26 julio 2021

San Luis XV de Francia, patrono de los peluqueros y barberos

El 25 de agosto se celebra la canonización del rey Luis XV de Francia, realizada por el Papa Bonifacio VIII en 1297. Aunque históricamente se le reconoce por su religiosidad y patrocinio de las artes, hay una conocida historia en la que supuestamente honró a uno de sus peluqueros, entonces oficio ejercido por plebeyos. Unas versiones dicen que lo nombró caballero y otras que lo ensalzó a "hombre libre".

Esta historia, que la reflejan varios medios latinos, especialmente argentinos, porque allí es oficial la fecha desde 1940, cuando lo designó el Congreso Nacional de Peluqueros en la ciudad de Pergamino. Así también se celebra en Colombia (28 de agosto), Argentina, Chile, México, Venezuela, Paraguay y Perú, Ecuador (8 de noviembre) y Bolivia (21 de octubre).

Una firma australiana de productos de estilismo comparte la versión de San Luis como benefactor de las artes, así como Patrón de Peluqueros y Barberos, como dice el santoral católico. Para el Vaticano es San Ludovico. La web Catholic News, como la Santa Sede, lo coloca como patrón de la Orden Franciscana, pero añade que también lo es de Francia, la monarquía francesa y los peluqueros.



25 julio 2021

Parroquia La Candelaria: centro cultural, gastronómico y religioso de Caracas

 Un 25 de agosto de 1750 fue declarada La Candelaria como parroquia de la ciudad de Santiago de León de Caracas. Tradicionalmente conocida como uno de los centros gastronómicos más interesantes de la capital de Venezuela, con muchísimos restaurantes y tascas (bares) españoles, producto de las colonias canarias y gallegas, es también muy conocida por su Santuario de La Candelaria, (también en FB) construida en 1708 con estilo neoclásico y desde 1975 el sitio de descanso de los restos de El Venerable, el beato Dr. José Gregorio Hernández.

Fuente: iamvenezuela.com/2015/07/iglesia-nuestra-senora-de-la-candelaria/

La Candelaria es también un hub religioso, pues posee la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, la Iglesia de Santa Rosa, el templo Cristiano-Maronita de San Charbel (lo que revela también la importancia de la colonia de migrantes árabes de Siria y Líbano), la Mezquita Ibrahim Al-lbrahim (1993) y la Iglesia Bautista.

Geopolíticamente es una de las 22 parroquias del Distrito Libertador (que conforma el distrito capital) y una de las 32 parroquias de Caracas. Lamentablemente en muchas de sus calles, vistosas y mezcla de casas coloniales y edificios modernos se puede ver muchísima basura, vendedores informales e infraestructura derruida o abandonada, además, es bastante inseguro aunque su Plaza Sur tiene muchísima vida urbana, incluso durante la noche.

Aunque solo tiene 123 hectáreas, La Candelaria es un importante centro cultural y arquitectónico, albergando las sedes de los bancos Mercantil y Provincial, el centenario diario El Universal, el Parque Carabobo y parte del Parque Los Caobos, así como los museos de Ciencias Naturales, de Bellas Artes, de Arte Contemporáneo, de Los Niños, el Teatro Teresa Carreño y una pequeña parte del boulevard Amador Bendayán, donde se ubica La Casa del Artista. Así mismo, se encuentran los teatros Caracas, Municipal y Nacional.

En la parroquia también se ubican importantes instituciones públicas como el Ministerio Público (Fiscalía), la sede del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC, policías científica) y la sede principal de la Compañía Anónima Nacional de Telecomunicaciones de Venezuela (CANTV) y la Defensoría del Pueblo.

Se puede llegar y salir de La Candelaria por las estaciones Bellas Artes y Parque Carabobo de la línea 1 del sistema Metro de Caracas.



21 enero 2021

Cuento: Amigo de puta

Soy la reina del sexo oral y anal, así como se escucha, decía antes de hacer un ruido con sus labios bien apretados en forma de besos. Así era la forma de hacerme reír cuando tenía mis pesadillas geométricas. Sudorosas y febriles, sentía que corría por montañas hechas de líneas, me enfrentaba a paradojas abstractas e indescriptibles imágenes oníricas.

Ella sí lo hacía, era prostituta, pero la amistad permitía esas indiscreciones sin juicios. Tampoco yo recibía consejos, sin importar las desventuras o torpezas que no escaseaban. A los 19 años errar es un deber etílico que cumplía a cabalidad.

