03 abril 2015

Del blog al papel, y de vuelta a la web con el periodismo ambiental

Cuando estaba en 4to semestre de Comunicación Social empecé a escribir este blog, que luego de sobrevivir a Facebook y Twitter, terminó de languidecer cuando conseguí un trabajo, estando en 9no semestre, en el diario El Siglo de Maracay. Entré en 2009 como redactor para ediciones especiales, mayoritariamente para el suplemento dominical Eva´s, que dejó de salir a finales de 2013 por la crisis de papel en Venezuela.
Acupuntura urbana ecológica en Aguascalientes, México
Lo mejor que me pasó fue sentar las bases de mi carrera como periodista y activista ambiental. La empresa y el oficio me permitieron ir construyendo una marca personal, que aún en papel y con cierta interacción en redes, a pesar de la falta de versión digital del 90% de mis trabajos, me llevó primero a escribir sobre tecnología para quienes aún estaban "offiline" y entrevistar durante mis primeras semanas a activistas veganos del derecho de los animales, como Yiyi Maiola, lo que me llevó a conocer el movimiento antitaurino, y a los profesores y alumnos de una Fundación educativa en danza contemporánea, Makandal, que me introdujeron a los temas de ONGs locales en favor de los Derechos Humanos.

Luego, en 2012, aprendiendo de la iniciativa caraqueña de Ser Urbano, creé el Picnic Urbano de Maracay -que tiene un blog, grupo de Facebook, fanpage, Instagram y cuenta de Twitter- que llevó no solo a posicionar el tema del activismo socioambiental en Maracay, sino la crítica urbana sobre los espacios públicos y la planificación de la ciudad. La idea gustó tanto que ya llevamos 28 ediciones, me llevó a representar a Venezuela en el Global Power Shift en Estambul, Turquía, en un evento con 250 activistas ambientales patrocinado por la ONG 350 y al Seminario Internacional de Constructores de Paz en la UCAB en 2013.

También ha llevado a temas álgidos de debate en redes, medios y opinión pública sobre la Plaza Bolívar, la Plaza Felipe Guevara Rojas, el Ateneo de Maracay, el Teatro de la Ópera, las bodas urbanas a favor del proyecto de Ley de Matrimonio Civil Igualitario, la contaminación en Choroní, los rayados peatonales, el estado de los museos en la ciudad, el consumo de alcohol en espacios públicos y la tala indiscriminada de árboles, así como el TransMaracay como sistema Bus Rapid Transit (BRT) con altas y bajas.

Luego de eso, he publicado varios trabajos sobre periodismo ambiental en distintos medios, que me gustaría compartir con ustedes, como especie de listado, currículo y fácil copy-paste para mí :)

El Siglo:
Global Power Shift: Juventud por el cambio energético mundial
Malaria: Los mosquitos del contrabando

02 abril 2015

Infografía: ¿Cuánto cuesta el dólar Simadi?

Con los datos diarios, en días hábiles, que publica el Banco Central de Venezuela, he ido elaborando esta infografía que iré actualizando a diario.

Los primeros cinco días, el BCV montaba el Excel con la evolución, pero creo que se dieron cuenta que estaban dando una valiosísima tabla que podía exportarse y cruzarse con otros datos, así que ahora solo montan la hoja de cálculo diaria, con el valor promedio de las transacciones en el Sistema Marginal de Divisas (SIMADI) y cuánto de estas ocuparon la cuota de transacciones, lo que parece irreal o insuficiente si es tan bajo como para mantenerse debajo del 2%.




El SIMADI inició operaciones el 10 de febrero, mostró su primera cotización en Bs. 170 dos días después, y tres días luego dio los datos de su presencia en el mercado.

Creó muchísimas expectativas de ser un mercado libre y abierto, como anunciaron los ministros Merentes y Marco Torres, pues significaría que lo que compras por medio de ofrecimientos en Whatsapp y BBMsn lo harías ahora en casas de cambio. Tras casi estar en quiebra y un margen de ganancia de apenas el 0.25%, apostaron por el volumen para volver a la vida comercial.

Así que se creía que se vencería el mercado negro, el "bachaqueo" del dólar negro, y hasta el índice de Dólar Today, mercado especulativo que ha cruzado todo tipo de acusaciones políticas y económicas, incluyendo la arremetida en contra del presidente de Italcambio.

SIMADI parecía interesante solo para ciertos públicos: uno pequeñísimo e improbable, los que desean o deben vender legalmente, es decir, empresas exportadoras que quieran bolívares, y uno mucho mas grande y pausible, aquellos quienes quieran comprar para viajar o ahorrar en moneda dura, a un valor menor. Economistas dijeron que el primero apenas estaría ocupado por PDVSA, que ya se financiaba con impresión de billetes por parte del Banco Central de Venezuela, actuando un poco como la banca del Monopolio-, lo que causaba un exceso de efectivo que dispara la inflación al no haber suficientes o equivalentes bienes que comprar o transar.

Como pasa en el juego de mesa, cuando alguien tiene casi todos los billetes, la banca se queda con los billeticos blancos de uno y es capaz de comprar hoteles que los demás no puedan pagar, o de comprar a mayores precios de forma dominante y hasta caritativa. Un desastre cuando es la vida real.

Pero las largas colas también llegaron a las casas de cambio, los billetes en efectivo que se asignaron a los bancos (más de 4 millones según BCV y sin entregar según los privados) nunca llegaron y se volvió a disparar el negro, también el SIMADI por la falta de oferta e incluso el anuncio de ventas de ingresos petroleros de la estatal no redujeron el precio.

