De lo más retador últimamente en la verificación. Se cree en la imagen de IA de Delcy condecorando al director de la CIA pero se duda de la veracidad de un artículo “supuestamente” de un medio, aunque el enlace es a la página web del medio citado, altamente conocido.
No es poca cosa. La imagen cumple con tus sesgos, prejuicios y deseos: indignación. No ves las banderas rojas, es además verosímil con la situación actual, pero eso no hace que algo haya pasado. Que algo pudiese haber pasado, no significa que lo hiciera. Parece obvio pero resulta que no lo es, las cosas que pasaron, pasaron, se hayan podido suponer o no. Al contrario, pasan muchas cosas inimaginables, disruptivas o inesperadas, mientras dejan de pasar las que eran segurísimas y esperables.
Incluso me dicen: quizás la reunión ni siquiera existió. Aunque sí sucedió, siendo documentada por fuentes diversas y disímiles entre sí. Es una defensa: quizás es que todo es mentira, no que yo pueda ser engañado por una imagen. Muy humano, demasiado humano, pero como dije arriba, el pasado no cambia y los hechos no se alteran porque uno está más o menos informado.
Entonces hay un doble daño, porque le quitas credibilidad a lo que debería generar consenso y confianza.
Por eso todos los días a los verificadores nos preguntan si algo es cierto cuando tiene señales de veracidad, y nos brincan cuando es falso, si coincide con sus emociones. Ya vimos las fotos falsas de Maduro detenido rodando por todas partes. Ni una vez me preguntaron por ellas, pero 100 veces sobre la verdadera. Que si apretó la botella, que esa no es la cuenta de Trump en X y así.
Dudar de la verdad, creer en la mentira.
Por eso tanto preguntarle a Grok sin entender que es un procesador de la información (verdadera o no, acertada o no, ya existente, no analiza, no comprende, no piensa), que se equivoca, miente y puede ser más rápido, pero no mejor que tu búsqueda manual.
Las audiencias, y esto de nuevo es muy humano, quiere confirmación, no veracidad.
Parece obvio, pero después del trauma de lo vivido tras 27 años de dictadura, de los populistas de derecha que se viralizan y de la depresiva pobre respuesta de la izquierda global, junto a la desinformación, muchos venezolanos confunden la democracia con elecciones libres que nunca ganaría el chavismo, y un nuevo régimen en el que todos los líderes chavistas van a la cárcel a ser torturados y se les prohíbe existir en política.
Pero lo dijo Guanipa antes que los memes afectaran la salud mental de los opresores: la democracia debe ser el gobierno de la mayoría con respeto de las minorías. Y hoy el chavismo es minoría.
Algunos lo criticaron por eso: quieren solamente venganza, que no trae paz, sino resentimiento y nuevas venganzas. La democracia no está en su mejor momento global. Las instituciones multilaterales han fallado, el relativo político y moral es manipulado a conveniencia en redes sociales, mientras hemos perdido el consenso sobre el orden global de respeto y cooperación.
Para Venezuela no hablo de olvido ni impunidad. La justicia implica verdad, reparación y no repetición. Porque el país deberá seguir siendo democrático para nuestros bisnietos. Pero hay desilusión. Con la ONU, con la Corte Penal Internacional, con todo lo que no fueron soldados americanos que se llevaron arrestado a Maduro en una operación de Hollywood.
Decenas de expertos coinciden en las palabras pero no el significado: para volver a invertir en Venezuela, falta institucionalidad. Y eso implica no sólo elecciones limpias, sino continuas. No una elección presidencial, sino que se hagan las elecciones que cada vez que toquen, siempre, con estabilidad y seguridad. No cuando convenga a quienes gobiernan.
Pero tampoco una dictadura de derecha, sino democracia, porque algunos creen que eso es para países libres o que funcionan. Es al revés, no hay ejemplos de gobiernos exitosos sin democracia liberal ni sus instituciones.
Eso implica que puedas disputar conflictos en un tribunal, en lugar de tener que pagarle sobornos a alguien o que un funcionario te extorsione. Que tengas libertad de prensa y expresión, lo que incluye criticar y quejarse, incluso burlarse del gobierno.
Porque retornar a la democracia no es sólo sustituir el chavismo, aunque sea pre-requisito, sino ir a un sistema que permita la libre expresión de las ideas y la disidencia política. Que tenga poderes independientes, equilibrados e institucionales.
No de derecha, no anti-chavistas, sino institucionales, regido por la ley y el orden jurídico. Lo que implica que el gobierno también está sometido a control, revisión y corrección.
No es eliminar partidos, sino que no sea posible que uno solo arrope todo sino que puedas militar o crear uno, si quieres.
Ayer leía críticas a la aparición de banderas de partidos políticos en la marcha del 12F. Parecen ignorar de dónde salen los liderazgos universitarios. Parecen ignorar la necesidad y el fruto de la formación política como expresión de quienes aspiran al poder.
Hay que decirlo, el chavismo sigue en expresiones de quienes dicen oponerse al gobierno. Por ejemplo, Chávez siempre satanizó los partidos.
Primero los que gobernaron antes que él, cuando se inventó lo de la IV República (que respondía al nombre y narrativa de su partido recién creado, el Movimiento V República).
Luego con el PSUV y con el Gran Polo Patriótico, quiso devorarse a todos los de izquierda, a los históricos y a los nuevos.
