13 febrero 2026

Para Venezuela, deseo democracia (y no sólo unas próximas elecciones que pierda el chavismo para prohibirlo todo en una dictadura de derecha)

Photo by Gayatri Malhotra on Unsplash




Parece obvio, pero después del trauma de lo vivido tras 27 años de dictadura, de los populistas de derecha que se viralizan y de la depresiva pobre respuesta de la izquierda global, junto a la desinformación, muchos venezolanos confunden la democracia con elecciones libres que nunca ganaría el chavismo, y un nuevo régimen en el que todos los líderes chavistas van a la cárcel a ser torturados y se les prohíbe existir en política.

Pero lo dijo Guanipa antes que los memes afectaran la salud mental de los opresores: la democracia debe ser el gobierno de la mayoría con respeto de las minorías. Y hoy el chavismo es minoría.

Algunos lo criticaron por eso: quieren solamente venganza, que no trae paz, sino resentimiento y nuevas venganzas. La democracia no está en su mejor momento global. Las instituciones multilaterales han fallado, el relativo político y moral es manipulado a conveniencia en redes sociales, mientras hemos perdido el consenso sobre el orden global de respeto y cooperación.

Para Venezuela no hablo de olvido ni impunidad. La justicia implica verdad, reparación y no repetición. Porque el país deberá seguir siendo democrático para nuestros bisnietos. Pero hay desilusión. Con la ONU, con la Corte Penal Internacional, con todo lo que no fueron soldados americanos que se llevaron arrestado a Maduro en una operación de Hollywood.

Decenas de expertos coinciden en las palabras pero no el significado: para volver a invertir en Venezuela, falta institucionalidad. Y eso implica no sólo elecciones limpias, sino continuas. No una elección presidencial, sino que se hagan las elecciones que cada vez que toquen, siempre, con estabilidad y seguridad. No cuando convenga a quienes gobiernan.

Pero tampoco una dictadura de derecha, sino democracia, porque algunos creen que eso es para países libres o que funcionan. Es al revés, no hay ejemplos de gobiernos exitosos sin democracia liberal ni sus instituciones.

Eso implica que puedas disputar conflictos en un tribunal, en lugar de tener que pagarle sobornos a alguien o que un funcionario te extorsione. Que tengas libertad de prensa y expresión, lo que incluye criticar y quejarse, incluso burlarse del gobierno.

Porque retornar a la democracia no es sólo sustituir el chavismo, aunque sea pre-requisito, sino ir a un sistema que permita la libre expresión de las ideas y la disidencia política. Que tenga poderes independientes, equilibrados e institucionales.

No de derecha, no anti-chavistas, sino institucionales, regido por la ley y el orden jurídico. Lo que implica que el gobierno también está sometido a control, revisión y corrección.

No es eliminar partidos, sino que no sea posible que uno solo arrope todo sino que puedas militar o crear uno, si quieres.

Ayer leía críticas a la aparición de banderas de partidos políticos en la marcha del 12F. Parecen ignorar de dónde salen los liderazgos universitarios. Parecen ignorar la necesidad y el fruto de la formación política como expresión de quienes aspiran al poder.

Hay que decirlo, el chavismo sigue en expresiones de quienes dicen oponerse al gobierno. Por ejemplo, Chávez siempre satanizó los partidos.

Primero los que gobernaron antes que él, cuando se inventó lo de la IV República (que respondía al nombre y narrativa de su partido recién creado, el Movimiento V República).

Luego con el PSUV y con el Gran Polo Patriótico, quiso devorarse a todos los de izquierda, a los históricos y a los nuevos.

Quienes se opusieron a desaparecer fueron sometidos por el dúo maligno del TSJ/CNE secuestrados, quien se robó las siglas y los símbolos de los chavistas primero, y de los opositores después.

Nacieron las versiones chimbas de partidos nuevos y viejos, opositores y chavistas, que conocemos como los “intervenidos” y los “alacranes”, por haber traicionado a los suyos.

Y claro que hay que responsabilizar a los líderes político, a cada uno por su mala actuación, pero eso no pasa por destruir a los partidos políticos. Ni declararse anti-político (que termina siendo un eslogan de los nuevos liderazgos populistas, pero con partidos propios).

Quizás por eso algunos quieren eliminar el comunismo, pero es que eso ya sucede hoy.