En un reportaje para 6to Poder, calculé que el sueldo mínimo bajaba de 30 dólares a la tasa Simadi, lo que nos enviaría al umbral de pobreza extrema según organismos internacionales, de menos de un dólar por día, más la explicación de porqué el bolívar se desangra al cruzar la frontera con Colombia. Eso que hace que por cada peso colombiano te den más de 350 bolívares cuando hace 20 años mi papá se ufanaba de comprarme lo que quisiera porque el cambio eran 10 pesos por bolívar, y ahora almorzar allá te sale en miles de bolívares. El mismo fenómeno que hace que si logras venderles algo -por el que te pagarán una fracción del valor al saberte venezolano- se te multiplica en un dineral (pero con poco valor) aquí. Eso explicaría porqué ahora no solo se contrabandea gasolina sino casi cualquier otra cosa -moneda más control de precios- que hace ridículo vender aquí.

Explicado por el economista José Vicente Haro en forma menos anecdótica es que por ese inmenso intercambio comercial que tenemos con el país que ellos te pueden pagar el dólar al precio "de frontera" y no al oficial, pues tienen muchísimos bolívares que hemos llevado y llevado por ser uno de los poquísimos países que nos cambian los billeticos de Monopolio, por el movimiento de frontera tan fluido. Aquí les pego otros datos para que juguemos.


Por Dólar
Por Bolívar
Boliviano
6,96
 1,09
Real brasilero
1,789
 0,43
Peso colombiano
2,378
 375,62
Peso argentino
8,60 *
 1,38
Nuevo sol peruano
3,065
 0,48
Florín arubeño
ƒ1.79
 0,28
 Bolívar
Bs. 6,30 / Bs. 12 / Bs. 170
 1
Sueldo mínimo
Nominal
Dólares
Aruba, Bonaire y Curazao
ƒ1.636,7
914,35
Ecuador
$354
354
Argentina
4.716 pesos
336,86 / 561.06 **
Brasil
R$ 788 
290
Colombia
$ 644.350
268 
Perú
750 Nuevos Soles
268
Bolivia
1440 Bs
206
Venezuela
Bs. 5.622,47
29,75 / 468 / 892 ***
*** Simadi a 189 Bs. / Sicad a 12 Bs. / Tasa 6,30 Bs.
** Esta distorsión entre tasas sucede también en Argentina, donde el mercado paralelo de divisas causa este cálculo dual con el salario mínimo.
Para Febrero de 2015.


19 enero 2015

Diez alternativas a la carne roja, azúcar y lácteos para régimen especial de alimentación

Cuando me diagnosticaron psoriasis, la doctora me dijo que tendría que cumplir lo que se conoce como un régimen especial de alimentación. Por tanto debía librarme de azúcar, carnes rojas y los lácteos. Afortunadamente, mi experiencia por 7 años con el ovolácteovegetarianismo me había dado algunas pistas, pero no todo estaba resuelto.

Además, en época de escasez y aumento de precios, es importante tener algunas pistas de alternativas alimenticias a la mano.

Empecemos por la carne roja.
Naturalmente puedes comer pollo, pescados, mariscos y otras exquisiteces de carne blanca, pero no son realmente accesibles. Así que apelamos al recetario vegetariano e internacional.

1. Falafel
2. Carne de soya
3. Tofu
4. Carne de concha de plátano
5. Carne de gluten (harina de trigo sin almidón).

https://caracasvegetariana.wordpress.com/recetas/

El falafel es a base de harina de garbanzos, es una receta árabe que además puedes hacer en casa. Pero si compras la harina en una tienda árabe, lo único que debes hacer es echarle agua como si fueses a hacer unas arepas infantiles. Antes las freía pero para hacerlo más sano, y accesible, las hago a la plancha con un mínimo de aceite.

La carne de soya, mejor conocida como soya texturizada, es un grano deshidratado. Tiene alta concentración de proteína y es usado en algunos países para combatir la desnutrición. Aunque no se consigue en Venezuela con una etiqueta que nos asegure que no es transgénica, en el país tampoco es legal sembrarla o exportarla.

Para cocinarla sólo debes remojarla varias horas, y luego que se expanda la sazonas y preparas como sea. De nuevo, antes la freía, pero ahora la condimento desde que está hidratándose y las usamos en guisos con muchos vegetales. Tiene menos sabor, para algunas personas que el falafel, o más sutil. Es cuestión de probar.

El tofu, aunque nunca lo he visto en Venezuela, es una receta japonesa que se asemeja a un queso. Naturalmente, con mucho menos sabor pero también con altos niveles de proteína. Además, es muy recomendado para las mujeres por sus distintas propiedades en regulación de peso, hormonas y síntomas de la menopausia. Excelente con vegetales, como la comí muchas veces en Holanda.

Aunque nunca he preparado la de concha de plátano, la he comido muchas veces. De nuevo, altas proteínas y se asemeja muchísimo a la carne mechada, dentro de las limitaciones claras de ser un vegetal. Lo que sí he preparado mucha veces es el llamado "pescado vegetariano" que no es más que ñame rayado con limón, sal y pimiento, haciendo una masa, que de nuevo se fría o asa.