Quienes se opusieron a desaparecer fueron sometidos por el dúo maligno del TSJ/CNE secuestrados, quien se robó las siglas y los símbolos de los chavistas primero, y de los opositores después.
Nacieron las versiones chimbas de partidos nuevos y viejos, opositores y chavistas, que conocemos como los “intervenidos” y los “alacranes”, por haber traicionado a los suyos.
Y claro que hay que responsabilizar a los líderes político, a cada uno por su mala actuación, pero eso no pasa por destruir a los partidos políticos. Ni declararse anti-político (que termina siendo un eslogan de los nuevos liderazgos populistas, pero con partidos propios).
Quizás por eso algunos quieren eliminar el comunismo, pero es que eso ya sucede hoy.
El Partido Comunista está hoy proscrito por el chavismo, que se lo robó y se lo entregó a leales del PSUV por negarse a someterse. Entonces no es por allí que van los tiros de la democracia, si el chavismo hace lo que algunos aspiran para el futuro de Venezuela.
Caldera ganó su segunda presidencia con el apoyo de COPEI y el Partido Comunista. Teodoro Petkoff y otros ex-comunistas y socialistas estuvieron en el gobierno antes del chavismo. Fueron malos gobiernos, pésimos en algunas cosas, pero no migró el 30% de la población ni hubo inflación de 1.000.000% al año con decenas de miles de presos políticos, exiliados, perseguidos, inhabilitados, arrestados, muertos y heridos por ser opositores.
Otros van con la discusión bizantina de si comunismo y socialismo es lo mismo. Hay que combatir es el totalitarismo, que también tiene forma de fascismo y de nazismo (y no, no fue ni es un movimiento de izquierda, sino es de ultra derecha: racista, anti-migración y anti-gay). No más ultrismos. No más extremismos. No más relativismos morales.
A principios de febrero, María Corina Machado se reunió con el expresidente polaco y ganador del Nobel de la Paz, Lech Walesa, al que llamó “héroe de su juventud” al que le escribió una carta hace décadas, por pura admiración. A un sindicalista socialista.
Quizás por eso leemos algunos “radicales” que también se oponen a toda la oposición e incluso a ella. De nuevo, la anti-política que ayer trajo a Chávez y sus amigos en Latam, que hoy tiene la cara de Bukele, Milei y Bolsonaro. Y que detrás de sus avatares me hacen dudar si son realmente opositores, sino trolles del chavismo estatal.
Que no gobierne el pensamiento único, ninguno. Ni el woke ni el anti-woke. Quiero una democracia que se aleje del totalitarismo que primero se pinta de salvador y al final encarcela, persigue, acosa y prohíbe. Del que se alimenta de desinformación, de teorías de conspiración, de ataque al otro.
Quiero ir más allá. Aspiro a un sistema democrático en el que incidan distintos factores en la sociedad en la toma de decisiones. Que los partidos y los políticos tengan vasos comunicantes con ONGs, empresarios, grupos organizados y otras fuerzas vivas que puedan llevarlo a las instituciones. Que se consulte, debate, pregunte y pula cada proyecto con el aporte colectivo, aunque haya directrices políticas, no sean ni excluyentes ni sordas.
No más suerte ganando la próxima vez.
Qué perder elecciones no sea ostracismo, que puedas oponerte y criticar libremente, sin temor por tu existencia.
Democracia no es que sólo gobierne la derecha sino que más nunca nadie se apropie de la vida social y política.
Que no vuelva lo que pasó no es proscribir, es que los mecanismos institucionales no permitan que nadie se apropie del país por tener pico de plata. No más mesías, sino servidores públicos sometidos a la contraloría ciudadana.
Que al TSJ, al CNE, a la Fiscalía, a la Defensoría del Pueblo, a la Contraloría y la Procuraduría vayan expertos, académicos, profesionales experimentados y no legales al presidente que desvirtúan su función. Que los mejores tengan el sueño de servir públicamente.
Unos han hablado por años de “gerentes” en vez de políticos. Pero el Estado no funciona como una empresa privada. Hay que dejar de repetir esa falsedad sexy.
Implica habilidades distintas. Un gerente para el Metro, para SIDOR, para administrar el funcionamiento de una alcaldía quizás, pero la política requiere otras habilidades. El consenso, el diálogo, “la guerra por vías pacíficas”, el arte de los imposibles. La política es liderazgo, tomar decisiones muy difíciles y recordar porqué se necesita: seguridad, transporte, justicia, parques públicos, desastres naturales, programas sociales para quienes ni el mercado ni el voluntariado tiene respuestas.
Quiero una democracia, por tanto, intolerante a la corrupción y a los ataques al sistema democrático. Abierta al diálogo, el debate y la discusión sanas, pero no al discurso de odio ni a la demolición del consenso.
Quiero democracia, no sólo para mí, ni para los que sufrimos 27 años, no para hoy. Quiero democracia más larga, para hijos, nietos, bisnietos y la Venezuela que nunca veremos.
Democracia de alternancia del poder de forma pacífica, de la diversidad, de la paz de saber que cada gobierno, el peor o el mejor, se irá y vendrá otro, continuando la deliberación para el mejor destino posible.
En las redes sociales cualquier debate es polarizante. Y el algoritmo es perversamente provocador.
Debatir si la latinidad es caribeña, amazónica, andina y/o sureña, según ciudad, país e incluso persona, deriva en ataques, insultos y lo peor: suposiciones.
No hay grises.
