31 mayo 2019

Vale of Pnath se baña de black metal y shred para presentar su tercer disco, "Accursed"

Otro gozo metalero. Después del discazo “Weeping Choir” de Full Of Hell, lleno de death tradicional mezclado con moderno hardcore auspiciado por Kurt Ballou así como power electronics que añaden texturas ruidosas y vanguardia experimental, aparece el nuevo EP de Vale of Pnath.
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Me sacó sonrisas de metalhead. Con bajista nuevo, Andy Torres, y una voz que exhibe un desempeño vampiresco –al estilo Abyssos-, con algunos adornos guturales, de parte de Reece Deeter -de Apotheon-, la agrupación de Denver presenta “Accursed”, con death metal técnico envuelto en aura de black metal.

El dúo de cuerdas de Vance Valenzuela (guitarrista involucrado en la banda de death metal experimental FLUB) junto a Harrison Patuto (de la banda de deathcore técnico Dissonance in Design) crearon cinco temas dinámicos que beben del metal técnico y el djent, jugando por igual con tiempos raros así como arreglos enrevesados. Y aun dejaron espacio para arreglos melódicos de bajo y las orquestaciones atmosféricas de Sean Ragan. Vale of Pnath deja un poco lo progresivo para adentrarse en las gélidos vientos del metal nórdico con su propio punto de vista: virtuosismo y experimentación.

La poderosa, veloz y metralla percusiva de Eric Brown complementa las guitarras que pasan de la oscuridad black/death al sonido melódico sueco, y otras veces son preciosistas con influencias neoclásicas y shred. El baterista, quien tocó en Inferi y Vimana, entre otras, es también miembro de las también experimentales-humorísticas bandas Nekrogoblikon y Swashbuckle así de como las chiptune-core Magic Hammer y Rainbowdragoneyes, lo que le sumó versatilidad al disco.

El cuarteto se pone entonces muy serio para exhibir su virtuosismo individual y colectivo escribiendo una épica progresiva, técnica y atmosférica, con oscuridad vocal, que junto al interludio e intro electrónicos, parece una versión satánica de las óperas rock de los grandes guitarristas de los 90. El EP está concebido para escucharse como un todo, más que piezas separadas, provocando una sensación de viaje por medio de cavernas llenas de reflejos en el agua, fantasmales sombras en las húmedas paredes y distintos paisajes. El final puede ser un mundo post-apocalíptico, un nuevo planeta en un cosmos paralelo o una realidad alterna.

El juego de palabras del título que mezcla Accused (Acusado) con Cursed (Maldito) es una clara señal de sus pretenciones artísticas. Un tour con Belphegor y Dark Funeral confirma este acercamiento hacia el black metal del disco.

Escúchalo aquí https://valeofpnath.bandcamp.com/album/accursed

28 mayo 2019

Adiós, zapatico cochinito, en Invítalo a comer

Todo empezó con un tuit de @alexval diciendo que tenía como dos años que no se compraba zapatos nuevos. Y el ofrecimiento amable de Amanda Rezende, una venezolana en Nueva York, de comprárselos. Y entonces inició la magia,co un gesto generosa de total desprendimiento.

Alex -a quien conocí en Valencia hace muchísimo, cuando éramos blogueros frenéticos y mantenemos contacto por Twitter- le dijo que mucho mejor sería comprarle ese par a uno de los niños que ayudábamos con "InvítaloAComer". Amanda aceptó el reto, me contactó, leyó sobre lo que hacíamos y se contagió de las sonrisas de los niños de "la escuela más bonita del mundo" junto a su esposo y su mamá.

Así el primer par se convirtió en dos, se multiplicaron en cuatro y llegaron hasta una docena. El corazón y los ojos se me salían con cada mensaje diciéndome que habían comprado más, que 6, 8, ¡12 niños! de San Vicente iban a estrenar zapatos nuevos. En marzo les habíamos podido cambiar los súper dañados zapatos de varios por unos usados en buen estado gracias a donaciones recolectadas por Silvia Garcia, causando alegrías y alivio.

Ahora eran seis niñas y seis niños a quienes les daríamos una alegría escasa en la comunidad Juana La Avanzadora, una invasión de viviendas de madera, zinc y latón, sin asfaltado, donde se encuentra el oasis llamado UE Padre Juan José Zugarramurdi de Fe y Alegría, en el Viñedo II.