Finalmente, y quizás mi favorita aunque menos accesible es la carne vegetariana, de gluten o harina de trigo. La he comido muchas veces, fabricada o casera, y no es más que un proceso para sacarle todo el almidón a la harina de trigo y quedarse con los componentes más proteínicos. Como casi todas las recetas aquí dichas, la sazón, la mezcla con vegetales y salsas naturales, así como la costumbre son esenciales. En Maracay las venden las tiendas naturistas de la GFU en El Limón, pero basta con preguntar en tu ciudad.

¡Azúuuuuucar!
Al respecto, lo que he encontrado y recomiendo: papelón y stevia, alejándose cuanto puedas de los edulcorantes y similares. Son potencialmente cancerígenos.

Investigando encontré un producto llamado Xilitol, que es un estándar en Finlandia para los productos libres de azúcar. En Venezuela los vende NOW.

Búfala y cabra
Estos dos animales producen leche con una menor cantidad de lactosa que la de vaca. Hay que ir probando. Lo mismo con la caseína, que por ejemplo, no pueden consumir personas con algunas discapacidades cognitivas. Pero quesos también seguros son los madurados y fermentados, así como el Cheddar, Parmesano, Manchego, Emmental, según revela el blog venezolano Cocina Segura.

Por si acaso: hamburguesa vegetarianas.
Por si quieres hacerlo tú mismo, al estilo árabe, la receta del falafel
El Instituto Nacional de Nutrición nos recomienda la carne de soya
Receta para tofu (si consigues soya amarilla)
Carne de concha de plátano verde con sabor venezolano
Xilitol en Productos NOW




03 enero 2015

Técnica Pomodoro contra la procrastinación: cómo llegué al cuadro de honor

Hace unos años estudié cuatro semestres de Ingeniería de Sistemas en la Universidad Nacional Abierta. Y logró ser el segundo mejor índice de la carrera aplicando las técnicas de estudio que enseñaban en su curso introductorio. La que más me gustó, la de recompensas en vez de castigos, me la he encontrado de nuevo con el nombre de "Técnica Pomodoro".

Es básicamente lo mismo y te funcionará para vencer la flojera, la procrastinación y seguir posponiendo lo que no deseas hacer. Por supuesto, esto hay que combinarlo con otras, pero es fundamental del éxito académico y laboral.

Inventada por Francesco Cirillo a finales de los años 1980, consiste en dividir tu horario de trabajo o estudio, o lo que sea que desees hacer, en bloques o períodos de 25 minutos. En ese tiempo, debes concentrarse y enfocarte completamente en la tarea a ejecutar sin ninguna distracción. Un truco esencial es identificar las posibles distracciones y cómo evitarlas.

Para algunos puede ser el teléfono, las personas a su alrededor o incluso el lugar o la hora en que se hacen algunas cosas. Por eso esta técnica puede ser más efectiva para estudiar, cuando puedes elegir dónde, cómo y cuándo hacerlo, y quizás menos efectivo cuando se trabaja con horario y sede física específicas.

Después de cada "pomodoro" -que es tomate en italiano y se parece a un reloj de cocina, de donde provino-, te puedes dar una "recompensa" de 5 minutos. Puedes hacer lo que desees en la computadora o escritorio, que no sea estudio ni trabajo. Tu mente se relaja, te puedes estirar si quieres, mirar a lo lejos para cuidar los ojos o hablar con alguien. Revisar tu Whatsapp, tuitear, lo que quieras.

Cuando cumplas con cuatro "pomodoros" entonces crece el premio, son 15 minutos y esta vez puedes levantarte y caminar. Hacer esto de forma escalable, es decir, que primero sólo te distraes en el mismo lugar y luego puedes alejarte, con respectivos descansos, va modelando la mente para enfocarse en el trabajo, en lograrlo para obtener el tiempo de relajación.

Esto ayuda también a jerarquizas prioridades. ¿Qué prefiero hacer primero, cuál sería la tarea ideal antes de los 15 minutos de descanso, cuáles serían las primeras cuatro? Nuevas preguntas pueden surgir además del orden establecido pero además sobre el ocio: ¿qué haré con mis 5 minutos, y con los 15? Empiezas a buscar calidad del trabajo y también del disfrute, no perder el tiempo sino realmente disfrutar al máximo. Además, aprendes cuándo te tardas en cada tarea o labor.
Reloj para medir los 25 minutos de enfoque y concentración
Cuadro de honor
Por supuesto, hay actividades que requieren planificación diaria, semanal o mensual. Y más que muchos bloques de 25 minutos. En mi caso, estudiar para los exámenes parciales. Aunque valía usar "Pomodoros", después de varios conjuntos de cuatro, había que recompensarme con algo más de 15 minutos para caminar.

Entonces elegí actividades que me gustaran muchísimo pero al mismo tiempo sintiera como importantísimas. Hace ya varios años, por supuesto, cuando no había conexión por teléfonos celulares, ni banda ancha móvil, pero mis recompensas fueron: conectarme a Internet e ir al cine.

Así, mi meta de estudiar dos horas diarias para los exámenes tenía como premio poder usar Internet en mi computadora. Esto terminó en un nuevo hábito. Me despertaba a las 4 de la mañana, como si fuese a trotar o hacer Yoga, para estudiar. Pero ganaba un momento de nula distracción: todos dormían, nadie llamaba por teléfono o llegaba de visita, ni había nada interesante que ver en la televisión ni que hacer fuera de casa. Era momento perfecto para estudiar.

Eso me brindó una herramienta súper poderosa. A las 6 de la mañana no sólo estaba despierto, sino que tenía todo el resto del día para trabajar, descansar, conectarme y sentir que ya había cumplido: tenía 2 horas de estudio encima.