Entonces a pesar de las Miles de opiniones, te aparecen las más rabiosas: los que detestan o se ofenden porque se generaliza lo latino como caribeño.
Los que gritan que los demás son aburridos, grises, apagados, envidiosos, tontos.
Aquellos insultos más creativos o hirientes.
Lo que vemos es lo que el algoritmo sabe que nos hace crisparnos, burlarnos, discutir o compartir más. Lo extremo.
Claro, es más fácil ser políticamente incorrecto y pasarse la ética por el Arco del Triunfo en línea, más desde el anonimato o una cuenta privada, pero no es exclusivo ni es el único problema.
Es la cultura del linchamiento. Unos hablan de generaciones delicadas o endurecidas, para lo bueno y lo malo. Algunos muy insensibles, otros demasiado sensibles.
Debemos hablar entonces de prejuicios, guerras culturales, populismo y teorías de conspiración, y cómo tantos creemos que no son opiniones sino hechos. Y ya ves, nos desviamos de hablar de Bad Bunny.
La producción petrolera inició en Venezuela en 1914, con la perforación del Pozo Zumaque en Mene Grande, estado Zulia, en el centro occidente del país, frente al Mar Caribe y frontera con Colombia. Sin embargo, las concesiones a empresas extranjeras empezaron en 1922. El desarrollo tecnológico e industrial del país fue rápido, convirtiendo a un país agrícola en una joya global de los hidrocarburos.
Para 1929, el país ya era el segundo mayor productor del mundo y el mayor exportador del mundo, superando en ambos casos a Estados Unidos. Esa velocidad de acción tomó fuerza cuando en 1960, ya en los primeros años de la democracia en la que Hugo Chávez fue electo 39 años más tarde, el político venezolano Juan Pablo Pérez Alfonzo, “el padre improbable del poder árabe” como tituló The New York Times, impulsó la creación de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).
Después de varios decretos que entregaban bienes y equipos de las concesionarias a la República de Venezuela, el 1° de enero de 1976, el presidente Carlos Andrés Pérez nacionalizó oficialmente el hierro y el petróleo.
Así mismo, se creó Petróleos de Venezuela, S.A., PDVSA, para la extracción, refinado, distribución y comercialización del petróleo, y las concesionarias recibieron alrededor de mil millones de dólares en compensación.
En 1992, Pérez volvió al poder para superar dos intentos de golpe de Estado por militares alzados que incluían al entonces teniente Hugo Chávez. En su segunda vez en Miraflores Pérez impulsó una serie de medidas económicas y políticas de liberalización de precios, junto a un gabinete de tecnócratas, parte de los llamados Chicago Boys.
La decisión de subir el precio de la gasolina, históricamente la más barata del mundo y prácticamente gratuita, con la consecuente subida del precio del transporte público, llevó a manifestaciones generales, incluyendo saqueos que se conoce como El Caracazo y que fueron reprimidas con altísima violencia, produciendo entre decena y cientos de muertos, según diversas fuentes.
Muchos analistas e historiadores califican El Caracazo como el germen del chavismo, debido al rol coordinador de las organizaciones subversivas de izquierda ante el descontento ciudadano. Entre estas estaba la Liga Socialista, de la que Nicolás Maduro fue militante. Esa organización fue fundada por Jorge Antonio Rodríguez, quien falleció tras ser detenido y torturado por las fuerzas de seguridad del Estado, y quien es el padre de Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, y Delcy Rodríguez, presidenta encargada de Venezuela tras la captura de Maduro el 3 de enero de 2026.
Y es que el petróleo tiene un papel preponderante en la historia política y económica del país, produciendo al menos tres escenarios de “enfermedad holandesa”. En Venezuela es muy famoso un editorial de 1936 llamado “Sembrar el petróleo” de Arturo Úslar Pietri, que pedía usar los petrodólares para diversificar la economía. Nunca se hizo, y por tanto también es famoso el calificativo de “excremento del diablo” de Pérez Alfonzo, por la inmensidad cantidad de petróleo que lo ahogaba todo, aún un año antes de su nacionalización.
El país caribeño apenas ha desarrollado su industria turística, su parque industrial o invertido en investigación y desarrollo, impulsando inmensos subsidios a la educación, la salud y los servicios públicos, pero esa abundancia de recursos también se ha visto manchada por la malversación y la corrupción, que en la era del chavismo llevó a escándalos y purgas políticas internas como el caso PDVSA–Cripto que llevó a la cárcel al antes poderoso ministro Tareck El Aissami y decenas de gerentes encarcelados, acusados también de traición.
Esta infraestructura petrolera, a datos de 2018, también incluye entre 3 mil y 4 mil kilómetros de oleoductos en 42 sistemas de distribución, 16 terminales de embarque, otros 3 mil kilómetros de gasoductos (aunque oficialmente PDVSA cita 12 mil kilómetros) y 153 plantas de compresión de gas con más de 570 compresores, cuyo estado de funcionamiento está en duda. Además de seis grandes refinerías en territorio nacional.
No es sólo un dato curioso. El portal especializado Global Gas Flaring Reduction Partnership (GGFR) revela que, en 2024, se quemaron 8,3 millones de metros cúbicos de gas natural en Venezuela, lo que lo convierte en el quinto del mundo detrás de Rusia, Iraq, los Estados Unidos e Irán, pero con tres de los diez mayores focos de gas flaring del mundo.