Ella también se reía cuando le conté que partí el vidrio del carro de mi novia porque dejé la llave dentro cuando entramos al motel, mientras ella le decía al papá que la habían tratado de robar en la universidad o cuando le robé el dinero que tenía escondido mi mamá para organizar una fiesta con mis amigos aunque ella lo necesitaba para pagar el abogado del divorcio.

Era sólo material para tejer redes de complicidad, la inextricable malla de confianza que nos haría potenciales archienemigos. Así sabía yo de Aisha, su hija de cinco años, que desconocía como toda su familia su secreto oficio sexual. Oficialmente ella vendía juguetes sexuales, que le quedaba más coherente que hacerse pasar por secretaria de una firma de abogados o asistente odontológica.

Nuestra amistad causaba escándalo y envidia, como debe ser una muy buena amistad. Las cosas verdaderamente buenas tienen que tener ese halo maligno, lucir prohibidas o incorrectas, deseables en secreto.

Hablábamos todos los días por teléfono, varias veces al día, por al menos treinta minutos. Hablábamos sin parar al salir a comer, disparándole a zombies en un videojuego y sin parar incluso en el cine, causando a veces que nos sacaran forzosamente de salas llenas para nuestra rabiosa indignación.

Nos vaciábamos de nuestros demonios, oscuros y asquerosos, para llenarnos de los globos pasteles que nos parecía los fantasmas del otro. Frente a frente, la primera vez que salían era todo solidaridad reflexiva, convirtiéndose en cómplices risitas al recordarlos minutos antes de dormir esa misma noche o meses después en otra de las infinitas conversaciones.

Un día me mudé de ciudad. La despedida fue absoluta negación, una salida como siempre, recordando los monstruos del ayer que mutaron en chistes personales. Pasamos de las llamadas al correo electrónico porque mis horarios habían cambiado. Empezamos a chatear de noche, hasta tarde, emulando lo que hacíamos antes.

Otro día salí hasta tarde con nuevos amigos, luego una pareja nueva. Un rompimiento trajo otro, un par de veces porque descubrieron que robé algo en sus casas que luego encontraron revendido cerca de mi casa. En los intervalos volvía mi amistad secreta con mi amiga puta. Así me exigió llamarla después que me negué a volver a casa por vacaciones para volver a vernos. Dijo las cosas detestables por las que nos encanta disculparnos después.

Puta, reina del sexo anal y oral, pero que nunca probé, que jamás me ofreciste, por donde todos se saciaron, te violaron a gusto menos yo, que nunca te gusté.

Así no me habló más nunca, así no tuvo que extrañarme cuando me desaparecieron. 

19 enero 2021

El millonario escondido

Cuando me gané la lotería, salí huyendo. Sin cobrar el billete, aceleré hasta perderme en el total incógnito. Me reí tanto, sabiéndome en destino desconocido, que terminé llorando desconsolado. Estaba solo y con terror sobre mi futuro, a merced de mi nueva vida de millonario, evitando las invasoras cadenas de la inmensa riqueza repentina. Busqué un lugar inverosímil donde pudiese evitarme a mí mismo con súper poderes mundanos. Si iba a tomar malas decisiones, que fuesen baratísimas.

Quería irme al bosque de pinos de la Laguna de Mucubají, el lugar más extraño y perfecto para no ser encontrado. Terminé caminando por las calles vecinas, sin celular ni documentos, sin un céntimo encima, felizmente desprendido, saludando niños y perros que no conocía ni me conocían, que se reían o me veían extrañados como a un loco que sí se baña.


Flotando en esa nube maravillosa de las buenas noticias, pasé bailando en mi mente al lado de la basura, de la risa, del charco y del muro, amando todo y sin importarme nada. Me estaba despidiendo con una sonrisa zen que desconocía que tenía. No podía revelarme.


Así disfrutaba del vacío que se me escapaba, antes de atraer la atención de vendedores caraduras y carnadas deliciosas, secuestradores con currículo y vicios con profesionales, de malas inversiones y caridades infinitas, de falsas amistades tan instantáneas como las repentinas idioteces que creería extraordinarias ideas. 


No tenía ni un papel para anotarlas, así que sonreía, celebrando haberme arrestado de estos arrebatos, evitando presumir esa peligrosa espontaneidad que convierte caprichos y gustos del hijo del vecino en extravagancias mundialmente conocidas. Evité así escribir esas utopías magníficas que nos repetimos tanto bajo la ducha.