El Partido Comunista está hoy proscrito por el chavismo, que se lo robó y se lo entregó a leales del PSUV por negarse a someterse. Entonces no es por allí que van los tiros de la democracia, si el chavismo hace lo que algunos aspiran para el futuro de Venezuela.

Caldera ganó su segunda presidencia con el apoyo de COPEI y el Partido Comunista. Teodoro Petkoff y otros ex-comunistas y socialistas estuvieron en el gobierno antes del chavismo. Fueron malos gobiernos, pésimos en algunas cosas, pero no migró el 30% de la población ni hubo inflación de 1.000.000% al año con decenas de miles de presos políticos, exiliados, perseguidos, inhabilitados, arrestados, muertos y heridos por ser opositores.

Otros van con la discusión bizantina de si comunismo y socialismo es lo mismo. Hay que combatir es el totalitarismo, que también tiene forma de fascismo y de nazismo (y no, no fue ni es un movimiento de izquierda, sino es de ultra derecha: racista, anti-migración y anti-gay). No más ultrismos. No más extremismos. No más relativismos morales.

A principios de febrero, María Corina Machado se reunió con el expresidente polaco y ganador del Nobel de la Paz, Lech Walesa, al que llamó “héroe de su juventud” al que le escribió una carta hace décadas, por pura admiración. A un sindicalista socialista.

Quizás por eso leemos algunos “radicales” que también se oponen a toda la oposición e incluso a ella. De nuevo, la anti-política que ayer trajo a Chávez y sus amigos en Latam, que hoy tiene la cara de Bukele, Milei y Bolsonaro. Y que detrás de sus avatares me hacen dudar si son realmente opositores, sino trolles del chavismo estatal.

Que no gobierne el pensamiento único, ninguno. Ni el woke ni el anti-woke. Quiero una democracia que se aleje del totalitarismo que primero se pinta de salvador y al final encarcela, persigue, acosa y prohíbe. Del que se alimenta de desinformación, de teorías de conspiración, de ataque al otro.

Quiero ir más allá. Aspiro a un sistema democrático en el que incidan distintos factores en la sociedad en la toma de decisiones. Que los partidos y los políticos tengan vasos comunicantes con ONGs, empresarios, grupos organizados y otras fuerzas vivas que puedan llevarlo a las instituciones. Que se consulte, debate, pregunte y pula cada proyecto con el aporte colectivo, aunque haya directrices políticas, no sean ni excluyentes ni sordas.

No más suerte ganando la próxima vez.

Qué perder elecciones no sea ostracismo, que puedas oponerte y criticar libremente, sin temor por tu existencia.

Democracia no es que sólo gobierne la derecha sino que más nunca nadie se apropie de la vida social y política.

Que no vuelva lo que pasó no es proscribir, es que los mecanismos institucionales no permitan que nadie se apropie del país por tener pico de plata. No más mesías, sino servidores públicos sometidos a la contraloría ciudadana.

Que al TSJ, al CNE, a la Fiscalía, a la Defensoría del Pueblo, a la Contraloría y la Procuraduría vayan expertos, académicos, profesionales experimentados y no legales al presidente que desvirtúan su función. Que los mejores tengan el sueño de servir públicamente.

Unos han hablado por años de “gerentes” en vez de políticos. Pero el Estado no funciona como una empresa privada. Hay que dejar de repetir esa falsedad sexy.

Implica habilidades distintas. Un gerente para el Metro, para SIDOR, para administrar el funcionamiento de una alcaldía quizás, pero la política requiere otras habilidades. El consenso, el diálogo, “la guerra por vías pacíficas”, el arte de los imposibles. La política es liderazgo, tomar decisiones muy difíciles y recordar porqué se necesita: seguridad, transporte, justicia, parques públicos, desastres naturales, programas sociales para quienes ni el mercado ni el voluntariado tiene respuestas.

Quiero una democracia, por tanto, intolerante a la corrupción y a los ataques al sistema democrático. Abierta al diálogo, el debate y la discusión sanas, pero no al discurso de odio ni a la demolición del consenso.

Quiero democracia, no sólo para mí, ni para los que sufrimos 27 años, no para hoy. Quiero democracia más larga, para hijos, nietos, bisnietos y la Venezuela que nunca veremos.

Democracia de alternancia del poder de forma pacífica, de la diversidad, de la paz de saber que cada gobierno, el peor o el mejor, se irá y vendrá otro, continuando la deliberación para el mejor destino posible.

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