16 noviembre 2023

Celebrar sinceramente los éxitos de mis amigos

 Alegrarse sinceramente por los éxitos de tus amigos, tus familiares o incluso tu pareja, sin envidia ni celos, requiere de un verdadero crecimiento interior.

Celebrar con verdadero gozo, sin reservas, que alguien obtenga reconocimiento, éxito o prestigio puede ser inspirador pero es más fácil escribirlo. Es más fácil pensar desde la escasez, en la que consideras que sus triunfos son un obstáculo para el tuyo, que ese triunfo debió ser tuyo o incluso que te lo arrebataron. Entonces la alegría es hipócrita porque eres más inteligente, más trabajador, más consecuente, más tenaz, simplemente mejor.

También es posible que creas que ese éxito, que a veces ni siquiera es en algo que te importe, a lo que te dediques o que desees, puede llevarte a victimizarte: ella ganó porque yo la ayudé, porque el mundo está contra mí o porque jamás van a reconocerme como merezco, como escribí antes, pero también podría haber recriminación: no he ganado porque no he hecho lo suficiente, porque no aprovecho las oportunidades, porque he sido un tonto que dejo pasar las ideas por miedo, por flojo, por pena, por prejuicios.

Y entonces los logros ajenos se vuelven una zarza dolorosa de culpas y reclamos. Como cuando un papá te pregunta porqué no eres tú el mejor de la clase, porqué no eres como tu hermano, tu prima o un amigo, porqué eligieron a otro alumno en lugar de ti. Quizás provenga de allí la recriminación. También podemos haber vivido el menosprecio por logros que nos importaban: eso no te va a llevar a nada, de eso no podrás vivir, eso es inútil. Allí el miedo a atreverse, a probar cosas distintas, a encontrar caminos novedosos puede estar empedrado de traumas y malos recuerdos.

Yo me alegro y celebro a los demás. Cuando suben sus fotos a Instagram de lugares maravillosos, cuando están alegres por sus nuevos trabajos o porque vivieron algo único. Porque eso no te exime de tener también una buena vida, de ir a esos lugares y porque de verdad, nadie está viviendo tu vida, aunque te parezca que hace o experimenta lo que tú desearías. Todos tenemos también problemas, sufrimientos, silencios dolorosos, deudas y bemoles.

No hablo de ver desnudos a los demás, sino de saber sopesar lo bueno y lo malo, que viene y va, y que cuando seas tú el que esté arriba, vas a querer que a quienes quieres se alegren de verdad por ti.

14 noviembre 2023

Reseña Día Metal del Rock Al Parque Bogotá 2023

Por segundo año consecutivo puedo venir a una tradición bogotana que cumple ya 29 años

El sábado 11 de noviembre llegué temprano, con ganas de ver a Mashkera, una banda caraqueña que tiene algunos años arraigada en Bogotá y que era parte de la Convocatoria Distrital que organiza la Alcaldía Mayor de Bogotá para seleccionar agrupaciones de mediana y larga trayectoria para ser parte del festival. Para la edición de 2023 se seleccionaron 20 agrupaciones que estarían en las tres tarimas en cada uno de los tres días de Rock Al Parque en el Parque Simón Bolívar.


Así Mashkera, Munnopsis, Poison The Preacher, Info, Thelemata, Tears Of Misery, No Dependiente, Ataque de Pánico, Libre Elección y Epilepsia DC, la mitad de las seleccionadas, representaron a la capital en el Festival durante el día del metal. Puedes ver acá toda la programación.

Arrancamos el día con Mashkera, oriundos de Caracas pero radicamos en Bogotá en junio de 2017 -el año de la gran huida- bajo un sol ajeno a la costumbre lluviosa de Rock Al Parque. Con un estilo claramente influenciado por bandas del groove, thrash y crossover, dieron un inicio potente al Festival, creando el primer pogo de los tres días e interpretando casi al final su versión de Roots Bloody Roots de Sepultura.

Luego fue el turno de Munnopsis, con un género similar pero más inclinado al heavy metal. Esta banda de Facatativá, Cundinamarca, cumplió su cometido mientras la mayoría de los asistentes aún recorrían los zonas de comidas, baños y de exposición. Tienen un disco 2023 bajo el título Ozymandias.