Respiré el aire urbano, llenando mis pulmones del infinito valor de las pequeñas cosas: el rayo de luz entre las ramas, el papelito que gira con el viento, el grito del vendedor ambulante. Todo para intentar dar calma a mi corazón desbocado, para repetirme -una vez más- que podía ser -y sería- un tipo normal. Con algunos lujos y ayudando a mi familia pero centrado. Que revocaría la locura usual y tendría sentido común. Un millonario con alma fuerte. 


Y me fui, listo para volar por el mundo en un jet dorado con un chef internacional huérfano y una banda japonesa en vivo, a la que le pagaría en bitcoins.

29 marzo 2020

Mi primer virus me dolió mucho

Creo que tenía como siete años la primera vez que leí sobre los virus informáticos. Había aprendido hace un par de años a leer de forma autodidacta, así que devoraba con los ojos y la mente todo lo que había en mi casa. Gracias al amor por los libros de mi papá, comprador compulsivo primero, tuve a mi disposición cientos de tomos.

Debo admitir que aún no había desarrollado totalmente mi comprensión lectora, así que estaba un poco literal en mi captación intelectual.

Aún así, con lo obtenido por medio de la absorción obsesiva de niño nerd, le daba rienda suelta a la imaginación y la interpretación. No me interesaba tanto saber sino tener tener los insumos necesarios para especular de forma creíble. Quería ser escritor, no periodista. 

Recuerdo que daba explicaciones inventadas, bajo deducción, basado en lo que había leído en alguna de las varias enciclopedias hogareñas. Hice varias exposiciones en el colegio, muy mal planificadas y repasadas, hablando del inventor de los Rayos X o los primeros filósofos griegos, no sólo porque sabía sino porque estaba seguro que lo demás no sabían. 

También le contaba mis teorías como si fuesen verdad a cualquier familiar adulto que quisiera escuchar, aunque su mirada me revelara que admiraba más mi elocuencia que mi veracidad. Así explicaba porqué los árboles estaban ordenados de cierta manera en una montaña o el comportamiento de las gotas de lluvia sobre el vidrio.

Me deleité sólo de imaginar lo que vendría cuando posé mis ojos sobre ese reportaje sobre los peligros de la infección de las computadoras que encontré en un suplemento infantil dominical que venía con el periódico local.

Leí que los virus informáticos se transmitían por el descuido humano y que estas patógenos digitales podrían producir verdaderos dolores de cabeza.

Entendí, con gusto de no corregirme, que los virus informáticos eran una genialidad casi sacada de la ciencia ficción que permitía no sólo infectar a similares cibernéticos sino también a sus despistados usuarios.

Estos virus, creados en laboratorios de computadoras, pasaban de uno a otro en la comodidad insospechada de diskettes infectados en una prehistoria digital sin memorias USB o correos electrónicos, sin descargas ni sitios webs malignos o sospechosos. La proto-pornografía de gifs animados y Larry Larry era el vector ideal.

Imaginé que en una consecuencia inesperada, estos virus pasaban al humano por medio del contacto con el ratón y el teclado. La educación sexual basada en el terror para infundir abstinencia que uno recibía de padres y escuela sostenían la creencia que tocar era peligroso.

Supuse que estos virus digitales aprendían a comportarse como pulgas binarias que saltarían hacia la piel, alojándose allí temporalmente. Y era durante ese tránsito en la vida orgánica, en la se alojaban mientras esperaban invadir otro terminal de fosforescente luz verde en un nuevo escondite orgánico, cuando llegarían a causar dolencias por alguna interferencia entre este nuevo invasor y nuestro cerebro humano.

Allí estaban los dolores de cabeza que leí en el reportaje. En mi mente, no en el papel. En mi falta de una mayor comprensión de las analogías, que apenas descubría leyendo poesía.

La ilustración con el niño triste por las consecuencias de tener un virus en su amada amiga electrónica me reforzaba mi primera y propia teoría de conspiración. Era una advertencia de salud, pero que era fácilmente curable: un programa antivirus que funcionaría de doctor que diagnostica, antibiótico curativo y vacuna preventiva.

Necesitaba que alguien me salvara de estos símiles.

En mi infantil orgullo intelectual, después de escuchar tantas veces que "no mojaba sino empapaba" porque era un ávido lector de historia, geografía, literatura y ciencia enciclopédica, periódicos, revistas, suplementos y cuentos, fui corriendo a contarle mi primer resumen periodístico a mi mamá, antecedente premonitorio de mi dedicación laboral, para encontrarme con las impredecibles consecuencias de mi desinformación involuntaria.