El difícil rol de elegir a quienes les probaríamos los zapatos se los dejamos a las maestras de sexto, quinto y cuarto grado, quienes nos enviarían a los 12 con mayores necesidades. Unas segundas madres quienes los conocen mejor, los aconsejan y los forman.

Solo elegí a una, la niña que verán en ropa civil y unas muy gastadas sandalias, que había faltado ese día a clases porque su mamá no había podido lavarle el uniforme por falta de jabón y agua en la comunidad.

Bajaron de sus aulas sin saber qué esperar, frente a la puerta de la dirección le decíamos que habían sido seleccionado para una vacuna inyectada. Sus sus rostros pasaban del miedo nervioso por la inesperada medida médica a una alegría sorpresiva, que los dejaba sin palabras, abrazándonos con ternura.

Estaban tan emocionados que hubo que explicarles que la idea era que se los llevaran puestos. Que debían explicarle a sus mamás que se los habían dado en la escuela. Que explicaran su origen. Salían agradecidos y alegres, las maestras y sus compañeros les gritaban: "eeeeeeeso" y los abrazaban, felicitándolos. Tener algo nuevo es realmente poco común. En la escuela regalamos decenas de cepillos dentales a niños de 5to y 6to grados que siempre lo habían compartido con su mamá.

Un poco más difícil fue ver el rostro de niñas y niños a quienes los zapatos les apretaban o les quedaban demasiado grandes. Y eso que hacíamos concesiones para el crecimiento. Se quedaban viendo los zapatos, preguntando si volveríamos pronto con más. Otros más nos preguntaron luego si no habían quedado uno para él o ella. Niños siendo niños, pero a quienes les tuvimos que tratar de responder con la mayor amabilidad y comprensión que cada vez lográbamos ayudar a unos, tratando de abarcarlos a todos.

Hubo un compromiso colectivo: los zapatos son para ir a la escuela, jamás para dejarlos en casa. Y los compañeros estarían vigilantes.
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26 mayo 2019

Reseña - Con nuevos ingredientes progresivos, October Tide rescata al death/doom melódico con “In Splendor Below”

Fueron un clásico al final de los 90, regresaron 10 años después y ahora con su tercer disco al hilo, estos suecos recogen el testigo que sentí que dejó Opeth cuando se alejó del metal. Con “In Splendor Below” no vamos a escuchar enrevesados riffs con arreglos de Hammond como Borknagar ni interludios de piano, guitarra y voz limpia, tampoco psicodelia, sino un elegante doom/death embellecido con arreglos preciocistas de bajo/batería, una voz que dinamiza entre la agria agudeza y los cavernosos growls del death.
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Los hermanos Freddrick y Mattias Norrman, ambos fuera de Katatonia y co-autores del magnífico disco de Trees of Eternity, intercambian densos riffs melódicos, solos melancólicos y algunas florituras propias del metal progresivo, con ciertas influencias del black metal, incluyendo pequeñas partes con blastbeats y tremolo picking en un océano de neblinosa profundidad.

Los arreglos de batería, así como melodías producidas con el bajo, entradas a solos claramente setentosos, inevitablemente hacen pensar en una versión más cruda del Blackwater Park.

Especialmente gracias a la voz Alexander Hogbom (Demonical), que hace un trabajo de artesano con los coros, alargando sus gritos agudos para darle atmósfera al doom así como cavando buenas tumbas cuando se requiere. El trabajo vocal, junto a la producción y sonido del disco, me han conquistado.

El bajo y batería de Johan Jonsegard y Jonas Skold son el ingrediente secreto. Proviene de una escena alterna al metal. Ambos son miembros de la banda djent progresiva Letters from the colony mientras el batería también toca en The Night Time Project. Ellos son los que enriquecen este trabajo de guitarras que así como aúllan y machacan cráneos lentamente, agregan sus toques progresivos para acompañarse en un protagonismo colectivo. Mis favoritas son la inicial “I, The Polluter” y la penúltima “Seconds”.

Con el cierre de esta trilogía October Tide salva el death/doom melódico, tan escaso ante el culto que puede producir. Y regala esta joya que es imposible de parar de escuchar.