Pero la pérdida total de gas metano, por ventilación o escapes alcanza los 13 millones de metros cúbicos, una cifra tan inmensa que “puede verse desde el espacio”. Un artículo de Bloomberg Green advierte que aunque el metano desperdiciado, 60 veces más contaminante que el CO2, representa el 25% del producido en Venezuela, el índice más alto del mundo, puede valer 1.400 millones de dólares.
Eso sí, PDVSA ya ha superado dificultades. En 1976 recibió una industria disminuida porque los concesionarios abandonaron la perforación y el mantenimiento, logrando una resurrección basada en su capital humano. Después, durante la “Apertura” de los 90, con el cambio de leyes que permitió el regreso de las inversiones extranjeras en las llamadas “asociaciones estratégicas”, la producción superó los 3,5 millones de barriles diarios.
En esa época también alcanzó la internacionalización, con activos y oficinas en Europa, Estados Unidos y El Caribe, así como la compra de refinerías y CITGO, la red de gasolineras y refinerías más grande de Estado Unidos, pero que por años ha estado en peligro de ser subastada por las deudas provenientes de juicios internacionales perdidos por las nacionalizaciones ordenadas y no pagadas por el gobierno de Chávez.
Así mismo, el exministro de Petróleo, Rafael Ramírez, hoy en el exilio, por el que pesan diversos casos de corrupción, dice que el control estadounidense de los fondos provenientes de la venta del petróleo es “irregular e insostenible” porque el 90% de los ingresos de la Nación provienen del petróleo, por lo que se pregunta cómo se sostendrán los gastos corrientes del Estado, como el pago a los empleados públicos.
Esto se ratifica al consultar tanto el Observatorio como el Atlas de Complejidad Económica de la Universidad de Harvard, que revela cómo la exportación de petróleo crudo y derivados ocupan la mayor parte de la economía venezolana, aún con las restricciones de las sanciones económicas impuestas por EEUU desde 2017, que irónicamente sigue siendo el principal receptor de estas importaciones de hidrocarburos.
Ramírez asegura que hay conocimiento e infraestructura para la recuperación, pero cifra la cantidad de pozos en solo 12 mil. “Si el dinero entra al país y hay socios que trabajen con nosotros, la industria se recupera en pocos años”. Pero insiste que la incertidumbre y falta de reglas claras ahuyenta la inversión, por lo que pide por un transición con distintos factores políticos y el respeto a la soberanía expresada en la Constitución.
Ahora la presidenta encargada habla de 300 millones de dólares que entrarán por medio del Banco Central de Venezuela (BCV) a bancos privados. Una inyección que casi cuadriplica la última vez que hubo intervención bancaria, mientras la tasa cambiaria paralela o de mercado negra sigue bajando con los días.
Lo hace casi al mismo tiempo que anuncia una nueva modificación de la Ley de Hidrocarburos para permitir inversiones extranjeras sin que la estatal PDVSA sea dueña de todo el petróleo, con el anuncio de la primera venta de gas licuado de la historia y con la posibilidad del regreso de petroleras, la embajada de Estados Unidos, el FMI y el Banco Mundial, para la recuperación del sistema eléctrico, de salud, vivienda y educación, presuntamente por medios de fondos soberanos y/o cuentas administradas por Estados Unidos, producto de la venta de petróleo, gas y derivados.
Venezuela tiene pendiente la diversificación de su industria, aprovechar su ingenio local, la ubicación geográfica y pasar de un mero exportador de materias primas y de importador de productos, a la ansiada Tierra de Gracia de inventiva, innovación y prosperidad, que no excluye la industria de los hidrocarburos pero no puede quedarse allí.
Oil production began in Venezuela in 1914 with the drilling of the Zumaque Well in Mene Grande, Zulia State, in the central-western part of the country, facing the Caribbean Sea and bordering Colombia. However, concessions to foreign companies began in 1922. The country’s technological and industrial development was rapid, transforming an agricultural country into a global hydrocarbon gem.
By 1929, the country was already the world’s second-largest producer and largest exporter, surpassing the United States in both cases. This rapid pace gained momentum in 1960, in the early years of the democracy in which Hugo Chávez was elected 39 years later, when Venezuelan politician Juan Pablo Pérez Alfonzo, “the unlikely father of Arab power” as The New York Times called him, promoted the creation of the Organization of Petroleum Exporting Countries (OPEC).
After several decrees handing over assets and equipment from concessionaires to the Republic of Venezuela, on January 1, 1976, President Carlos Andrés Pérez officially nationalized iron and oil.
Likewise, Petróleos de Venezuela, S.A., PDVSA, was created for the extraction, refining, distribution, and marketing of oil, and the concessionaires received approximately one billion dollars in compensation.
In 1992, Pérez returned to power to overcome two coup attempts by rebellious military officers, including then-Lieutenant Hugo Chávez. During his second term in Miraflores, Pérez promoted a series of economic and political measures to liberalize prices, together with a cabinet of technocrats, part of the so-called Chicago Boys.
The decision to raise the price of gasoline, historically the cheapest in the world and practically free, with the consequent rise in the price of public transportation, led to widespread demonstrations, including looting known as El Caracazo, which were suppressed with extreme violence, resulting in between tens and hundreds of deaths, according to various sources.
