Tuve suerte. Compré mi entrada el mismo día del evento y fue preferencial. Un poco más cerca de lo planeado con Mai, Gabo, Iohana y Katty, quienes tenían general. Tuvieron suerte ellos también, las entradas a mi lado no habían sido vendidas y pudieron conmigo ver a Jorge Drexler un poco más cerca.Lamentablemente, tuvimos que calarnos no sólo a Roque Valero en una versión acústica mucho más aguada que nunca sino que muchos de los asistentes lo aplaudieran, lo que mucho dice del poco sentido crítico -aún escuchando al uruguayo- de muchos amantes de la música en nuestro país, pero ese es otro tema.
Valero no sólo cantó una canción llamada Balcones de Madrid donde claramente copió -imitó sería poco- el acento y forma vocal de Silvio Rodríguez, sino en su fatídica "Ciudad Bendita" fue tan clara la copia -más no la referencia- a Mi Guitarra y Vos de Drexler que sentí asco, pena ajena y rabia por no tener allí a Frank Quintero, un verdadero exponente de la canción de autor venezolana y no un fan enamorado chimbo.
Lejos de eso, el concierto de Jorge fue cercano a la perfección. El buen humor, la sencillez a flor de piel, la simbiosis con un público que aprendió con y de él, la poesía y por supuesto, su guitarra y voz. Un instrumentista aventajado y un intérprete extraordinario.
Un luz que emulaba un faro, con sus respectivos segundos de oscuridad y una sirena, dieron inicio al concierto con 12 segundos. Un tarima con una guitarra electroacústica, muchos pedales, un micrófono de los antiguos en el suelo y un paral con letras de canciones que usó en más de un par de veces pero sorpresivamente no en Mi Guitarra y Vos. Tras de si una sencilla pero elegante escenografía, minimalista en esencia, grandilocuente en resultados.
En cada canción un momento inolvidable, difícil de descatar una sobre otro, pero quiero recordar cariñosamente la versión que hizo de Simón Díaz, de quién declaró como uno de sus más admirados cantantes. El Loco Juan Carabina, que escribió Aquiles Nazoa, fue interpretada como una milonga en la que empezó a hacer lujo de su calidad vocal alejándose del micrófono de distintas formas y jugando alternativamente con el efecto de su voz. Voz que brilló en Ecos, cuándo jugó con la acústica y los coros del público.
Imposible de olvidar será "la versión involuntaria que se quedará así para siempre", Al otro lado del río, ganadora del Oscar a mejor canción para una película por Diarios de Motocicleta, donde Gael García Bernal interpreta a un joven Ché Guevara en uno de sus viajes por el continente, que interpretada por Santana y Antonio Banderas fue corregida en el discurso de agradecimiento de Drexler, cuándo la cantó a capella. En el Aula Magna lo hizo de nuevo, sin guitarra -y dejándonos boquiabiertos- sin micrófono, sentado a la orilla del escenario.
Los covers fueron importantes en esta presentación: High and Dry de Radiohead y Disneylandia del brasileño Arnaldo Antunes, arrancaron gritos, vítores y aplausos que por petición de Jorge fueron cambiados por chasquidos, que en la inmensa acústica lograda por Villanueva y celebrada por Drexler, implicó un intenso metrónomo que arrancó sonrisas y sorpresa en nuestro estimado uruguayo, varias veces.
Jorge Drexler se valió de distintos aparatos para crear todas las pistas, ambientaciones electrónicas y samplers necesarios para su versión solitaria más que acústica. Si en Milonga del Moro Judío logró impresionar cuándo creó un loop de cantos gitanos hechos por él mismo para el momento, cuándo en varios temas emuló bajos con su mismo instrumento gracias a sus pedales y en La infidelidad en la era de la informática dejó sonar atmósferas acuáticas y sonidos extravagantes, con el sonido típico del MSN para divertirnos, en cada uno de los temas el cantautor hizo mano de todo tipo de extraordinarias técnicas en la guitarra, un virtuosismo que lo separa abismalmente del cantautor promedio.
Con una humildad impresionante, hizo dos bises, luego que el público lo aplaudiera de pie ante sus salidas, y deseó regresar pronto para complacer los gritos airados de quienes pedían canciones. Cuándo esto sucedía, otros mandaban a callar y Drexler agradecía a ambos: unos por su libertad y otros por solicitar paciencia. Esperó además, que lo dejaran tocar la próxima vez como ahora no lo puede hacer Alejando Sanz, lo que de nuevo causó furor en la audiencia, que siempre le arrancaba sonrisas en una cara sorprendida y feliz.
Faltaron muchas, obviamente imposible de cumplir con todas, pero Fusión, el Pianista del Ghetto de Varsovia, Causa y Efecto, Sea, Dos colores: blanco y negro, Todo se transforma, La vida es más compleja de lo que parece, Soledad y Polvo de Estrellas (donde la gente hizo un coro inmenso por primera vez en la noche), fueron cantadas a todo pulmón y en varias oportunidades, acompañadas de graciosos y simpáticos comentarios del cantautor: "ustedes se las saben todas", "me encanta la alegría de Caracas", "suelo estimular la participación popular pero les propondré algo" (fue la idea de chasquidos por aplausos), y algo que personalmente fue agradable: se sabía los nombres de todos los involucrados en el show: el luminito, la jefa de prensa de la productora venezolana, el que le arregló la corriente en un momento y todos los ayudantes locales.
Jorge Drexler dio una lección de interpretación con muchos vértices. Ésta comenzó, para mí, en sus entrevistas televisivas y quizás aún no ha terminado. Un sentimiento que se extendió a su propia personalidad, una alegría graciosa que compartió con su público, una voz impecable que nunca falló y una habilidad para tocar, samplear y loopear que lo convierte en uno de esos artistas que lo logran todo, conectarse con el público, componer grandiosas canciones, hacer justos y sentidos homenajes y tatuarte en fuego sus letras, con un compromiso artístico y humano imprescindible, tan sólo con lo que ofreció: guitarra y vos, su público.
Pero dejen de leerme y vean TODOS los vídeos que se han montado en Youtube de Jorge Drexler en Venezuela
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