazo.

Esta infraestructura petrolera, a datos de 2018, también incluye entre 3 mil y 4 mil kilómetros de oleoductos en 42 sistemas de distribución, 16 terminales de embarque, otros 3 mil kilómetros de gasoductos (aunque oficialmente PDVSA cita 12 mil kilómetros) y 153 plantas de compresión de gas con más de 570 compresores, cuyo estado de funcionamiento está en duda. Además de seis grandes refinerías en territorio nacional.

Así que además de las más grandes reservas de petróleo, de 300 mil millones de barriles, el gran potencial actual es la infraestructura ya existente, aún derruida y abandonada, pero que incluye el que fue el mayor foco individual de gas flaring del mundo.

No es sólo un dato curioso. El portal especializado Global Gas Flaring Reduction Partnership (GGFR) revela que, en 2024, se quemaron 8,3 millones de metros cúbicos de gas natural en Venezuela, lo que lo convierte en el quinto del mundo detrás de Rusia, Iraq, los Estados Unidos e Irán, pero con tres de los diez mayores focos de gas flaring del mundo.

Pero la pérdida total de gas metano, por ventilación o escapes alcanza los 13 millones de metros cúbicos, una cifra tan inmensa que “puede verse desde el espacio”. Un artículo de Bloomberg Green advierte que aunque el metano desperdiciado, 60 veces más contaminante que el CO2, representa el 25% del producido en Venezuela, el índice más alto del mundo, puede valer 1.400 millones de dólares.

Eso sí, PDVSA ya ha superado dificultades. En 1976 recibió una industria disminuida porque los concesionarios abandonaron la perforación y el mantenimiento, logrando una resurrección basada en su capital humano. Después, durante la “Apertura” de los 90, con el cambio de leyes que permitió el regreso de las inversiones extranjeras en las llamadas “asociaciones estratégicas”, la producción superó los 3,5 millones de barriles diarios.

En esa época también alcanzó la internacionalización, con activos y oficinas en Europa, Estados Unidos y El Caribe, así como la compra de refinerías y CITGO, la red de gasolineras y refinerías más grande de Estado Unidos, pero que por años ha estado en peligro de ser subastada por las deudas provenientes de juicios internacionales perdidos por las nacionalizaciones ordenadas y no pagadas por el gobierno de Chávez.

Y es que a pesar de los despidos masivos de trabajadores de 2001, las expropiaciones de empresas extranjeras y la politización de la empresa, que aún hoy tiene a 135 extrabajadores petroleros presos por denunciar irregularidades en PDVSA, en diciembre de 2013 aún se producían 2,32 millones de barriles diarios.

Hoy el reto implica levantarse desde los 830 mil barriles diarios de diciembre de 2025.

Enfermedad holandesa, ¿otra vez’

Así mismo, el exministro de Petróleo, Rafael Ramírez, hoy en el exilio, por el que pesan diversos casos de corrupción, dice que el control estadounidense de los fondos provenientes de la venta del petróleo es “irregular e insostenible” porque el 90% de los ingresos de la Nación provienen del petróleo, por lo que se pregunta cómo se sostendrán los gastos corrientes del Estado, como el pago a los empleados públicos.

Esto se ratifica al consultar tanto el Observatorio como el Atlas de Complejidad Económica de la Universidad de Harvard, que revela cómo la exportación de petróleo crudo y derivados ocupan la mayor parte de la economía venezolana, aún con las restricciones de las sanciones económicas impuestas por EEUU desde 2017, que irónicamente sigue siendo el principal receptor de estas importaciones de hidrocarburos.

Ramírez asegura que hay conocimiento e infraestructura para la recuperación, pero cifra la cantidad de pozos en solo 12 mil. “Si el dinero entra al país y hay socios que trabajen con nosotros, la industria se recupera en pocos años”. Pero insiste que la incertidumbre y falta de reglas claras ahuyenta la inversión, por lo que pide por un transición con distintos factores políticos y el respeto a la soberanía expresada en la Constitución.

Ahora la presidenta encargada habla de 300 millones de dólares que entrarán por medio del Banco Central de Venezuela (BCV) a bancos privados. Una inyección que casi cuadriplica la última vez que hubo intervención bancaria, mientras la tasa cambiaria paralela o de mercado negra sigue bajando con los días.

Lo hace casi al mismo tiempo que anuncia una nueva modificación de la Ley de Hidrocarburos para permitir inversiones extranjeras sin que la estatal PDVSA sea dueña de todo el petróleo, con el anuncio de la primera venta de gas licuado de la historia y con la posibilidad del regreso de petroleras, la embajada de Estados Unidos, el FMI y el Banco Mundial, para la recuperación del sistema eléctrico, de salud, vivienda y educación, presuntamente por medios de fondos soberanos y/o cuentas administradas por Estados Unidos, producto de la venta de petróleo, gas y derivados.