Many analysts and historians describe El Caracazo as the seed of Chavismo, due to the coordinating role played by left-wing subversive organizations in response to public discontent. Among these was the Socialist League, of which Nicolás Maduro was a member. That organization was founded by Jorge Antonio Rodríguez, who died after being detained and tortured by state security forces, and who is the father of Jorge Rodríguez, president of the National Assembly, and Delcy Rodríguez, president in charge of Venezuela after Maduro’s capture on January 3, 2026.
Oil plays a predominant role in the country’s political and economic history, producing at least three scenarios of “Dutch disease.” In Venezuela, a 1936 editorial called “Sowing Oil” by Arturo Úslar Pietri is very famous, calling for the use of petrodollars to diversify the economy. This was never done, and therefore Pérez Alfonzo’s description of oil as “the devil’s excrement” is also famous, due to the immense amount of oil that was drowning everything, even a year before its nationalization.
The Caribbean country has barely developed its tourism industry or industrial park, nor has it invested in research and development, promoting huge subsidies for education, health, and public services. but this abundance of resources has also been tainted by embezzlement and corruption, which in the Chavez era led to scandals and internal political purges such as the PDVSA-Cripto case that sent the once powerful minister Tareck El Aissami and dozens of managers to prison, also accused of treason.
The greatness of PDVSA
When PDVSA was created in 1976, there were 333 oil wells in Venezuela. They produced 2.3 million barrels of oil per day, of which 984,000 were refined, occupying just 60% of installed capacity. Today, it has between 18,000 and 15,000 active oil wells, with a production capacity of between 20,000 and 30,000 barrels per day, equivalent to 60 years of 2 million barrels per day, as well as very long-term production potential.
This oil infrastructure, according to 2018 data, also includes between 3,000 and 4,000 kilometers of oil pipelines in 42 distribution systems, 16 shipping terminals, another 3,000 kilometers of gas pipelines (although PDVSA officially cites 12,000 kilometers), and 153 gas compression plants with more than 570 compressors, whose operational status is in doubt. In addition to six large refineries in the country.
So, in addition to the largest oil reserves, amounting to 300 billion barrels, the great potential today lies in the existing infrastructure, which is now dilapidated and abandoned, but which includes what was once the largest single source of gas flaring in the world.
This is not just a curious fact. The specialized website Global Gas Flaring Reduction Partnership (GGFR) reveals that, in 2024, 8.3 million cubic meters of natural gas were burned in Venezuela, making it the fifth largest in the world behind Russia, Iraq, the United States, and Iran, but with three of the ten largest gas flaring sites in the world.
But the total loss of methane gas through venting or leaks reaches 13 million cubic meters, a figure so immense that “it can be seen from space.” An article in Bloomberg Green warns that although wasted methane, which is 60 times more polluting than CO2, accounts for 25% of Venezuela’s production, the highest rate in the world, it could be worth $1.4 billion.
However, PDVSA has already overcome difficulties. In 1976, it inherited a depleted industry because concessionaires had abandoned drilling and maintenance, but it managed to revive itself based on its human capital. Later, during the “Apertura” of the 1990s, with the change in laws that allowed the return of foreign investment in so-called “strategic partnerships,” production exceeded 3.5 million barrels per day.
At that time, it also achieved internationalization, with assets and offices in Europe, the United States, and the Caribbean, as well as the purchase of refineries and CITGO, the largest network of gas stations and refineries in the United States, but which for years has been in danger of being auctioned off due to debts from international lawsuits lost over nationalizations ordered and not paid for by the Chávez government.
Despite the mass layoffs of workers in 2001, the expropriation of foreign companies, and the politicization of the company, which still has 135 former oil workers in prison for reporting irregularities at PDVSA, in December 2013 it was still producing 2.32 million barrels per day.
Today, the challenge is to increase production from the 830,000 barrels per day produced in December 2025.
Dutch disease, again?
Similarly, former Oil Minister Rafael Ramírez, now in exile and facing several corruption charges, says that US control of funds from oil sales is “irregular and unsustainable” because 90% of the nation’s revenue comes from oil, raising questions about how the state’s current expenses, such as payments to public employees, will be sustained.
This is confirmed by both the Observatory and Harvard University’s Atlas of Economic Complexity, which reveals how exports of crude oil and derivatives account for the largest share of the Venezuelan economy, even with the restrictions of the economic sanctions imposed by the US since 2017, which ironically remains the main recipient of these hydrocarbon imports.
Ramírez assures that there is knowledge and infrastructure for recovery, but estimates the number of wells at only 12,000. “If money enters the country and there are partners working with us, the industry will recover in a few years.” But he insists that uncertainty and the lack of clear rules scare away investment, which is why he calls for a transition with different political factors and respect for the sovereignty expressed in the Constitution.
Now the acting president is talking about $300 million that will flow through the Central Bank of Venezuela (BCV) to private banks. This injection is almost four times the amount of the last bank intervention, while the parallel or black market exchange rate continues to fall with each passing day.
She is doing so at almost the same time as announcing a new amendment to the Hydrocarbons Law to allow foreign investment without the state-owned PDVSA owning all the oil, with the announcement of the first sale of liquefied gas in history and the possibility of the return of oil companies, the US embassy, the IMF, and the World Bank, for the recovery of the electrical, health, housing, and education systems, presumably through sovereign funds and/or accounts administered by the United States, as a result of the sale of oil, gas, and derivatives.
Venezuela needs to diversify its industry, take advantage of its local ingenuity and geographical location, and move from being a mere exporter of raw materials and importer of products to becoming the long-awaited Land of Grace, characterized by inventiveness, innovation, and prosperity. This does not exclude the hydrocarbon industry, but it cannot stop there.