Puedes escucharlo aquí https://agoniarecords.bandcamp.com/album/in-splendor-below

24 mayo 2019

Flying Lotus: media década para producir Flamagra, una extraordinaria ensoñación de jazz-funk, hip hop y micro-canciones

 Flying Lotus, del rapero y productor musical Steven Ellison, me sorprendió con su copy-paste creativo de free jazz, hip hop experimental y electrónica con su disco “You´re dead” de 2014 en el que contó incluso con Ennio Morricone en uno de sus temas. Fue una experiencia homogénea, en la que te sentías sumergido en esa amalgama de capas, piezas de todos lados, influencias divergentes y un sonido cohesionado pero indescifrable.

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Ahora, tras cinco años de trabajo en un álbum basado en el fuego con colaboración de siete raperos, la mítica figura del funk electrónico psicodélico George Clinton, el exbajista de Suicidal Tendencies –el rapero Thundercat y co-autor de casi todos los temas- y una narración de David Lynch, llega Flamagra, una colección de 27 temas, en apenas poco más de una hora, en que se cultiva el jazz-funk, con una estructura más clara de canciones.

Así que hay muchísimos temas cortos, de apenas 90 segundos o menos. Parece una mejora maximalista de esos discos de beats, gracias a la banda de multi-intrumentistas que acompaña a Ellison. Así que además de muchos teclados, ahora escucharemos mucha de la habilidad como bajista y compositor de Thundercat, micro-momentos para repetir canciones como en tu propio mixtape y la posibilidad de repasar el disco como si se tratasen de los mejores bocetos que un artista ha decidido mostrar de una nueva etapa artística en su carrera.

No es minimalismo ni un trabajo incompleto, sino el uso de muchísimos menos elementos, no tanto electrónicos y mucho bajo, para crear un jazz-funk bien fabricado, pulido, de pequeños momentos, como si en una fiesta rotaras por muchos grupos para tener distintas conversaciones cortas durante toda la noche. Escuchas de todo de esa forma.
Así que además de un poco de soul, como podrías esperar, también hay un poco de oscuro IDM con beats “sucios” o distorsionados, que le brindan profundidad a un disco que en momentos también suena bailable o incluso en terreno del R&B.

Hay una inmensa calidad técnica en esta producción, que muestra la dedicación de media década en unir tantos géneros, distintas fuentes de inspiración y ángulos que aun así permite escuchar el disco de principio a fin como una experiencia completa, en lugar de una agrupación de temas inconexos. Hay una vibra general, casi siempre relajada salvo algunos sobresaltos que enriquecen la narrativa, entre la ensoñación y la alegría tranquila.

Recomiendo el tema “FF4”, súper funk, chill y sensual, con gran progresión de acordes, así como “Land of honey” con Solange y “More” con Anderson .Paak, donde escuchamos los extremos de calma y caos del disco. El primero es una especie de góspel cósmico de lenta inhalación mientras el segundo deriva de un poderoso jazz acústico a un rap/R&B bañado en funk. Con mucho de ambiente trip hop, es un viaje profundo desde las raíces hasta las nuevas formas creativas, en que la esencia del jazz emerge en cada poro, bañándolo todo.

Y Ellison apela así a sus genes, al ser sobrino nieto de John Coltrane, pero también presentándose como una de las nuevas grandes mentes creativas de la producción musical de la música hip hop para la década siguiente.

https://flyinglotus.bandcamp.com/

23 mayo 2019

Lingua Ignota: lidiando con el abuso sexual con música sacra y metal extremo

El metal es machista. No sólo por la abrumadora mayoría de hombres en las bandas, sino por miles de portadas, canciones y conceptos que celebran la violación, la mutilación femenina y la objetivización de la mujer como vampiresca esclava sexual. A pesar de las distintas conferencias y estudios que muestran que las mujeres están allí para rockear, conectándose con los temas denunciados por bandas de thrash como lo podría hacer cualquier hombre, que el afamado diseñador de logos Christophe Szpajdel trabaja con un colectivo feminista en EEUU o la entrada de las letras feministas en el death metal con Venom Prison, la escena ha sido señalada antes por temas de racismo así como conservadurismo para considerar qué es o no “true metal”. El ejemplo más reciente enfrenta a lo que sí es metal con el deathcore, el metalcore e incluso con el grindcore, así como los capítulos de exclusión musical –así como fanatismo político en los foros- de la Encyclopaedia Metallum – Metal Archives.

