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06 abril 2023

El efecto Dunning-Kruger y la desinformación (o porqué es más fácil opinar sobre la Inteligencia Artificial que definirla)

El efecto Dunning-Kruger, a pesar de las críticas sobre el método y resultados, es una de las razones de porqué somos tan vulnerables en caer, creer y difundir desinformación. Porque muchas veces justamente creemos que no lo es, sino información fidedigna o confiable al coincidir con nuestro constructo social, con la forma en que percibimos el mundo, cómo lo entendemos e incluso cómo creemos que podría mejorar, mantener lo bueno y erradicar lo malo.

Por eso no importa en qué lado, ángulo o acera nos coloquemos sobre la lucha o gravedad del Cambio Climático, el derecho de las mujeres a la interrupción voluntaria del embarazo o aborto, el aumento de los impuestos (o hacerlo a los más ricos) o el servicio militar obligatorio. Estamos convencidos que lo que creemos hace o haría al mundo mejor, y quienes no están de acuerdo con nosotros, lo están porque son tontos, están mal informados, han sido engañados o tienen malas intenciones.

Esto porque solemos confundir opinión con hecho. Así como en la escena de la película Intensamente, que se mezclan las esferas de hechos y opiniones, pero un personaje dice: no importa, son lo mismo. Mientras una opinión es un punto de vista, informado o no, sobre un hecho, real o no. Los hechos son justamente lo contrario: son sucesos o datos incontrovertibles, que va más allá de la opinión. Sin embargo, estamos en tiempos de desinformación (las mal llamadas "fake news") y la polarización exacerbada por algoritmos (de inteligencia artificial, palabra de terror de moda para inicios de 2023).

De eso sabemos más: el cuñadismo en España o las cadenas de Whatsapp de la tía en Latinoamérica. Cómo la desinformación en redes sociales ha abundado al punto que incluso cada quien asegura que es el otro quien cae, nunca soy yo. Me recuerda al semáforo en rojo: yo nunca cruzo, no soy como los demás, bueno, sí a veces lo cruzo pero no es por lo mismo.

Pero volvamos a conceptos. El efecto Dunning-Krueger está establecido como un sesgo cognitivo que nos lleva a sobreestimar la capacidad que tenemos de opinar de forma acertada sobre temas de los que sabemos poco a nada. Los experimentos originales, llevados a cabo en 1999, pero luego continuados y ampliados, revelan que más allá del error estadístico de errar sobre lo que sabemos o no de algo, los seres humanos tenemos la tendencia de opinar, dar nuestro punto de vista o asegurar tener algo que decir sobre hechos de los que tenemos estereotipos, prejuicios o percepciones, pero no suficiente conocimiento.


Este magnífico gráfico que saqué de acá muestra la evolución entre lo que sabemos y lo que opinamos que sabemos. Entonces, claro, cuando no sabemos de verdad nada ni hay mínimas referencias, no puede haber opinión. Sin embargo, eso cambia muy rápidamente, y hay una cima o pico cuando apenas sabemos algo y creemos que sabemos mucho o lo suficiente de un tema. Es claramente uno de esos momentos que uno no puede saber cuánto desconoce de un tema. Yo sólo sé que no se nada.

Entonces cuando empieza a aprender realmente de algo puede ver que el camino es largo, que es algo que no podremos superar y que quizás nunca sepas o domines el tema. Luego viene un curva de aprendizaje en que uno sabe más que el promedio, sabe que con práctica y estudio va ir dominando, entendiendo y aprendiendo hasta llegar al nivel, que algunos dicen que requiere 10.000 horas de experiencia, para ser unos "gurús", "expertos" o "conocedores".

Acá el efecto adquiere el sentido contrario, que a veces es llamado sesgo de falso consenso o de Síndrome del Impostor. Los investigadores notaron que quienes sí conocen mucho de un tema suelen evitar emitir juicios decisivos o que científicos usar términos como "hasta ahora no hay evidencia de eso" o "no se ha podido demostrar lo contrario hasta el momento". Por eso de los temas que sí conoces usas palabras más cuidadosas, dices mucho "depende" o evitas ser tan categórico.