Estaba despierto cuando pasó. Veíamos uno de los vídeos de Traumas de Nacho Redondo. Entonces explotaron -nunca mejor dicho- las notificaciones de mi teléfono. “Algo está pasando” le dije a Aruska cuando en medio de la madrugada tenía decenas de mensajes en el chat de trabajo. “Parece que están bombardeando Caracas” dije aún entre incrédulo y preparado para saltar de la cama a la laptop.
No dormí hasta las 9 AM, más o menos. Hasta de Community Manager estuve tratando de informar tanto como fuese posible. Cuando salió la foto oficial del arresto de Maduro, todo cambió, empecé a ver y leer celebración, alegría y sorpresa. Yo me quedé con esta última, no terminaba de sentirme dichoso, mucho menos eufórico. Desde entonces como y duermo de forma desordenada, trabajando, leyendo y publicando tanto como sea posible.
Después de escuchar la primera rueda de prensa de Trump, la alegría cautelosa se encogió al mínimo. Muchos estaban en negación, hablaron de mala traducción -como si hubiesen hablando en vasco o arameo- o que se confundió, que estaba hablando de la vicepresidenta Machado. Luego Rubio reiteró y poco después se confirmó: Delcy fue la elegida, por unos y otros, para proseguir en este camino pedregoso de la gobernabilidad, la transición ordenada y la continuidad. Incluso se cree que fue parte importante de la operación: lo vendió, se cuadró, negoció. Con su hermano.
Porque ella sería más dócil, menos republicano y cuasi-democrática, sí, pero también porque ella está en el poder -Rubio insistió luego en eso para explicar porqué no se llevaron a nadie más- y en control de armas y petróleo. Los gringos han aprendido que si arrasan con todo, se abre un descampado de rebeldes, guerrillas y necesidades acuciantes. No es lo mismo protestar por apagones y agua con un gobierno nuevo, reluciente y opositor que a los mismos de ayer.
Hace falta orden para reconstruir, reparar y levantar. No necesariamente democracia. Dictadores latinoamericanos desarrollistas lo demostraron: carreteras, hospitales y grandes obras, con represión, censura y partido único. Lo han hecho así en China y Rusia.
Trump se llevó a Maduro y no trajo democracia, ni siquiera dijo la palabra en su rueda de prensa. Le quitó el piso político a María Corina Machado y aseguró que nos gobernaría con un equipo que incluía a los presentes, jefes de la CIA, el FBI, el Departamento de Estado.
Se dispararon las alarmas, nos preocupamos y hasta entristecimos, aunque otros aún celebraron que parecía un cambio aceptable, petróleo por libertad. Pero en el país en el que históricamente el 95% de los ingresos son por venta de hidrocarburos, no es fácil decir eso: ni siquiera por soberanía o independencia. Sin petróleo, no hay economía venezolana. Deberíamos vivir del turismo, de importar camarones, del ingenio venezolano pero no ha pasado en cifras suficientes. El chocolate y el ron tampoco alcanzan.
Así que mi alegría chiquitica recibía más matices: los 40 muertos reportados por el NYT. Los 25 que se conocieron luego. Entonces llega el remate, porque Trump no va a llevarse a nadie más, ni a Diosdado ni a Padrino y al contrario, ungió a Delcy.
Soy de los que ha criticado a Bukele, Milei y Trump, defendido los derechos humanos como principio y repetido que por gobernabilidad, dudada de una intervención militar, pero que si pasaba no era para poner a la oposición a gobernar. Que estaban en juego muchas variables: el ELN, las disidencias de las FARC, los colectivos, el tamaño del territorio, las facciones del poder del PSUV, y que no habría un operativo para llevárselos a todos, que había que tragarse sapos, un gobierno de coalición y/o una transición lenta y concertada. Es innecesario poner aquí las respuestas sobre estas ideas, que son menos complacientes que “ojalá vengan y se los lleven a todos, los quiero ver en bragas anaranjadas”.
Bombardearon Caracas, incluyendo antenas en El Hatillo y el IVIC, hay daños colaterales, incluyendo civiles. No fue una masacre pero por años hemos reclamado sobre cómo el chavismo fue una máquina bestial de tortura, muerte y persecución que disparó, arrolló y asesinó estudiantes, manifestantes pacíficos y activistas sociales sin contemplación, pero la respuesta no puede ser el ojo por ojo. Como con los DDHH, no podemos elegir cuando se aplica el Derecho Internacional y cuando no, si Rusia invadió ilegalmente Ucrania, si Israel realizó un genocidio en Palestina, no vino Trump a salvar a nadie a plomo en Venezuela.
Y no me estoy yendo al lado de los que firmemente rechazan la intervención militar, pero tampoco la pinto como la épica salvadora. Hay que matizarlo, porque celebramos el arresto de Nicolás pero no hay como celebrar la muerte de 18 soldados menores de 25 años. Nunca estuve del lado de “tiene que correr sangre” ni de “tiene que morir mucha gente”. No tengo una opción perfecta, pero siempre he creído que se dice fácil.
Me queda es una expectativa más bien fría, con pocas esperanzas. Y yo soy un optimista, pero me la pusieron difícil.
