Estaba despierto cuando pasó. Veíamos uno de los vídeos de Traumas de Nacho Redondo. Entonces explotaron -nunca mejor dicho- las notificaciones de mi teléfono. “Algo está pasando” le dije a Aruska cuando en medio de la madrugada tenía decenas de mensajes en el chat de trabajo. “Parece que están bombardeando Caracas” dije aún entre incrédulo y preparado para saltar de la cama a la laptop.
No dormí hasta las 9 AM, más o menos. Hasta de Community Manager estuve tratando de informar tanto como fuese posible. Cuando salió la foto oficial del arresto de Maduro, todo cambió, empecé a ver y leer celebración, alegría y sorpresa. Yo me quedé con esta última, no terminaba de sentirme dichoso, mucho menos eufórico. Desde entonces como y duermo de forma desordenada, trabajando, leyendo y publicando tanto como sea posible.
Después de escuchar la primera rueda de prensa de Trump, la alegría cautelosa se encogió al mínimo. Muchos estaban en negación, hablaron de mala traducción -como si hubiesen hablando en vasco o arameo- o que se confundió, que estaba hablando de la vicepresidenta Machado. Luego Rubio reiteró y poco después se confirmó: Delcy fue la elegida, por unos y otros, para proseguir en este camino pedregoso de la gobernabilidad, la transición ordenada y la continuidad. Incluso se cree que fue parte importante de la operación: lo vendió, se cuadró, negoció. Con su hermano.
Porque ella sería más dócil, menos republicano y cuasi-democrática, sí, pero también porque ella está en el poder -Rubio insistió luego en eso para explicar porqué no se llevaron a nadie más- y en control de armas y petróleo. Los gringos han aprendido que si arrasan con todo, se abre un descampado de rebeldes, guerrillas y necesidades acuciantes. No es lo mismo protestar por apagones y agua con un gobierno nuevo, reluciente y opositor que a los mismos de ayer.
Hace falta orden para reconstruir, reparar y levantar. No necesariamente democracia. Dictadores latinoamericanos desarrollistas lo demostraron: carreteras, hospitales y grandes obras, con represión, censura y partido único. Lo han hecho así en China y Rusia.
Trump se llevó a Maduro y no trajo democracia, ni siquiera dijo la palabra en su rueda de prensa. Le quitó el piso político a María Corina Machado y aseguró que nos gobernaría con un equipo que incluía a los presentes, jefes de la CIA, el FBI, el Departamento de Estado.
Se dispararon las alarmas, nos preocupamos y hasta entristecimos, aunque otros aún celebraron que parecía un cambio aceptable, petróleo por libertad. Pero en el país en el que históricamente el 95% de los ingresos son por venta de hidrocarburos, no es fácil decir eso: ni siquiera por soberanía o independencia. Sin petróleo, no hay economía venezolana. Deberíamos vivir del turismo, de importar camarones, del ingenio venezolano pero no ha pasado en cifras suficientes. El chocolate y el ron tampoco alcanzan.
Así que mi alegría chiquitica recibía más matices: los 40 muertos reportados por el NYT. Los 25 que se conocieron luego. Entonces llega el remate, porque Trump no va a llevarse a nadie más, ni a Diosdado ni a Padrino y al contrario, ungió a Delcy.
Soy de los que ha criticado a Bukele, Milei y Trump, defendido los derechos humanos como principio y repetido que por gobernabilidad, dudada de una intervención militar, pero que si pasaba no era para poner a la oposición a gobernar. Que estaban en juego muchas variables: el ELN, las disidencias de las FARC, los colectivos, el tamaño del territorio, las facciones del poder del PSUV, y que no habría un operativo para llevárselos a todos, que había que tragarse sapos, un gobierno de coalición y/o una transición lenta y concertada. Es innecesario poner aquí las respuestas sobre estas ideas, que son menos complacientes que “ojalá vengan y se los lleven a todos, los quiero ver en bragas anaranjadas”.
Bombardearon Caracas, incluyendo antenas en El Hatillo y el IVIC, hay daños colaterales, incluyendo civiles. No fue una masacre pero por años hemos reclamado sobre cómo el chavismo fue una máquina bestial de tortura, muerte y persecución que disparó, arrolló y asesinó estudiantes, manifestantes pacíficos y activistas sociales sin contemplación, pero la respuesta no puede ser el ojo por ojo. Como con los DDHH, no podemos elegir cuando se aplica el Derecho Internacional y cuando no, si Rusia invadió ilegalmente Ucrania, si Israel realizó un genocidio en Palestina, no vino Trump a salvar a nadie a plomo en Venezuela.
Y no me estoy yendo al lado de los que firmemente rechazan la intervención militar, pero tampoco la pinto como la épica salvadora. Hay que matizarlo, porque celebramos el arresto de Nicolás pero no hay como celebrar la muerte de 18 soldados menores de 25 años. Nunca estuve del lado de “tiene que correr sangre” ni de “tiene que morir mucha gente”. No tengo una opción perfecta, pero siempre he creído que se dice fácil.
Me queda es una expectativa más bien fría, con pocas esperanzas. Y yo soy un optimista, pero me la pusieron difícil.
Lo que viene es difícil de predecir, es fácil decir que uno “ya sabía” pero yo nunca leí ni escuché a nadie decir que se llevarían a Nicolás y dejarían a todos los demás. ¿Podrá Delcy sacarle el cuerpo a Irán, China, Rusia y Cuba mientras brinda concesiones y facilidades a EEUU sin perder la retórica revolucionaria?
¿Apostará por una repolitización lentica con algunos opositores en el terreno? Desde el 5 de enero son diputados a la Asamblea Nacional personas como Stalin González y Henrique Capriles. ¿Saldrán los presos políticos o habrá nuevos? ¿Se enfrentará a facciones internas que sigan apoyando realmente a Maduro o apostará por purgas internas? ¿O acaso se va a atrincherar y rebelar enfrentándose a Trump después que vimos que no estaban listos para defenderse, ni responder ni apenas prestar resistencia?
Son demasiadas preguntas, y no porque hay ocultamiento o mentiras, sino porque predecir en Venezuela es un ejercicio fatuo. Tú dices algo y en tres semanas cambia todo.
Esto lo escribo en la noche del 4 de enero, y podría envejecer mal, pero es lo que tengo hoy.
Excelente, Jeanfreddy
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