Venezuela tiene pendiente la diversificación de su industria, aprovechar su ingenio local, la ubicación geográfica y pasar de un mero exportador de materias primas y de importador de productos, a la ansiada Tierra de Gracia de inventiva, innovación y prosperidad, que no excluye la industria de los hidrocarburos pero no puede quedarse allí.

17 enero 2026

Oil, politics, and history in Venezuela: a necessary review of how we got here

 

Photo by David Thielen on Unsplash

Oil production began in Venezuela in 1914 with the drilling of the Zumaque Well in Mene Grande, Zulia State, in the central-western part of the country, facing the Caribbean Sea and bordering Colombia. However, concessions to foreign companies began in 1922. The country’s technological and industrial development was rapid, transforming an agricultural country into a global hydrocarbon gem.

By 1929, the country was already the world’s second-largest producer and largest exporter, surpassing the United States in both cases. This rapid pace gained momentum in 1960, in the early years of the democracy in which Hugo Chávez was elected 39 years later, when Venezuelan politician Juan Pablo Pérez Alfonzo, “the unlikely father of Arab power” as The New York Times called him, promoted the creation of the Organization of Petroleum Exporting Countries (OPEC).

After several decrees handing over assets and equipment from concessionaires to the Republic of Venezuela, on January 1, 1976, President Carlos Andrés Pérez officially nationalized iron and oil.

Likewise, Petróleos de Venezuela, S.A., PDVSA, was created for the extraction, refining, distribution, and marketing of oil, and the concessionaires received approximately one billion dollars in compensation.

In 1992, Pérez returned to power to overcome two coup attempts by rebellious military officers, including then-Lieutenant Hugo Chávez. During his second term in Miraflores, Pérez promoted a series of economic and political measures to liberalize prices, together with a cabinet of technocrats, part of the so-called Chicago Boys.

The decision to raise the price of gasoline, historically the cheapest in the world and practically free, with the consequent rise in the price of public transportation, led to widespread demonstrations, including looting known as El Caracazo, which were suppressed with extreme violence, resulting in between tens and hundreds of deaths, according to various sources.

Many analysts and historians describe El Caracazo as the seed of Chavismo, due to the coordinating role played by left-wing subversive organizations in response to public discontent. Among these was the Socialist League, of which Nicolás Maduro was a member. That organization was founded by Jorge Antonio Rodríguez, who died after being detained and tortured by state security forces, and who is the father of Jorge Rodríguez, president of the National Assembly, and Delcy Rodríguez, president in charge of Venezuela after Maduro’s capture on January 3, 2026.

Oil plays a predominant role in the country’s political and economic history, producing at least three scenarios of “Dutch disease.” In Venezuela, a 1936 editorial called “Sowing Oil” by Arturo Úslar Pietri is very famous, calling for the use of petrodollars to diversify the economy. This was never done, and therefore Pérez Alfonzo’s description of oil as “the devil’s excrement” is also famous, due to the immense amount of oil that was drowning everything, even a year before its nationalization.

The Caribbean country has barely developed its tourism industry or industrial park, nor has it invested in research and development, promoting huge subsidies for education, health, and public services. but this abundance of resources has also been tainted by embezzlement and corruption, which in the Chavez era led to scandals and internal political purges such as the PDVSA-Cripto case that sent the once powerful minister Tareck El Aissami and dozens of managers to prison, also accused of treason.

The greatness of PDVSA

When PDVSA was created in 1976, there were 333 oil wells in Venezuela. They produced 2.3 million barrels of oil per day, of which 984,000 were refined, occupying just 60% of installed capacity. Today, it has between 18,000 and 15,000 active oil wells, with a production capacity of between 20,000 and 30,000 barrels per day, equivalent to 60 years of 2 million barrels per day, as well as very long-term production potential.

This oil infrastructure, according to 2018 data, also includes between 3,000 and 4,000 kilometers of oil pipelines in 42 distribution systems, 16 shipping terminals, another 3,000 kilometers of gas pipelines (although PDVSA officially cites 12,000 kilometers), and 153 gas compression plants with more than 570 compressors, whose operational status is in doubt. In addition to six large refineries in the country.

So, in addition to the largest oil reserves, amounting to 300 billion barrels, the great potential today lies in the existing infrastructure, which is now dilapidated and abandoned, but which includes what was once the largest single source of gas flaring in the world.

This is not just a curious fact. The specialized website Global Gas Flaring Reduction Partnership (GGFR) reveals that, in 2024, 8.3 million cubic meters of natural gas were burned in Venezuela, making it the fifth largest in the world behind Russia, Iraq, the United States, and Iran, but with three of the ten largest gas flaring sites in the world.