Lo que viene es difícil de predecir, es fácil decir que uno “ya sabía” pero yo nunca leí ni escuché a nadie decir que se llevarían a Nicolás y dejarían a todos los demás. ¿Podrá Delcy sacarle el cuerpo a Irán, China, Rusia y Cuba mientras brinda concesiones y facilidades a EEUU sin perder la retórica revolucionaria?
¿Apostará por una repolitización lentica con algunos opositores en el terreno? Desde el 5 de enero son diputados a la Asamblea Nacional personas como Stalin González y Henrique Capriles. ¿Saldrán los presos políticos o habrá nuevos? ¿Se enfrentará a facciones internas que sigan apoyando realmente a Maduro o apostará por purgas internas? ¿O acaso se va a atrincherar y rebelar enfrentándose a Trump después que vimos que no estaban listos para defenderse, ni responder ni apenas prestar resistencia?
Son demasiadas preguntas, y no porque hay ocultamiento o mentiras, sino porque predecir en Venezuela es un ejercicio fatuo. Tú dices algo y en tres semanas cambia todo.
Esto lo escribo en la noche del 4 de enero, y podría envejecer mal, pero es lo que tengo hoy.
A raíz de la aplastante victoria de José Antonio Kast, del Partido Republicano y de ideología de extrema derecha, en la segunda vuelta presidencial de Chile, así como un reportaje de la DW sobre las consultas a Chat GPT de parte de los votantes más jóvenes para decidir su voto del domingo 14 de diciembre, me pregunté, ¿cuáles son los perfiles de los tres candidatos punteros en las encuestas, para finales de noviembre de 2025, para las presidenciales en Colombia según este chatbot?
Esto además resulta relevante porque leo varios analistas diciendo que la izquierda en Chile se quedó muy atrás en la presencia en redes sociales, que ahora no sólo incluye ser divertido o rompedor en TikTok, tener una buena presencia en Instagram o tener una estrategia específica para X y Facebook, Whatsapp y Telegram, sino hablarle a los distintos estratos sociales y grupos de edad, sino una huella digital que impacte en los chatbots.
Y esto va desde tu entrada de Wikipedia, hasta los foros de Reddit y los perfiles que hagan de ti en los principales medios de comunicación de Estados Unidos, según las distintas revelaciones sobre las fuentes más usualmente usadas para alimentar las bases de datos de las más populares herramientas de IA.
Así que voy a preguntarle a Chat GPT y consultaré varias otras fuentes externas, a ver cómo les va a cada uno. Usaré el siguiente prompt: “Quiero que te comportes como un experimentado analista político y electoral, especializado en Colombia, con énfasis en presencia y huella digital, análisis de tendencias en redes sociales, estrategia y marketing político”.
“Hazme un perfil, con luces y sombras, fortalezas y debilidades sobre presencia digital y en redes sociales, así como visibilidad para chatbots de IA de los candidatos Iván Cepeda, Sergio Fajardo y Abelardo de la Espriella”.
— — Respuestas — —
1. Iván Cepeda — Candidato del Pacto Histórico
Resumen de presencia digital Iván Cepeda es una figura con amplia trayectoria política y activismo en Colombia. Su presencia digital combina perfiles institucionales, narrativas de derechos humanos y una actividad constante en redes políticas como X (antes Twitter) y Facebook. Su perfil en Instagram como “@ivancepedacastr” presenta seguidores significativos en comparación con otros aspirantes, aunque con menor crecimiento que figuras más mediáticas de tendencia general. Instagram+1
Fortalezas
Alto nivel de interacción política en redes clave: Según informes de tracking digital, Cepeda registra cifras destacadas de interacción en plataformas como X, una red clave para debate político, superando a múltiples actores de la contienda. infobae
Coherencia narrativa con su trayectoria política: Su comunicación digital se alinea con su historia de gestión, derechos humanos, paz y justicia, otorgándole consistencia de marca. Iván Cepeda Castro
Base digital establecida: Su presencia en Facebook y X está consolidada con cifras generales de seguidores y actividad, lo que facilita uso de chatbots para enviar contenidos programáticos y explicativos. Portafolio.co
Uso de contenido institucionalizado: El manejo de cuentas oficiales facilita la generación de contenido factual para IA (textos programáticos, datos de propuestas, declaraciones públicas, noticias). Iván Cepeda Castro
Debilidades
Menor presencia en redes de formato audiovisual (por ejemplo TikTok) comparado con otros perfiles emergentes o disruptivos. Su narrativa política densa no siempre encaja con formatos breves y virales exigidos por audiencias jóvenes. El Tiempo
Riesgo de saturación narrativa repetitiva: Al centrarse en temas estructurales (paz, derechos, diálogo), puede perder tracción en conversaciones de alto volumen donde las audiencias buscan claridad en temas cotidianos (seguridad, economía).
Datos públicos menos orientados a formatos IA conversacionales: Su contenido institucional tiende a discursos largos y estructurados, dificultando la extracción de respuestas concisas para chatbots sin procesamiento adicional.
Luces y Sombras
Luz: Alto engagement político y legitimidad digital en discusiones públicas.
Sombra: Dificultad para trasformar esa interacción en narrativas atractivas para públicos jóvenes o segmentados digitalmente.