Y allí entra Kristin Hayter para refrescar. Para afrontar la dura experiencia del abuso sexual, ella creó en 2017 un proyecto musical llamado “Lingua Ignota” que bebe de la música espiritual católica, el barroco, el black metal, la power electrónica y el death metal industrial. Su disco “All bitches die” fue relanzado por Profound Lore Records después que sus conciertos se llenaran por el boca a boca.
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Ella primero estudió piano y voz en la academia para luego hacer un postgrado en artes interdisciplinarias en Chicago, presentando una provocativa tesis llamada “Burn Everything, Trust No One, Kill Yourself” (Quema todo, no confíes en nadie, suicídate) para lidiar con la normalización del abuso sexual en medio de un ambiente machista como la escena del noise en Sacramento, California, a la que pertenece quien abusó de ella.

Usando gritos guturales agudos así como elevados tonos de soprano, piano clásico, guitarras distorsionadas, noise electrónico y potentes baterías, la compositora estadounidense es una especie de mezcla de Diamanda Galas con Tori Amos, que al juntarse con el dúo slugdge/noise The Body ha aprendido a presentar una versión alterna como sobreviviente de una relación tóxica y la anorexia.

“Ha sido una revancha magnífica” le dijo a The Guardian. Sus presentaciones, asegura, son como un exorcismo, un reto para el público que no suele estar acostumbrado a lidiar con las impresiones del artista de estar ante una audiencia, por lo que sorprende con sus aterradores gritos metaleros.
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Con solo cinco temas, uno de 15 minutos y otro de 12, Kristin se pasea por todos esos elementos con picos emocionales muy agudos. Varias veces, quizás en medio de una tristeza por las circunstancias de vivir en Venezuela, me llegaron durísimo al pecho con desembocadura lagrimal.
 Es como celebrar un dolor, sentirse poderoso por gritar como un vikingo rabioso ante la adversidad, no como catarsis sino como expresión de valentía. No estoy vencido, sino fortalecido. Y luego implorar a Dios, con humildad y despecho, para conectarse con algo inevitable e trascendente pero incontestable. El destino, la vida, la existencia es así. Hayten le dijo al diario británico que estaba obsesionada con la iconografía católica. Y sabemos que eso implica santos, vírgenes y profetas mártires que alcanzan la salvación por medio del sacrificio y el dolor, una purificación ígnea.

Después de la cara amarga del primer tema, “Woe to all (on the day of my wrath)”, que oprime el corazón al alternar gritos desgarradores, ruido, piano y caricias vocales, Kristin nos ayuda a elevar nuestra voz en el templo con “God gave me no name (nothing can hide from my flame)”, una declaración de fortaleza interior con voz soprano, órganos y pequeños trozos de ruido/percusión.

En “All Bitches Die (Bitches All Die Here)”, tema homónimo del disco, revela sus fantasías de venganza torturadora contra su agresor pasando de música sacra a narraciones gótica como lo haría Galas, con minimalismo orquestal de fondo. Aquí es cuando llama pecadoras y perras a las mujeres, describiendo varios episodios de violencia de género a los que sobrevivió. A la mitad de la canción llega burbujeando ruido electrónico que deja atrás los pequeños sonidos amables, abriendo paso a una infernal pero corta secuencia de disonancias en piano y voz, para volver a ser una perversa Tori Amos.

En “For All The Light (and mine is the only way)” se revela de nuevo agria, gutural y destructiva pero mezclando ruido con órganos. El tema más cercano al black metal depresivo en esencia, me recordó a una respuesta a Nine Inch Nails, con una frontalidad espiritual que se hunde en una declaración de guerra.
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El disco termina con nuevo con sacralidad. “Holy is the name” (on my ruthless axe)” donde impregna el mundo de una bellísima interpretación vocal que se pasea del chamber pop al estilizado canto ceremonial del “Ave María”.

Escúchalo aquí https://linguaignota.bandcamp.com/album/all-bitches-die-2

22 mayo 2019

Reseña - “Weeping Chorus” eleva el nivel de Full of Hell con su death-hardcore-noise

Tenía mis reservas con Full Of Hell después de haber escuchado la colaboración con The Body. Pensé que se trataba de otra banda haciendo experimentos sónicos con sludge, noise y drone que no me conectan con nada. He tratado de apreciar el género pero no está en mis favoritos, como el blackjazz o el death progresivo, incluso la experimentación vanguardista con instrumentos extraños o mezcla de géneros.
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Y me alegra equivocarme con ellos, pues el cuarteto de Pennsylvania ha llenado el corazón de gozo con su hardcore – death – power electronics de “Weeping Choir” de mayo de 2019.