En mis charlas universitarios doy un ejemplo claro de esto. Les digo que escribiré una palabra de cinco letras, de las que todos tienen opiniones fuertes, categóricas, potentes, pero ninguno podría definir la palabra, y quienes lo hicieran, sería de forma vaga, incorrecta o incompleta. Muchas de estas ideas, con ejemplos de estudios, programas de televisión donde entrevistados hablan de sucesos o personas que no existen o la valentía de quienes son más ignorantes de un tema, así como las opiniones muy fuertes sobre temas que nos identifican como personas (como los ejemplos que brindé antes) están en este artículo llamado "Todos somos unos idiotas confiados" de David Dunning, uno de los co-autores del paper académico de 1999 que bautizó al efecto o sesgo cognitivo Dunning-Krueger.

Entonces en la pizarra escribo la palabra ISLAM. El profesor usa en su artículo la palabra "nanotecnología" así como la lista de conocimientos científicos necesarios para hablar al respecto. Y ahora usaré también una nueva: Inteligencia Artificial. Fácil de opinar, especialmente cuando no sabemos de aprendizaje automático, redes neuronales o algoritmos, o que confundimos la tecnología (Inteligencia Artificial) con las aplicaciones o herramientas (ChatGTP).

Risas, sorpresas, alarmas, y lo más usual es definir la palabra Islam con frases que suelen iniciar con "yo creo", "hasta dónde sé", "lo que he sabido" pero luego sólo muestran el Dunning-Kruger sobre religión de forma amplia. Definen el Islam, en palabras más o menos así, "una religión de cierta parte del mundo que define de forma muy estricta sus hábitos, costumbres y leyes". 

Entonces empieza, un lento pero emocionante ping-pong, porque casi ninguno toma en cuenta que esa es la definición de casi cualquier religión organizada, incluyendo el catolicismo, que nos define tanto en Latinoamérica, que la impronta de esa iglesia aún marca nuestra forma de vestir, comer, bailar, celebrar, vacacionar o planificar nuestra vida, como producto de la Conquista Española. Y por eso les pregunto si saben qué es o cuándo es la Semana Santa, qué es el bautismo o el Santo Sepulcro. Es decir, porque como definieron el Islam, la religión católica ha permeado en cada aspecto de nuestras vidas en Latinoamérica de forma histórica y política.

Ni hablar si les digo que todos los árabes son musulmanes, no todos los musulmanes hablan árabe o que en Irán o Turquía ni son árabes ni hablan árabe, que la inmensa mayoría de la población es musulmana. O que hay importantes comunidades musulmanas o islámicas en Europa como Albania, Chechenia o Uzbekistán, donde son blancos y hablan lenguajes eslavos (parecidos al ruso), en países africanos como Yemen o en asiáticos como Indonesia. 

Es decir, que no, no es una religión machista, de tipos árabes barbudos con turbantes y ametralladoras que maltratan a las mujeres y ponen bombas, sino que hay asiáticos, africanos, europeos y claro, latinoamericanos, musulmanes. En el caso de Colombia la mayoría en la Costa Caribe, especialmente en Maicao, Santa Marta, Barranquilla y Cartagena, mientras en Venezuela son parte de una gran comunidad musulmana, y cristiana, de iglesias de ritos distintos a los católicos, como se puede ver en La Candelaria en Caracas.

Entonces les explico que por ese efecto, tenemos una vulnerabilidad no sólo a opinar sobre lo que no sabemos, sino a dar fiabilidad y credibilidad a aquello que coincida con estas opiniones, rechazando la información que la contradiga como un mecanismo de defensa natural y comprensible. Y por eso nos parece algo exótico, que podría disparar miedos, fobias o rechazos, aunque algunos alumnos han dicho que ahora entienden el sesgo y una vez una agregó que había conocido una musulmana que siempre les decía que vestían, actuaban y hablaban de forma extraña: es que para ella nosotros éramos los exóticos.