Si lograba mis 10 horas semanales, entonces me iba al cine. Mi mente lo tomaba como pensamiento difuso, me ayudaba a aprender, me sentía premiado y valoraba mucho más esta actividad que antes daba por sentado, igual que usar Internet. Los premios me daban una nueva satisfacción sobre algo que antes pensaba que siempre podría hacer libremente. O con el libertinaje del que procrastinaba sus propios estudios.

Así obtuve altas notas en ingeniería de sistemas, aprendí a elegir mejores películas y usar más sabiamente el Internet, especialmente cuando me quedaba dormido y ese día quedaba offline...



26 diciembre 2014

Entrándole a los MOOCs y COMAs: estudiar en línea más allá de los tutoriales

En 2012 escribí un artículo para el diario El Siglo donde hablaba de la revolución de los Massive Online Open Courses, unos cursos disponibles en Internet y ofrecidos por universidades del mundo, que permitían a miles de personas de todo el mundo estudiar en línea sin límite de matrícula o tiempo. Estudiabas a tu tiempo cumpliendo con las asignaciones. Y además, para mayor atractivo, en ocasiones en las mejores universidades del mundo.

Los MOOCs, llamados Cursos Online Masivos y Abiertas, COMA, en español, habían evolucionado de ideas como los postgrados en línea, de la liberación de contenidos académicos desde Harvard y el MIT, los textos en líneas y los tutoriales en Youtube. Incluso de ideas como la Universidad del Pueblo. Eran plataformas que te permitían estudiar temas específicos, preuniversitarios o de interés general, que podían ser sumados a tu currículo o simplemente ser parte de la formación continua.

Y me inscribí como loco. Fui obsesivamente a Coursera, a MiriadaX y a EdX. Quería adelantar todo lo que pudiese después de haberme graduado tarde como periodista. Lo quería saber todo. Avanzar rápido en la educación en línea. Era algo que ya había visto como oferta de postgrado y sistema en la Universidad Nacional Abierta así como la gran promesa de la red de redes: todos somos iguales con una conexión, sin importar quién seas o donde estés. Y claro, fracasé. Me metí en demasiados, no fui constante y no estaba acostumbrado. Lo abandoné.

Pero en 2014 me enfiebré. Logré terminar mi primer MOOC: Microeconomía con el Dr. José Vásquez de la Universidad de Illinois, en su campus de Urbana-Champaign. Era en inglés con subtítulos. Se ofrecía además la posibilidad de presentar y desarrollar un proyecto especial, con aprendizaje y calificación entre pares, de donde el profesor elegiría a los mejores para desarrollarlos personalmente. Una tremenda ambición, pero aposté por una frase aprendida en 2013, cuando aprobé cursos en línea de la OEA sobre gobierno electrónico: piensa en grande, empieza pequeño y crece rápido.

La experiencia de abandono temprano y falta de constancia de 2012 me hizo enfocarme en lo mínimo posible. Así que vi los videos, hice las lecturas y pasé los exámenes. Terminé el curso y aunque tuve una nota medio alta, lo importante para mí fue la entrega del diplomita en PDF que dice: usted aprobó. Antes de meterme en esto había hecho uno de inglés básico, corto, que me diera la confianza. Y ahora, después de 4 meses de lidiar con la plataforma, el idioma y los nuevos conocimientos, podía celebrar.

Así pude sacar muchos más, e incluso los últimos que he hecho los he obtenido con certificado de honor. Más de 90 de 100 puntos posibles. Además, en el curso de Democracia y Decisiones Públicas de la Universidad de Barcelona, uno de mis aportes al foro que advertía sobre la confianza excesiva sobre el partido Podemos en España me recordaba a lo que no escuchamos como advertencia sobre el chavismo en Venezuela a pesar de la experiencia en Cuba, logró ser reseñado por el profesor como uno de los aportes más interesantes para ser discutidos.

Ludificación
Ser competitivo y tener experiencia en juegos de video puede ayudar. Claramente, te tiene que gustar leer y estudiar en Internet. Si tienes experiencia conversando en foros y aprendiendo en tutoriales de video, ya tienes la mitad del camino andado.

Dependiendo de cada plataforma, los logros pueden ser premiados con puntos de karma, insignias (badgets) o certificados. Estos también difieren en la forma de compartirse, bajarse o enviarse a LinkedIn. También hay diversidad en las causas de los mismos. Pueden ser las calificaciones, cumplir con objetivos o incluso la participación.

Acumularlos, ser reconocido, el diseño y la posibilidad de exportarlos, añadirlos a tu CV o exhibirlos en redes sociales, son formas de luchar contra uno de los males propios de los MOOCs y que viví en carne propia: alto abandono, poca constancia e inscribirse en muchos más de los que se pueden.

Aprendiendo de todo
Tengo certificados en temas tan reconocibles como Macroeconomía, Estadística Descriptiva o Emprendimiento Social. Pero como en muchas universidades con profesores investigadores, también me he apuntado a algunos basados en tesis como Cultura Latinoamericana, que disertaba en las ideas del profesor sobre la particularidad del arte de nuestro continente en una teoría de cuatro puntos; Sociedad de la banda ancha -sobre el uso de las TICs para organizaciones sin ánimos de lucro- y Economía Circular: reciclaje de metales.