But the total loss of methane gas through venting or leaks reaches 13 million cubic meters, a figure so immense that “it can be seen from space.” An article in Bloomberg Green warns that although wasted methane, which is 60 times more polluting than CO2, accounts for 25% of Venezuela’s production, the highest rate in the world, it could be worth $1.4 billion.

However, PDVSA has already overcome difficulties. In 1976, it inherited a depleted industry because concessionaires had abandoned drilling and maintenance, but it managed to revive itself based on its human capital. Later, during the “Apertura” of the 1990s, with the change in laws that allowed the return of foreign investment in so-called “strategic partnerships,” production exceeded 3.5 million barrels per day.

At that time, it also achieved internationalization, with assets and offices in Europe, the United States, and the Caribbean, as well as the purchase of refineries and CITGO, the largest network of gas stations and refineries in the United States, but which for years has been in danger of being auctioned off due to debts from international lawsuits lost over nationalizations ordered and not paid for by the Chávez government.

Despite the mass layoffs of workers in 2001, the expropriation of foreign companies, and the politicization of the company, which still has 135 former oil workers in prison for reporting irregularities at PDVSA, in December 2013 it was still producing 2.32 million barrels per day.

Today, the challenge is to increase production from the 830,000 barrels per day produced in December 2025.

Dutch disease, again?

Similarly, former Oil Minister Rafael Ramírez, now in exile and facing several corruption charges, says that US control of funds from oil sales is “irregular and unsustainable” because 90% of the nation’s revenue comes from oil, raising questions about how the state’s current expenses, such as payments to public employees, will be sustained.

This is confirmed by both the Observatory and Harvard University’s Atlas of Economic Complexity, which reveals how exports of crude oil and derivatives account for the largest share of the Venezuelan economy, even with the restrictions of the economic sanctions imposed by the US since 2017, which ironically remains the main recipient of these hydrocarbon imports.

Ramírez assures that there is knowledge and infrastructure for recovery, but estimates the number of wells at only 12,000. “If money enters the country and there are partners working with us, the industry will recover in a few years.” But he insists that uncertainty and the lack of clear rules scare away investment, which is why he calls for a transition with different political factors and respect for the sovereignty expressed in the Constitution.

Now the acting president is talking about $300 million that will flow through the Central Bank of Venezuela (BCV) to private banks. This injection is almost four times the amount of the last bank intervention, while the parallel or black market exchange rate continues to fall with each passing day.

She is doing so at almost the same time as announcing a new amendment to the Hydrocarbons Law to allow foreign investment without the state-owned PDVSA owning all the oil, with the announcement of the first sale of liquefied gas in history and the possibility of the return of oil companies, the US embassy, the IMF, and the World Bank, for the recovery of the electrical, health, housing, and education systems, presumably through sovereign funds and/or accounts administered by the United States, as a result of the sale of oil, gas, and derivatives.

Venezuela needs to diversify its industry, take advantage of its local ingenuity and geographical location, and move from being a mere exporter of raw materials and importer of products to becoming the long-awaited Land of Grace, characterized by inventiveness, innovation, and prosperity. This does not exclude the hydrocarbon industry, but it cannot stop there.


04 enero 2026

Desde mi corazón de venezolano: De la alegría cautelosa a la expectativa reservada

Estaba despierto cuando pasó. Veíamos uno de los vídeos de Traumas de Nacho Redondo. Entonces explotaron -nunca mejor dicho- las notificaciones de mi teléfono. “Algo está pasando” le dije a Aruska cuando en medio de la madrugada tenía decenas de mensajes en el chat de trabajo. “Parece que están bombardeando Caracas” dije aún entre incrédulo y preparado para saltar de la cama a la laptop.

No dormí hasta las 9 AM, más o menos. Hasta de Community Manager estuve tratando de informar tanto como fuese posible. Cuando salió la foto oficial del arresto de Maduro, todo cambió, empecé a ver y leer celebración, alegría y sorpresa. Yo me quedé con esta última, no terminaba de sentirme dichoso, mucho menos eufórico. Desde entonces como y duermo de forma desordenada, trabajando, leyendo y publicando tanto como sea posible.

Después de escuchar la primera rueda de prensa de Trump, la alegría cautelosa se encogió al mínimo. Muchos estaban en negación, hablaron de mala traducción -como si hubiesen hablando en vasco o arameo- o que se confundió, que estaba hablando de la vicepresidenta Machado. Luego Rubio reiteró y poco después se confirmó: Delcy fue la elegida, por unos y otros, para proseguir en este camino pedregoso de la gobernabilidad, la transición ordenada y la continuidad. Incluso se cree que fue parte importante de la operación: lo vendió, se cuadró, negoció. Con su hermano. 