2. Sergio Fajardo — Candidato del Centro
Resumen de presencia digital Sergio Fajardo cuenta con una presencia digital moderada y en algunos índices de seguidores se ubica entre los candidatos con mayor alcance en Facebook, aunque sus niveles de interacción relativos son más bajos que los de Cepeda o De la Espriella. El Tiempo
Fortalezas
Presencia estable en plataformas sociales tradicionales: Su perfil obtiene cantidades significativas de seguidores en Facebook, lo cual puede favorecer campañas de engagement pagado y segmentación basada en datos demográficos más tradicionales. El Tiempo
Narrativa moderada: Su lenguaje y posicionamiento no polarizante puede adaptarse bien a chatbots diseñados para explicaciones neutrales, educativas y programáticas.
Capacidad de crecimiento orgánico en redes donde la audiencia valora contenido reflexivo más que confrontacional.
Debilidades
Interacción global inferior a competidores dominantes, tanto en términos de volumen como de viralidad de contenido. El Tiempo
Menor visibilidad espontánea en plataformas como TikTok, donde De la Espriella y otros perfiles disruptivos generan más contenido viral. El Tiempo
Marca digital percibida como menos disruptiva: Su personal branding gira en torno a tecnocracia y moderación, que puede limitar resonancia emocional en audiencias digitales masivas.
Luces y Sombras
Luz: Narrativa coherente, eficaz para públicos que buscan explicación programática y policy-driven content (contenido enfocado en políticas públicas).
Sombra: Limitada capacidad de penetración en conversaciones digitales de alto ritmo y menor presencia en formatos audiovisuales emergentes.
3. Abelardo de la Espriella — Candidato independiente / Derecha
Resumen de presencia digital Abelardo de la Espriella muestra una huella digital fuerte y viral, especialmente en Instagram y TikTok, con altos niveles de interacción orgánica en comparación con otros aspirantes. Su perfil “@delaespriella_style” supera los 800 mil seguidores en Instagram, lo que refleja capacidad de conectar con audiencias visuales más amplias. Instagram
Fortalezas
Alto engagement en redes visuales: Es uno de los candidatos con mayor número de interacciones en Instagram y TikTok entre la contienda política actual, lo que indica resonancia con audiencias digitales activas. infobae
Posicionamiento de marca potente: Su narrativa personal, estilo comunicativo emocional y presencia mediática directa facilitan generar contenido viral y recurrente en feeds sociales, lo cual potencia su visibilidad orgánica. infobae
Adopción de formatos multiplataforma: Su uso de Instagram, TikTok y YouTube diversifica sus posibilidades de engagement, favoreciendo chatbots que puedan referenciar múltiples fuentes de contenido audiovisual y textual. infobae
Debilidades
Debate sobre credibilidad y discurso polarizante: Asociaciones mediáticas con casos jurídicos controversiales o narrativas de confrontación pueden limitar la confianza de segmentos moderados y funcionalizar (instrumentalizar, creo que es mejor acá) una narrativa que un chatbot debería modular cuidadosamente para evitar sesgos. Wikipedia
Dependencia de contenido de impacto emocional: La viralidad puede no traducirse automáticamente en fidelización política ni en conversión electoral, especialmente sin estrategias de retención digital a largo plazo.
Riesgo de ruido sobre señal: Los altos índices de interacción orgánica con frecuencia pueden estar impulsados por polarización y reacciones de oposición, no necesariamente por apoyo consolidado.
Luces y Sombras
Luz: Capacidad para generar conversación y visibilidad orgánica masiva en plataformas clave.
Sombra: Narrativas polarizantes que pueden disminuir precisión y neutralidad en sistemas de IA conversacional si no se controlan adecuadamente.
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Conclusión ejecutiva
Iván Cepeda muestra una presencia digital sólida en espacios de debate político y discusión pública, con un perfil adecuado para IA que maneje contenidos programáticos, contextuales y explicativos. Su narrativa debe complementarse con formatos de mayor espontaneidad para aumentar viralidad.
Sergio Fajardo representa una presencia digital estable pero menos disruptiva, con potencial para IA educacional y de profundización temática, aunque requiere una estrategia de amplificación para contrarrestar perfiles más activos.
Abelardo de la Espriella cuenta con la mayor visibilidad orgánica y viralidad en redes visuales, lo que le otorga ventaja en posicionamiento de marca digital, pero su uso para IA conversacional exige curaduría fuerte para evitar sesgos y ruido polarizante.
Ahora las preguntas son (hay muchas más pero basadas en otras preguntas que le hice, algunas encuestas recientes y las experiencias pasadas con Rodolfo Hernández y las propios derrotas de Fajardo)
¿Podrá Fajardo adaptarse a la viralidad algoritmica con mensajes más cortos y frases más claras?
¿Abelardo podrá bajarle al tono y sumar a la derecha más institucional?
Ya el Centro Democrático eligió candidata, Paola Valencia, anunciada el 15 de diciembre de 2025. ¿Qué pasará ahora con la consulta interna de marzo y las elecciones al Congreso? ¿Cuánto pesará la decisión final de Álvaro Uribe?
¿Cepeda podrá atraer al centro, este seguirá siendo un archipiélago, podrá deslastrarse de la imagen negativa de Petro, podrá enlazarse realmente con los empresarios y parte de la derecha?
¿Qué pasará con la desinformación, propaganda negra, la geopolítica (lo más claro, las relaciones con y entre Venezuela y Estados Unidos, pero también Israel/Palestina, Ucrania/Rusia y otros como Cuba, China, Unión Europea? ¿Qué pasa con el voto emocional, el militante, el duro, el votante de centro (más claro que el candidato de centro)?