También en algunos más ligeros y divertidos como The Music of The Beatles y a futuro tengo varios de apreciación de la música jazz, la relación entre el hip hop y la religión o el geodiseño para solucionar problemas ambientales, planificación de ciudades y microbiología básica. También he tomado algunos de periodismo de base de datos o Cambio Climático, de los cuales tomaré varios más relacionados. Claro, para lograr todo eso tuve que saber cuándo abandonar algunos, cuando saber qué era demasiado e incluso, dejar de inscribirme o no iniciarme en los que aunque parecían interesantes, no me llevarían a ningún lado.

Ahora estoy enfocado en pulir el inglés, como un método para lograr escribir de forma más cómoda en los foros en los MOOCs de universidades no latinoamericanas, e incluso como una forma de alcanzar nuevos niveles de entendimiento y conciencia, porque creo que me estoy perdiendo de mucho por no tener fluidez total en ese idioma. Para eso recomiendo Lingualia.

Consejos y lecciones
Te daré aprendizajes que he tenido hasta ahora para que ingreses en este mundo.

1. Empieza por los MOOC "a pedido" o "self-paced". Estos permiten tener tu propio ritmo, pueden estudiarse en cualquier momento y aunque no tienen interacción social o es demasiado variable (puede ser alta o nula), no chocarás con los tiempos de entrega y el método de trabajo. Fue lo que me causó más frustración: pasarme las fechas o no saber cómo o qué entregar.

2. Cuando te vayas a los cursos que tienen fechas de inicio y fin, con límites para las asignaciones, apuesta por la profundidad. No te sobrepases con 12 MOOC. Piensa en cuántas horas tienes al día, a la semana, al mes para estudiar en Internet. Piensa en las veces que no podrás, que no querrás, que harás otra cosa. Así es: puedes la mitad o menos de lo que idealmente dices. Esto no es la dieta ni la promesa de hacer ejercicio. Aprovecha para ver los videos varias veces, de leer con calma, de acostumbrarte realmente a la plataforma y saber cuáles son las tareas con evaluación por pares (técnica para aprender del otro estudiante, al autoevaluarse y hacerlo entre sí, porque el profesor no podría con mil evaluaciones).

3. Empieza por tu zona de confort. Elige algo que domines parcialmente, que te interese mucho y en la que puedas aportar conocimiento propio. Entrarás en comunidad, te será fácil terminar y seguir adelante.

4. Usa diversas plataformas e intereses. Mezcla humanismo y tecnología. O polos diversos que funcionen para ti. Puede ser que un día no estés de humor para leer sobre pena de muerte o que prefieras escuchar ideas sobre la historia del rock. Un día llegas apasionado por aprender algo relacionado con tu profesión y otro sobre finanzas personales. Dale balance. Piensa cómo habrías o elegirías tu semestre de la universidad si hubiese un pensum inmensísimo o si pudieses elegir entre varias universidades.

5. Comparte. Si consigues un MOOC interesante, para ti o los demás, envíalo a las redes sociales. Déjale saber a tu comunidad que hay cosas que aprender. Te lo devolverán con cursos que quizás has perdido de vista.

Plataformas
Junto a las más conocidas que ya nombré, están también Blackboard, Tutellus, Udemy, Bmooc, UniMOOC (que usa el sistema de itinerarios) y Udacity. Algunos son pagos o parcialmente pagos, divididos entre Freemium o versiones de prueba, pero la mayoría son totalmente gratuitos.

Puedes usar también este buscador de MOOCs.

Por cierto, sigo pendiente del primer MOOC de una universidades venezolana, después de estudiar en varios de campus colombianos, argentinos y mexicanos.

26 noviembre 2014

Me diagnosticaron psoriasis: cómo cambió mi vida

Hace unos 6 años, mientras trabajaba en una web de noticias, estaba en una posición económica muy buena, trabajaba freelance y tenía mi Mac nueva. Mis padres se habían divorciado hace unos años, por lo que teníamos una nueva paz familiar en la casa. Yo había dejado de ser vegetariano, evitando un orgullo espiritual que como todo exceso, no es bueno. Me sentía muy bien en lo físico, mental y emocional.

Sin embargo, noté que algo había cambiado físicamente. Un día me golpeé en la espinilla cuando subía las escaleras hacia mi casa, cortándome con el filo metálico. Normalmente, como si una especie de Wolverine, mis heridas se curaban sumamente rápido. Pero esta vez se hizo una roncha, luego otra y en un día ya tenía como cinco. A la semana no sólo no se había curado sino seguían saliendo capas de piel. Mientras tanto, algo similar había sucedido en mi cuero cabelludo: la caspa se había vuelto algo que conocemos como ceborrea, pero era realmente una especie de incesante crecimiento de capas como en mi pierna.

Fui a un primera doctora que dijo que era caspa, después de un examen a cuerpo completo. Me envió un tratamiento que no me alivió sino que empeoró: se fue a mi rostro. Corrí a otro dermatólogo que dio en el clavo: lo que tienes es psoriasis, una enfermedad que provoca que la piel, en lugar de regenerarse cada 21 días, lo haga cada 2 horas, acumulándose en unas ronchas que van desde el cuero cabelludo hasta el resto del cuerpo, especialmente en articulaciones. Me dijo que no afectaría sino la estética de mi piel, y según la gravedad, podría ser más o menos molesto. Me mostró casos de personas que lo tienen en todo el cuerpo, en toda la cara o como una caspa megapoderosa.