Porque ella sería más dócil, menos republicano y cuasi-democrática, sí, pero también porque ella está en el poder -Rubio insistió luego en eso para explicar porqué no se llevaron a nadie más- y en control de armas y petróleo. Los gringos han aprendido que si arrasan con todo, se abre un descampado de rebeldes, guerrillas y necesidades acuciantes. No es lo mismo protestar por apagones y agua con un gobierno nuevo, reluciente y opositor que a los mismos de ayer.

Hace falta orden para reconstruir, reparar y levantar. No necesariamente democracia. Dictadores latinoamericanos desarrollistas lo demostraron: carreteras, hospitales y grandes obras, con represión, censura y partido único. Lo han hecho así en China y Rusia. 

Trump se llevó a Maduro y no trajo democracia, ni siquiera dijo la palabra en su rueda de prensa. Le quitó el piso político a María Corina Machado y aseguró que nos gobernaría con un equipo que incluía a los presentes, jefes de la CIA, el FBI, el Departamento de Estado. 

Se dispararon las alarmas, nos preocupamos y hasta entristecimos, aunque otros aún celebraron que parecía un cambio aceptable, petróleo por libertad. Pero en el país en el que históricamente el 95% de los ingresos son por venta de hidrocarburos, no es fácil decir eso: ni siquiera por soberanía o independencia. Sin petróleo, no hay economía venezolana. Deberíamos vivir del turismo, de importar camarones, del ingenio venezolano pero no ha pasado en cifras suficientes. El chocolate y el ron tampoco alcanzan.

Así que mi alegría chiquitica recibía más matices: los 40 muertos reportados por el NYT. Los 25 que se conocieron luego. Entonces llega el remate, porque Trump no va a llevarse a nadie más, ni a Diosdado ni a Padrino y al contrario, ungió a Delcy. 

Soy de los que ha criticado a Bukele, Milei y Trump, defendido los derechos humanos como principio y repetido que por gobernabilidad, dudada de una intervención militar, pero que si pasaba no era para poner a la oposición a gobernar. Que estaban en juego muchas variables: el ELN, las disidencias de las FARC, los colectivos, el tamaño del territorio, las facciones del poder del PSUV, y que no habría un operativo para llevárselos a todos, que había que tragarse sapos, un gobierno de coalición y/o una transición lenta y concertada. Es innecesario poner aquí las respuestas sobre estas ideas, que son menos complacientes que “ojalá vengan y se los lleven a todos, los quiero ver en bragas anaranjadas”.

Bombardearon Caracas, incluyendo antenas en El Hatillo y el IVIC, hay daños colaterales, incluyendo civiles. No fue una masacre pero por años hemos reclamado sobre cómo el chavismo fue una máquina bestial de tortura, muerte y persecución que disparó, arrolló y asesinó estudiantes, manifestantes pacíficos y activistas sociales sin contemplación, pero la respuesta no puede ser el ojo por ojo. Como con los DDHH, no podemos elegir cuando se aplica el Derecho Internacional y cuando no, si Rusia invadió ilegalmente Ucrania, si Israel realizó un genocidio en Palestina, no vino Trump a salvar a nadie a plomo en Venezuela.

Y no me estoy yendo al lado de los que firmemente rechazan la intervención militar, pero tampoco la pinto como la épica salvadora. Hay que matizarlo, porque celebramos el arresto de Nicolás pero no hay como celebrar la muerte de 18 soldados menores de 25 años. Nunca estuve del lado de “tiene que correr sangre” ni de “tiene que morir mucha gente”. No tengo una opción perfecta, pero siempre he creído que se dice fácil.

Me queda es una expectativa más bien fría, con pocas esperanzas. Y yo soy un optimista, pero me la pusieron difícil.

Lo que viene es difícil de predecir, es fácil decir que uno “ya sabía” pero yo nunca leí ni escuché a nadie decir que se llevarían a Nicolás y dejarían a todos los demás. ¿Podrá Delcy sacarle el cuerpo a Irán, China, Rusia y Cuba mientras brinda concesiones y facilidades a EEUU sin perder la retórica revolucionaria? 

¿Apostará por una repolitización lentica con algunos opositores en el terreno? Desde el 5 de enero son diputados a la Asamblea Nacional personas como Stalin González y Henrique Capriles. ¿Saldrán los presos políticos o habrá nuevos? ¿Se enfrentará a facciones internas que sigan apoyando realmente a Maduro o apostará por purgas internas? ¿O acaso se va a atrincherar y rebelar enfrentándose a Trump después que vimos que no estaban listos para defenderse, ni responder ni apenas prestar resistencia?

Son demasiadas preguntas, y no porque hay ocultamiento o mentiras, sino porque predecir en Venezuela es un ejercicio fatuo. Tú dices algo y en tres semanas cambia todo.

Esto lo escribo en la noche del 4 de enero, y podría envejecer mal, pero es lo que tengo hoy.