"Qué malo, yo que pensaba comprarte una computadora". 

Me dolió. 

Mi primer virus me dolió mucho.

25 enero 2020

Doblete avantgarde: black metal - trip hop - folk húngaro de Thy Catafalque / Black metal hipster con arpa, vibráfono y oboe japonés de Liturgy

Describir la música rara, experimental y de vanguardia puede requerir mucha poesía o amplios conocimientos de teoría musical. Y como me encontré con tres obras realmente extraordinarias como retadoras, las voy a resumir para ustedes, porque si aman explorar nuevos horizontes y conocer artistas que se ríen de los géneros, este post los va a iluminar.

Naiv

Empezamos por Thy Catafalque, la obra de Tamás Kátai, quien desde hace 15 años ha combinado magistralmente el black metal, el trip hop, el folk de su natal Hungría y la música industrial para elaborar una especie de metal progresivo muy retador. Con "Naiv" publicado el 24 de enero de 2020 este compositor y arreglista parece haber llegado a un nuevo nivel en la producción, mezcla y presentación de sus ideas.

Su resultado es combinar sin estridencias los arreglos de instrumentos orquestales con las capas de electrónica y el metal extremo sin sonar como un collage, a pesar de la colaboración de siete músicos, nueve ins580trumentos y cuatro cantantes invitadas: Martina Veronika Horváth, Gyula Vasvári, Zoltán Kónya y alguien bajo el seudónimo P.W. Hermann. Muchos de ellos anteriores colaboradores de su proyecto Gire.

Así logra un hilo conductor en cada tema que permite sumergirse en la música sin esperar o sobresaltarse porque viene la distorsión, la paz acústica, el arreglo orquestal o la atmósfera electrónica a pesar de la incursión del violín, la viola, el violonchelo, el oud, la citera, el trombón, el saxofón, la quena y el bajo sin trastes.

Aunque el disco empieza con una furiosa descarga de black metal que es suavizada con tonos de soprano, hay sorpresas como los tonos funk y slaps del bajo, los momentos de metales jazzísticos, el dominio de los sintetizadores e incluso algunos grasps de black metal. Y aunque Tamás dice que el disco hace honor al temperamento infantil, informal e improvisado del arte naive, lo que alcanza es de una genialidad sónica.

Mi tema favorito es Vëto, una épicao de ocho minutos que inicia con disonantes riffs de metal pero que evoluciona hacia una melodía de electrónica/rock progresivo/medio oriente que puede ir entre Vagabond de Subterranean Masquerade y temas menos metaleros de Orphaned Land para pasar a elucubraciones industriales atmosféricas a lo Samael para luego volver a la percusión, los riffs pesados y cacofónicos, los coros femeninos y la disonancia.

La combinación es aún más compacta que lo logrado por Thank You Scientist, siendo Naiv el disco menos pesado de su carrera, no alcanza las estrindencias de Solefald o The Hirsch Effekt, sino es un viaje extraordinario que incluye sonoridades de Medio Oriente y gitanas con momentos de oscuridad como en el tema Vëto, sobre una poderosa base de industrial europeo que deja una suculenta sensación.

Lo puedes escuchar aquí: https://thycatafalqueuk.bandcamp.com/album/naiv

H.A.Q.Q.


A tu computadora no le falta memoria. Bueno, quizás sí, pero no es por eso que suena así este disco. Liturgy es una banda que podría presentarse como black metal 2.0, si uno hace la analogía con el trap y el rap de Soundcloud o el underground experimental de Bandcamp. Pero en este caso es porque partiendo desde el black metal experimental claustrofóbico y asfixiante que se puede escuchar en bandas como Imperial Triumphant y Car Bomb o cualquier cosa donde toque o produzca Colin Marston, le agregan arreglos electrónicos y sinfónicos desconcertantes.

Esos terribles sonidos que arroja tu computadora cuando falla la memoria, murmullos en forma de ópera de vanguardia como Lingua Ignota y muy raros sonidos de cuerdas, vibraciones asiáticas y teclados son introducidas en el fondo del caótico ruido de avantgarde progresivo que cesa, se interrumpe y alimenta con estas externalidades.