Me sentí aliviado porque no era algo crónico ni fatal y al mismo tiempo preocupado porque tenía una dolencia que me dijo que era congénita y de por vida. Ya saben, las etapas del duelo. Me envió unos medicamentos basados en esteroides para el cuerpo cabelludo y la piel, así como múltiples exámenes. Lo confieso, era terriblemente difícil y caro hacérselos todos, y la crema me aliviaba los síntomas poderosamente. Hasta que empezó a escasear, y luego mi cuerpo reaccionaba con más fuerza, y el efecto tardaba más y era menos duradero. Entré en una espiral que me impedía hacer algunas cosas: ya no me quería quitar la camisa en la playa, la piscina, al practicar algún deporte, mientras muchos amigos y compañeros de trabajo y amigos me preguntaban por esas ronchitas que parecían picadas de zancudo en los codos, los labios o los brazos.

Entonces leí sobre el Doctor Abel Poleo, exdirector del Centro Bolivariano de Investigación en Salud. Decía que había encontrado un tratamiento, basado en plantas de la Gran Sabana, que lograba arreglar esta respuesta insistente del sistema nervioso de regenerar la piel, formando escamaciones. Es decir, hiperqueratosis. Me costó mucho, mucho, mucho tiempo conseguir un cita con él, dentro de noticias más o menos reales, vídeos, sus cuentas en redes sociales con consejos y agradecimientos de muchas personas, así como la esperanza de recibir el tratamiento de forma gratuita a través del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales.

Finalmente, este lunes pude asistir con la doctora Gregoria Guanipa, quien estudió e investigó con él las enfermedades sistémicas. Su diagnóstico con un resonador cuántico que midió el funcionamiento de todos mis órganos y la explicación científica de lo que habían encontrado me dio una nueva perspectiva de vida, que al mismo tiempo hace referencia a lo que había vivido y aprendido antes. En una primera revisión, me alertó que los malos hábitos alimenticios, estrés no manejado correctamente y exceso de cortisol podría haber despertado un gen heredado de mi padre y mi abuelo.

Bioquímicamente esto produciría unos OH- (oxidantes) que roban calcio al cuerpo para poder desecharse, mientras generaran unos linfocitos T que llegan al torrente sanguíneo y de allí a la piel. La forma de combatirse eso sería reduciendo las circunstancias que "despiertan" al gen, y la cadena de reacciones que provoca en cada uno de los puntos: la sangre, la dermis y lo celular (mitocondrial).

En primer lugar: alimentación libre de carne de ganado vacuno, lácteos y derivados (no aptos para el adulto y cuyo ingreso en la dieta humana se masificaría en la II Guerra Mundial), enlatados, embutidos, aditivos químicos (cubitos, sabroseadores, salsas industrializadas), azúcar, jugos pasteurizados y bebidas en sobres. Tampoco la carne de cerdo, tabaco, chimó, alcohol o cigarrillos. Todos estos alimentos producen estrés oxidativo que lleva a la degeneración progresiva de la enfermedad. Por otro lado, puedo consumir papelón, leche de soya y queso de cabra o búfala.

Lo que sí: frutas, vegetales verdes con aceite de oliva, hortalizas y granos para la vitamina E y el calcio de forma natural. Frutos y semillas secas y cereales. De nuevo, nada de Corn Flakes ni similares, sino lo más vivo, crudo y natural posible. Entre las ideas que vuelven a mí, está el comer falafel, tofu, carne de soya y hasta intentar con productos que se han popularizado con el fitness, como la leche de almendras, y echar mano de lo que he aprendido con Deleite Cacao: dulcería para celíacos, intolerantes a la lactosa y diabéticos, que conocí gracias al Picnic Urbano. Unir los puntos hacia atrás, como dijo Steve Jobs en Stanford. Todo lo que hacemos nos lleva hacia donde vamos a ir.

Sobre los hábitos de vida: dormir de 10 PM a 4 AM para la reducción de cortisol y la regeneración celular (que no sucede si duermes después de esa hora). Lo confieso: un zombinauta nunca hubiese pensado en esto, ni un geek que ha pasado toda la noche despierto en la red. Pero me decidí a cambiar mi vida, aunque ya esté lejos de esos madrugonazos, tampoco estoy en lo que me recomiendan médicamente, dormir con todo apagado a las 9:30 de la noche. Además, regresar a la práctica del Yoga y tener recreación semanal, quincenal o mensual, hacer 30 minutos de ejercicio diario y un adecuado manejo del estrés. Para mí, parte de eso es escribir este cuento largo, como una especie de confesión para compartir la alegría del cambio y este nuevo reto por mi bienestar. Sí, estoy escribiendo esto en el blog del Irresponsable.

Toda esta información provendría de la tesis de grado que Poleo y Guanipa. Y claro, hay más. Dentro del cuerpo hay elementos bioacumulativos, oligoelementos y vitaminas, que hacen daño por exceso o defecto. Los metales pesados deben salir, algunos producto de fumar o ser fumador pasivo, lo ambiental o el agua. En mi caso por haber fumado. Mientras que el uso de los esteroides de forma consecutiva -que no deben usarse por más de 15 días- deja también ciertas implicaciones.

La segunda vez que me tocó cita, el enfermero del doctor Poleo me mandó a llamar. Me hice un pediluvio como él pide, otra resonancia cuántica y me examinó. Poleo es dermatólogo tropical y neuropsicólogo clínico. Tras una consulta para hablar de la vida, los síntomas y hacer un examen completo, me determinó que mi psoriasis no era ni por estrés ni por herencia: era una neurotoxina provocada por la permanente sinusitis, algo que tengo desde mi infancia con asma.