Aun así, y se los digo, a pesar que les brindé una pequeña explicación sucinta sobre la religión islámica, el Corán, las facciones o interpretaciones, la existencia de musulmanes en Latinoamérica y su diversidad racial, étnica y geográfica, admitieron que la opinión que tenían sobre la religión seguía igual. Y eso lo encontró una investigación realizada en Argentina, Sudáfrica, Nigeria y Reino Unido por verificadores de esos países, así como Dunning: no basta la educación, ni la información correcta, sino narrativas de concesión y distintas técnicas de valoración de la propia identidad para ser receptivos a cambios y distintos puntos de vista sobre lo que creemos más valioso en la vida.

Y por eso es otra razón que hace tan fácil a un populista, a una cuenta anónima o a un tiktoker difundir desinformación: es cómodo, natural y hasta una medida de adaptación aceptar que es sólo un chiste, una verdad que pretender ocultar o una incomodidad que no todos quieren oír. Más difícil es decir: no voy a opinar porque no sé sobre el tema.

26 noviembre 2014

Me diagnosticaron psoriasis: cómo cambió mi vida

Hace unos 6 años, mientras trabajaba en una web de noticias, estaba en una posición económica muy buena, trabajaba freelance y tenía mi Mac nueva. Mis padres se habían divorciado hace unos años, por lo que teníamos una nueva paz familiar en la casa. Yo había dejado de ser vegetariano, evitando un orgullo espiritual que como todo exceso, no es bueno. Me sentía muy bien en lo físico, mental y emocional.

Sin embargo, noté que algo había cambiado físicamente. Un día me golpeé en la espinilla cuando subía las escaleras hacia mi casa, cortándome con el filo metálico. Normalmente, como si una especie de Wolverine, mis heridas se curaban sumamente rápido. Pero esta vez se hizo una roncha, luego otra y en un día ya tenía como cinco. A la semana no sólo no se había curado sino seguían saliendo capas de piel. Mientras tanto, algo similar había sucedido en mi cuero cabelludo: la caspa se había vuelto algo que conocemos como ceborrea, pero era realmente una especie de incesante crecimiento de capas como en mi pierna.

Fui a un primera doctora que dijo que era caspa, después de un examen a cuerpo completo. Me envió un tratamiento que no me alivió sino que empeoró: se fue a mi rostro. Corrí a otro dermatólogo que dio en el clavo: lo que tienes es psoriasis, una enfermedad que provoca que la piel, en lugar de regenerarse cada 21 días, lo haga cada 2 horas, acumulándose en unas ronchas que van desde el cuero cabelludo hasta el resto del cuerpo, especialmente en articulaciones. Me dijo que no afectaría sino la estética de mi piel, y según la gravedad, podría ser más o menos molesto. Me mostró casos de personas que lo tienen en todo el cuerpo, en toda la cara o como una caspa megapoderosa.

Me sentí aliviado porque no era algo crónico ni fatal y al mismo tiempo preocupado porque tenía una dolencia que me dijo que era congénita y de por vida. Ya saben, las etapas del duelo. Me envió unos medicamentos basados en esteroides para el cuerpo cabelludo y la piel, así como múltiples exámenes. Lo confieso, era terriblemente difícil y caro hacérselos todos, y la crema me aliviaba los síntomas poderosamente. Hasta que empezó a escasear, y luego mi cuerpo reaccionaba con más fuerza, y el efecto tardaba más y era menos duradero. Entré en una espiral que me impedía hacer algunas cosas: ya no me quería quitar la camisa en la playa, la piscina, al practicar algún deporte, mientras muchos amigos y compañeros de trabajo y amigos me preguntaban por esas ronchitas que parecían picadas de zancudo en los codos, los labios o los brazos.

Entonces leí sobre el Doctor Abel Poleo, exdirector del Centro Bolivariano de Investigación en Salud. Decía que había encontrado un tratamiento, basado en plantas de la Gran Sabana, que lograba arreglar esta respuesta insistente del sistema nervioso de regenerar la piel, formando escamaciones. Es decir, hiperqueratosis. Me costó mucho, mucho, mucho tiempo conseguir un cita con él, dentro de noticias más o menos reales, vídeos, sus cuentas en redes sociales con consejos y agradecimientos de muchas personas, así como la esperanza de recibir el tratamiento de forma gratuita a través del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales.