La primera docena de canciones del disco muestran una brutalidad, oscuridad y rudeza en piezas de menos de dos minutos. Música extrema que mezcla la visión abrasiva y moderna de la ingeniería de Kurt Ballou, con la herencia de batería feroz y hábil del death metal y guitarras distorsionadas, tocadas perversamente, con ánimo destructor. Vale destacar la excepción de “Rainbow Coil” de tres minutos con extraños arreglos percusivos sobre capas de ruidos industriales, de ametralladoras e instrumentación espasmódica. Le sigue “Aria of Jeweled Stars”, con los riffs más elaborados y progresivos que aún continúan con el martilleo electroacústico de fondo y “Downward”, con mucho más parecido al death metal tradicional.

Luego hay otro break con “Armory of Obsidian Glass” de casi 7 minutos para una seguidilla de otras cuatro furiosas ráfagas de noisecore metálico. El tema más largo del disco empieza lentamente, con sonidos drone que evolucionan a un doom death con largos chillidos vocales, agrios y distorsionados. Tras cinco minutos de una versión industrial del black metal depresivo, la canción apela a la voz y piano de Kirsten Hayter, nueva heroína del metal extremo feminista, para luego combinar su etérea voz de fondo con un baño de lluvia ácida.

El disco remata con canciones que echan mano de todos sus recursos, como el death metal tradicional en poco más de un minuto como “Silmaril”; esa combinación extraña con la manipulación electrónica, el hardcore y las capas de gritos junto a densas guitarras de “Angels gather here”; el grindcore experimental con saxofón al estilo Naked City de “Ygramul The Many” y cierra con “Cellar of doors”, mezcla de death con noisecore.

Hora de repasar las atrocidades sónicas de esta banda. Escúchalo aquí https://fullofhell.bandcamp.com/album/weeping-choir

21 mayo 2019

Perrocalientes "con aliños", así complacimos a los niños de Invítalo a comer en San Vicente

Después de complacer la petición de las mamás de servirles pollo guisado con ensalada, que los niños se comieron con un gusto enorme, queríamos ahora dibujarles una sonrisa gigante mientras combatimos la deserción escolar y la desnutrición. Así que el 29 de abril les llevamos perros calientes de salchicha de pollo con ensalada rayada y papelón con limón a los 300 niños de la UE Padre Juan José Zugarramurdi II de San Vicente, al sur de Maracay.
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Junto a Milipza Meneses y su novio Orlando, Araibel Muñoz, Diomar Castellanos, Enrique Garcia, bajo el liderazgo de Aruska Hernández y el amor de la señora Carmen, de las mamás colaboradoras, llenamos las caritas de salsa rosada y sorpresa porque habíamos hecho caso de sus deseos.
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"¡Perro caliente, trajeron perrocalientes!", decían los niños que se asomaban a la puerta de la cocina para saber qué habíamos traído con "Invítalo a comer" en esta ocasión.
Los más pequeñitos requirieron aydua de nosotros y las maestras para poder comerse el perro que lucía inmenso y difícil ante ellos, los más grandes se reían porque "el perrocaliente tiene aliños" para referirse a la ensalada rayada que les pusimos a todos, con el requisito de comérselo completo.
Vimos a niños que se comieron primero la salchicha, otros que la dejaron de último y siempre el recuerdo agridulce: "no recuerdo cuándo fue la última vez que me comí uno", contaron los más grandes.
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Recuerdo cuando se cobró la primera beca de los cuatro estudiantes que salieron de la escuelita de Fe y Alegría a liceos públicos en San Vicente. Además de comprarles útiles y ropa interior las mamás contaban que pidieron comerse un raspado o un perrocaliente.

Una de las becas se acercó con su hermana, de 15 años, a punto de graduarse y con una bebé pequeña. Ninguna de las dos había desayunado. Devoraron dos perrocalientes con devoción.
Pero lo más emocionante fue recibir los boltines de notas de nuestros becados, ubicados entre el décimo y cuarto puesto de su salón. Parece que las pizzas educativas, el pabellón maternal y el pollo adorado están dando resultados. Las mamas orgullosas aspiran a más: "ya le dije que tiene que ser el primero", dijo la mamá de Jorge, quien acaba de traer al mundo a sus morochos, séptimo y octavo hijos de la familia.

Lo menos agradable fue saber que el turno de la tarde está a punto de desaparecer. Los niños van ahora casi todos en la mañana porque las maestras no pueden trasladarse.

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