Lo que viene: además del cambio de hábitos, vida y mentalidad, quelaciones con EDTA para extraer los radicales libres y elementos tóxicos acumulados, un tratamiento que incluye un jarabe, jabón medicado y una crema, producidos por el propio Abel Poleo Romero (buenos apellidos para la profesión que eligió), y un tratamiento con un poderoso antibiótico llamado Amikacina, que combatiría la infección bacterial que termina afectando mi piel.

Luego vendría una sueroterapia con células madres y una vacuna de memoria inmunológica. Empecé el pasado 16 de septiembre, he cumplido la dieta en 98% (tengo dudas sobre el embutido de pollo y algunos errores involuntarios), lo que me quitó cierto sobrepeso, pero ha detenido la salida de nuevas lesiones mientras observo mejoras generales en mi cuerpo. Sé que me puedo curar completamente.

25 noviembre 2014

Batman y Robin atracan en Santa Rita

Con esta crónica me gané el II Concurso de Crónicas de la Universidad Bicentenaria de Aragua, núcleo Turmero, mientras era estudiante en 2008. Se basó en un informe policial que llegó a mis manos. Todos los datos son fidedignos, incluido el apellido del personaje principal, según revela una búsqueda en el CNE que posee a muchos más ciudadanos de origen árabe en el país que lo comparten.

Ariagnys Aguilarte tiene 19 años. Conoce muy bien a Francisco de Miranda, el barrio donde vive y trabaja. Cuando camina por las calles, se sabe de memoria los huecos de las aceras, los lugarcitos para meter el papelito entre rejas y postes de luz, las paradas de autobús con menos gente y cómo encontrar una tarjetica telefónica cuando en todas las panaderías le dicen que el muchacho de Movistar no ha venido.

Ella también se conoce a los bichitos de su comunidad. El vecino que se ha dedicado a protestar y trabajar por el barrio toda la vida, el viejito loco que se la pasa borracho y las más chismosas de cada cuadra. Conoce de héroes y tragedias y hasta de superhéroes, pero ese día no hay nada que le arruine la sonrisa, el cabello y las esperanzas.

Hoy hasta les tira un beso a los mecánicos que le han dicho piropos ginecológicos, salta un charco, lleno de papeles de helados, con gozo inexplicable y se mira en el vidrio de la puerta de una camión de patilla que está parado en frente a un negocio donde venden DVDs y televisores.

Ariagnys trabaja en un Centro de Comunicaciones en el Centro Comercial La Entrada, en la Avenida Generalísimo Francisco de Miranda en Santa Rita, estado Aragua. La siempre transitada vía la conocen los vecinos como Avenida Llano Largo. Es más corto y así no se confunden.

Hoy es 30 de mayo, viernes y día de cobro. Las farmacias, el restaurante, la cauchera y la venta de repuestos que están cerca de su trabajo, están llenas de gente. Hoy ha salido más temprano de su casa para llegar, le han dicho más y peores piropos y tiene ya varios mensajitos de texto preguntándole si mañana va a pagar el perfume que pidió por catálogo.

Aún así, Ariagnys cuenta las horas para salir del trabajo. Al día siguiente cumple 20 años.

La tarde trae lo de siempre: gente sin sencillo, llamadas que no caen, las que nadie hizo, cuentas por cobrar, espérame un momento que ya te traigo el dinerito y esperas porque la gente quiere hablar privadamente, dentro de una cabina. Pero ella sólo piensa en que su cumpleaños hace mucho tiempo que no caía sábado.

Cerca de las 4 de la tarde, entran dos hombres al local. Ambos son delgados. Uno es moreno, de cabello crespo y negro, con un pantalón marrón con degradados y una franela azul. Trae un bolso Converse azul con rayas. El otro es blanco, cabello liso, es más pequeño. Tiene cara de chamito. Carga una bermudas playera blanca con estampados, y una franela verde.

Ella conoce al mayor, su papá es árabe y lo tienen chalequeado en el barrio por su apellido, pero ella no se acuerda. Se muerde el labio al verlo afuera, frente al negocio, tratando de recordar y seguir disfrutando su tarde del viernes. ¿Será Ángulo?, piensa ella riéndose y se voltea a recoger un papel que se le cayó.

Al entrar, los dos hombres sacan sendas armas de fuego y apuntan a Ariagnys. No es una acción con cualquier pistolita de juguete y mucho guáramo, son unas “hierros” con historia. Una Jennings Fire Arms Brico y una Smith Swesson 9 mm, ambas solicitadas por el CICPC desde el 2006 por hurto genérico común en San Juan de los Morros y Maracay. Unas bichas buscadas por la policía.

Los asaltantes quieren todo: efectivo, celulares y hasta saldo. Cargan con 427 bolívares en billetes, 11 teléfonos nuevos y 13 tarjetas prepago con 215 bolívares en mensajitos y llamadas. El mayor de los dos, tiene 21 años y se llama Christopher Bachir Batman Castillo, según certifica el CNE, el cual también registra que Superman vota en Venezuela.

Menos mal que Ariagnys sigue sin recordar el apellido del tipo en medio del susto de tener las dos pistolas en el rostro y la rabia de arruinarle la víspera cumpleañera. Ella tiene miedo, quiere dejar atrás los dieci, quiere vivir para contarlo.