Finalmente, este lunes pude asistir con la doctora Gregoria Guanipa, quien estudió e investigó con él las enfermedades sistémicas. Su diagnóstico con un resonador cuántico que midió el funcionamiento de todos mis órganos y la explicación científica de lo que habían encontrado me dio una nueva perspectiva de vida, que al mismo tiempo hace referencia a lo que había vivido y aprendido antes. En una primera revisión, me alertó que los malos hábitos alimenticios, estrés no manejado correctamente y exceso de cortisol podría haber despertado un gen heredado de mi padre y mi abuelo.

Bioquímicamente esto produciría unos OH- (oxidantes) que roban calcio al cuerpo para poder desecharse, mientras generaran unos linfocitos T que llegan al torrente sanguíneo y de allí a la piel. La forma de combatirse eso sería reduciendo las circunstancias que "despiertan" al gen, y la cadena de reacciones que provoca en cada uno de los puntos: la sangre, la dermis y lo celular (mitocondrial).

En primer lugar: alimentación libre de carne de ganado vacuno, lácteos y derivados (no aptos para el adulto y cuyo ingreso en la dieta humana se masificaría en la II Guerra Mundial), enlatados, embutidos, aditivos químicos (cubitos, sabroseadores, salsas industrializadas), azúcar, jugos pasteurizados y bebidas en sobres. Tampoco la carne de cerdo, tabaco, chimó, alcohol o cigarrillos. Todos estos alimentos producen estrés oxidativo que lleva a la degeneración progresiva de la enfermedad. Por otro lado, puedo consumir papelón, leche de soya y queso de cabra o búfala.

Lo que sí: frutas, vegetales verdes con aceite de oliva, hortalizas y granos para la vitamina E y el calcio de forma natural. Frutos y semillas secas y cereales. De nuevo, nada de Corn Flakes ni similares, sino lo más vivo, crudo y natural posible. Entre las ideas que vuelven a mí, está el comer falafel, tofu, carne de soya y hasta intentar con productos que se han popularizado con el fitness, como la leche de almendras, y echar mano de lo que he aprendido con Deleite Cacao: dulcería para celíacos, intolerantes a la lactosa y diabéticos, que conocí gracias al Picnic Urbano. Unir los puntos hacia atrás, como dijo Steve Jobs en Stanford. Todo lo que hacemos nos lleva hacia donde vamos a ir.

Sobre los hábitos de vida: dormir de 10 PM a 4 AM para la reducción de cortisol y la regeneración celular (que no sucede si duermes después de esa hora). Lo confieso: un zombinauta nunca hubiese pensado en esto, ni un geek que ha pasado toda la noche despierto en la red. Pero me decidí a cambiar mi vida, aunque ya esté lejos de esos madrugonazos, tampoco estoy en lo que me recomiendan médicamente, dormir con todo apagado a las 9:30 de la noche. Además, regresar a la práctica del Yoga y tener recreación semanal, quincenal o mensual, hacer 30 minutos de ejercicio diario y un adecuado manejo del estrés. Para mí, parte de eso es escribir este cuento largo, como una especie de confesión para compartir la alegría del cambio y este nuevo reto por mi bienestar. Sí, estoy escribiendo esto en el blog del Irresponsable.

Toda esta información provendría de la tesis de grado que Poleo y Guanipa. Y claro, hay más. Dentro del cuerpo hay elementos bioacumulativos, oligoelementos y vitaminas, que hacen daño por exceso o defecto. Los metales pesados deben salir, algunos producto de fumar o ser fumador pasivo, lo ambiental o el agua. En mi caso por haber fumado. Mientras que el uso de los esteroides de forma consecutiva -que no deben usarse por más de 15 días- deja también ciertas implicaciones.

La segunda vez que me tocó cita, el enfermero del doctor Poleo me mandó a llamar. Me hice un pediluvio como él pide, otra resonancia cuántica y me examinó. Poleo es dermatólogo tropical y neuropsicólogo clínico. Tras una consulta para hablar de la vida, los síntomas y hacer un examen completo, me determinó que mi psoriasis no era ni por estrés ni por herencia: era una neurotoxina provocada por la permanente sinusitis, algo que tengo desde mi infancia con asma.