Así vibráfonos, pianos, arpas, hichiriki (oboe japonés), ryūteki ("flauta dragón" japonesa) y un ensamble de cuerdas comparten protagonismo con las guitarras, batería y bajos de pura maldad para juntos hacer sonidos muy brillantes, como un black metal asoleado y brillante, mucho más que el Sunbather de Deafhaven e irremediablemente comparable con Sigh, progresivos y vanguardistas, pero japones y no Nueva York.

No son pequeños arreglos de instrumentos exóticos, es que el metal es por momentos una parte accesoria, circundante y casi periférica para el concepto que incluye completos interludios con estos instrumentos no metaleros, así como principal apoyo en melodías, siendo un ingrediente homogéneo de las agudísimas armonías. Así los arreglos de arpa suenan al mismo volumen que la batería, por ejemplo.

Y si lo que hace Paladin o Stormlord al combinar black metal con power metal o lo que hace Aetheria Conscientia con su black metal jazz cósmico es señal de una nueva época, definitivamente hay un nuevo género exploratorio en lo que hace Liturgy, con su nombre tradicional y su rareza absoluta para presentar su concepto artístico en la prolífica y bizarra escena de Nueva York, donde también podemos ubicar a Pyrrhon, Woe y Dead Empires.

Por supuesto que hay un genio central, Hunter Hunt-Hendrix. Olvídate de Zeal & Ardor, aquí está la verdadera vanguardia con el black metal deconstruido, con la visión hipster, con el sol pegándote en los ojos para hacer riffs que derritan tu cara añadiendo luminiscentes sonidos que hacen realmente estridente, confuso y horriblemente hermosas melodías.

16 enero 2020

Nijimusi de los japoneses de OOIOO: rock psicodélico experimental para surfear galaxias

El nombre de la banda puede ser un gran adelanto de lo rara o experimental que puede ser. Así pasa con xöxö öxxö y su ópera gótica electrónica metal. En el caso de OOIOO, de la baterista y trompetista YoshimiO de la banda Boredoms es similar.

Con una carrera de seis discos en el que cada uno deconstruyen el rock -me perdonan el posmodernismo- para jugar analógica y digitalmente con sus formas, partes y sonidos. Vale apuntar que Yoshimi fue la artista invitada del disco "Yoshimi battles the pink robots" de los extraños rockeros psicodélicos de The Flaming Lips.



El nuevo disco "Nijimusi" viene después de un silencio de siete años desde Gamel, cuando hicieron música javanesa gameliana usando dos metalófonos, un instrumento folclórico que podríamos comparar con un xilófono, en que el sonido se consigue haciendo percusión sobre una serie de piezas metales. Piensa en las orquestas que acompañaron al Unplugged de Björk para hacerte una idea. Y así hicieron jazz rock.

Volviendo a la configuración básica de dos guitarras, bajo, teclados y batería, crean un repertorio que va desde el post-rock al surf con capas de mucha psicodelia guitarrera pero siempre lo-fi con su filosofía de "sacarle sonidos a los instrumentos" desde un enfoque primitivista. Sin obligarse a ninguna técnica.

Gracias a su nueva batería también tienen una gran sabor a jazz en cada tema mientras tienen momentos de pura experimentación incidental (como el disco raro instrumental de Revés de Café Tacuba) en que los ruidos blancos, sonidos aislados, gritos, murmullos y atmósferas electrónicas toman poder mental del oyente.

Siempre con una estética lo-fi y vintage, con distorsión mínima y sin estridencias sino manteniendo las cosas simples, piensa en la banda The 5.6.7.8 en la película Kill Bill o el trío también japonés Tricot, se pasean por el electrorock y el rock progresivo dentro de una misma canción junto a los elementos ya citados.

Con ocho temas para llenar de sonoridades desquiciadas, con base en el indie rock y lo experimental, OOIOO llega a lo mejor de su disco en los tres últimos temas con una visión más épica: temas de 8 a 11 minutos, uno de ellos con el largo nombre de "Walk For “345” Minutes, While Saying “Ah Yeah!” With A “Mountain Book” In One Hand, Until A Shower Of Light Pours Down" con sonoridades más cerca del surf rock, el post-punk y el pop-jazz vocal sin dejar de agregar raros e incidentales sonidos de funk cósmico, vientos sintéticos y alucinantes arreglos de guitarra y bajo.

¿Quieres más? El disco termina con una gran sección de instrumentos de viento que inicia suave, apenas como un agregado para terminar en solos vocales similares a lo que hizo Björk en Medulla.

En Deezer lo escuchas aquí https://www.deezer.com/es/album/121899362