Según vecinos de la zona, Batman no tiene necesidad de delinquir, pero está metido en varias cosas raras. Su “Robin” tiene apenas 16 años. Los dos viven en el Sector Las Malvinas del barrio Camburito, también en Santa Rita. Son vecinos. No muy buenos

No hay cámaras, no hay gente entrando ni saliendo del local, pero hay testigos.

Dos personas más han visto lo que sucede. Alirio Lizardo es un cliente del Centro de Comunicaciones y se escondió dentro de una cabina telefónica cuando escuchó lo que pasaba. Ha llamado a la policía desde allí, tratando de no hacer ruido. Freddy Díaz, es un vigilante privado de la zona y ha salido corriendo a buscar ayuda, gritando por la calle que hay un atraco en el local.

En la esquina que se forma con la calle San Yeli Peña, donde está la Panadería La Caridad y un puestito de alquiler de teléfonos, se encuentran tres oficiales de inteligencia de la Policía de Aragua en una patrulla camuflada de taxi. Ellos visten de civil pero cargan las chapas dentro de la camisa. Uno está comprándose una malta, otro llamando por teléfono. El tercero está dentro del automóvil. La mayoría de los malandros ya las conocen y no se confían, pero así es el procedimiento.

Al escuchar la alerta del vigilante, se dirigen inmediatamente hasta el local, empuñando sus armas de reglamento, encontrándose con Batman y su compañero, quienes trataban de escapar. Ante la inesperada comitiva, hubo un intercambio de disparos, y los antisociales volvieron al Centro de Comunicaciones, tomándola como refugio y de rehén a Ariagnys.

También se disparan insultos y amenazas: ¡sal de esa mierda, marico! Arranquen de aquí, pacos mamaguevos.

La Baticueva nunca había parecido tan fuera de la ley como ahora. Batman se enconcha. Robin se arruga y Ariagnys quiere su feliz cumpleaños.

Es hora de negociar, de parlamentar. Vamos a hablar, pues. El Sargento Argenio Pinto trata de dialogar con los ahora secuestradores. La cosa se les agrava legalmente, les dice. Privación ilegítima de libertad. Batman y el chamito le dicen que entre al local, pero desarmado. Pinto entrega visiblemente su arma e ingresa al Centro de Comunicaciones. Sus compañeros se quedan en los alrededores, preparados para todo y llamando a los refuerzos. Son las 4:50 de la tarde. El viernes se enciende.

Dentro, el oficial trata de convencer a los asaltantes a entregarse, tratando de calmar a Batman, que se encontraba muy nervioso y apuntaba con su pistola a la cabeza de Ariagnys, que comienza a llorar mientras piensa que no soplará las velitas mañana.

Llegan 4 patrullas que bloquean el paso entre las calles Da Marzo y San Yeli Peña, que hacen esquina con la Avenida e impiden el paso de curiosos, que se amontonan. 3 agentes más se acercan al Centro Comercial y apuntan hacia adentro. Uno lo tiene en la mira. Un tiro limpio, en la frente de Batman, como en las películas. Sólo espera por la orden del Inspector Solórzano.

En ese momento, el adolescente, más asustado, entrega el arma y empieza a insistirle a Batman para que haga lo mismo, diciéndole que arriesgaban la vida sin necesidad. Nos van a matar, pajuo. Nadie sale del local. Batman insiste en que no se entregará ni lo sacarán vivo de allí. Un tipo como él no puede ir preso. El chamo insiste y se acerca al policía, que lo mira con el rabo del ojo.

Batman hace peticiones: quiere hablar con su mamá y con su novia. Parece que baja la guardia pero lo que quiere es despedirse de ellas porque no piensa entregarse. Con los riales o muerto, le dice a Pinto. El policía ve una oportunidad y le presta su celular. Batman habla con su mamá, la señora Alida. Luego, llama a su novia. Ella le dice que está en la esquina, junto al puesto de teléfonos. No la dejan pasar aunque les dijo quien era a los policías.

Él dice que la ama, pero no se va a entregar, que gracias por todo. Ella parece hablar muy fuerte por el teléfono. Informan por la radio al sargento que hay una chama que está histérica en el cordón policial, gritando por teléfono y pidiendo entrar para convencerlos de entregarse.

Mientras habla, Batman parece perder súperpoderes. Como usaba uno de sus brazos para retener a Arisgnys, la otra mano sostenía el celular y la pistola al mismo tiempo, dejando el arma guindando, ya no apuntaba a la rehén sino podía dispararse para cualquier lado. El ojo del agente lo apunta directamente. Solórzano le bajo el brazo. ¡Puedes matar a la jeva, guevón!

Hablan muchísimo. Batman abraza su botín. El adolescente está callado. Pinto está esperando. La gente chismea afuera. Es quincena, y viernes, mañana cumple Ariagnys, 20 años.

La novia lo convence. Batman se va a entregar, todo va a salir bien.

Uno de los efectivos va en busca del taxi/patrulla. Lo maneja en retroceso por la calle que está bloqueada y da la vuelta frente a la entrada del Centro Comercial que da al Centro de Comunicaciones. Batman suelta la pistola y libera a Ariagnys. Otro policía entra. Esposan a ambos delincuentes y se los llevan por una calle adyacente hasta el Comando Central “Antonio José de Sucre”, en la Avenida Constitución.

Toman las declaraciones del cliente que estaba escondido dentro de una cabina, del vigilante que salió gritando y de la ahora liberada encargada.

A salvo de Batman, el día siguiente, Arignys celebró su cumpleaños.