Lo que viene: además del cambio de hábitos, vida y mentalidad, quelaciones con EDTA para extraer los radicales libres y elementos tóxicos acumulados, un tratamiento que incluye un jarabe, jabón medicado y una crema, producidos por el propio Abel Poleo Romero (buenos apellidos para la profesión que eligió), y un tratamiento con un poderoso antibiótico llamado Amikacina, que combatiría la infección bacterial que termina afectando mi piel.

Luego vendría una sueroterapia con células madres y una vacuna de memoria inmunológica. Empecé el pasado 16 de septiembre, he cumplido la dieta en 98% (tengo dudas sobre el embutido de pollo y algunos errores involuntarios), lo que me quitó cierto sobrepeso, pero ha detenido la salida de nuevas lesiones mientras observo mejoras generales en mi cuerpo. Sé que me puedo curar completamente.

22 octubre 2008

Chamo, déjame ser como yo soy - Frases comunes para rechazar consejos

Comúnmente, asumimos nuestros defectos como virtudes y creemos que realmente son algo muy nuestro, que debemos defender y que nos define como personas. Nos molesta que la gente nos aconseje, queremos que nos acepten si decidimos no cambiar y solemos retar a nuestros interlocutores al señalarnos alguna falla.

- Ay, si, mira quién habla. ¿Quién eres tú para juzgarme? Ubícate.

No importa si alguien nos supera o no, siempre habrá una excusa para no cambiar.

- Claro, cómo tú eres dueño de tu propio negocio, no te jodes como yo.
- Pero, ¿qué vas a decir tú? Al menos yo no estoy divorciada.

Parafraseando un refrán por allí, cuando se señala la luna, el tonto ve el dedo y el sabio, la luna. Nadie quiere que lo critiquen, pero también se hacen oídos sordos si les señalan donde están actuando mal en opinión de sus interlocutores o de quitarles la razón en algún aspecto.

- Está bien, lo tomaré en cuenta, pero respeta mi decisión de no cambiar.
- Es que yo soy así, tú me conoces, a quién se meta conmigo me lo trago y no me importa nada.

Un ejemplo ideal son los anónimos comentarios de un blog, los trolls y enemigos que siempre tienen algo qué decir porque te conocen mucho y su opinión es insuperable:

- ¿Pero qué vas a decir tú de esto si tú no has hecho nada en esta vida? ¡¡¡No tienes moral!!!!

Así, no importa si lo que señales tiene o no razón, si hay algún punto que se pueda conversar o discutir, o si hay que ceder en algún tópico para avanzar sobre otro. Se suele pensar que lo que dice alguien es inválido si no es un experto certificado. Y si lo es, le dirán cosas como:

- Teórico, hablador de paja, sabiondo, patea calle, métete para barrio, sal de tu casa.

La libertad de expresión popular como insulto para los demás. ¿Le quita razón a alguien que te dice que eres un egoísta y muy cerrado, si es también como tú? ¿No es válido que un drogadicto hable de este vicio a otros, un infectado de VIH, el testigo de algún hecho? ¿Es demasiado ofensivo que alguien te señale por preocupación o desinterés lo que ve que podrías mejorar?

- Claro, así si, pero tú no tienes porqué decirme nada, chamo. Acéptame así como soy yo.

Creo que lo que sucede es que la gente suele decir que si, que él/la sabe que tiene esos defectos, problemas, rollos, manías, hábitos o actitudes. Pero asume que es parte de su ser, de su yo verdadero, de su personalidad, y una forma de identificarse y entenderse. No puede renunciar a algo que los acompaña en su vida, aunque en realidad, un defecto no es parte de nuestro ser.

- Yo sé que soy burda de orgulloso y no pido disculpas, pero es que: ¡no me dejo joder por nadie!

Digamos que es algo como: si, yo sé que se me paró una mosca en la cachapa, pero no me la espantes, es mi problema. Pero ellos tampoco se la espantan, sino se la comen así y dicen: uhmmm, ¡qué sabroso! Claro, no nos preguntaron así que para la próxima dices: cuidado con las moscas y te comes tu vaina. Hasta que te pidan ayuda.

- Ves, así si. Déjame ser como soy yo, chamo. Si necesito algo, yo te aviso.

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