Ya con los ánimos en ebullición llegaron los mexicanos de Here Comes The Kraken, que con su metalcore dejaron una impronta de potencia y melodía desde Aguascalientes. Puño arriba, algo de activismo social y una muy buena puesta en escena con una de las bandas que se está colando en la escena internacional.

Lamentablemente después de estas primeras buenas horas de distorsión y dinamismo, llegó lo que probablemente haya sido el momento más bajo y aburrido del día: las danesas de Konvent. Aunque había escuchado varios temas interesantes antes de verlas, su presentación en vivo fue un total desastre. La música balanceada aunque un poco baja con una voz gutural absolutamente monótona, estática y muy poco creativa. Era una sola nota repetida una y otra vez, sin imaginación ni matices, salvo unos segundos de shrieks fue una banda extrema que parecía prometer con su propuesta de sludge/doom para salir sin pena ni gloria.

Por suerte todo quedó atrás cuando llegó Poison The Preacher, con una buena mezcla de hardcore/trash que nos dejó de nuevo en buena onda. La banda bogotana tiene apenas seis temas en su haber, pero bien producidos. Ruidosos, densos y con una buena dosis de energía, recomiendo este split con PsycoMosher para escuchar sus dos temas más recientes.

Finalmente los platos fuertes del primer día empezaron con los alemanes de The Ocean Collective. Sin amilanarse porque Air France les dejó varados los instrumentos, equipos y equipaje hicieron gala de su progresivo/experimental/jazz/metal con una impecable dirección de su vocalista. Nos sumergieron en sus conceptos de eras geológicas, su música única y arreglos brillantes. El sonido no fue el mejor y se notó que algunas cosas fueron menos producidas que con instrumentos propios, con algunas pistas sustituyendo los detalles épicos que serían difíciles de trasladar en vivo (como los golpecitos de las baquetas contra el herraje de la batería).

Lamentablemente las larguísimas filas para los baños nos quitaron tiempo de todas las bandas, por lo que vimos presentaciones parciales. Sin embargo, In Flames se lució en grande. A pesar de un sonido al que le faltó potencia, hicieron una recorrido casi completo de toda su discografía, incluyendo incluso el tema “Behind Space” de Lunar Strain, cuando aún cantaba Mikael Stanne mientras Anders Fridén estaba en Dark Tranquillity.

Y aunque omitieron canciones de The Jester Race y Colony también the Battles, su disco más alternativo, mientras echaron mano de un trío de temas de Foregone (reseña), que significó un regreso durante 2023 a lo que mejor conocemos de la banda: parte de los que crearon el “sonido Gotebörg” con algo de los arreglos más electrónicos y algo menos metaleros que vino después, sin caer en los excesos que los hizo asumir una estética numetal a principios de los 2000. En resumen, los suecos dieron cátedra de un buen concierto para un gran público, conquistando nuevos corazones y complaciendo fans de vieja data, a pesar de falta de decibeles en el festival.

El final de mi día fue algo atropellado pero divertido. Los últimos temas de Overkill eran una fiesta de pogo, thrash, locura y decenas de gritos de fuck you. Con un sonido general muy superior, pudimos escuchar la genialidad de cada instrumento y la voz potente de Blitz animando a un público que hacía pogos y acompañaba las peticiones hipnóticas del cantante. La banda podría haber tocado horas y horas con la mayoría del público extasiado por el ambiente. Un gran final para mi segunda edición.



12 noviembre 2023

Thirdsphere, metalcore portugués con profunda maldad de la vieja escuela con SYZYGY

Prefiero el metalcore que el deathcore. Y no me niego a bandas que exhiben gran calidad técnica, fusión progresiva y sinfónica o detalles industriales, pero no me gustan las voces tipo pig squeal ni a veces el sonido percusivo y cerrado de las guitarras del djent y/ thall.

syzygy.jpg

Y los portugueses de Thirdsphere me lo reconfirman. Su disco de diciembre de 2017, SYZYGY, es arrollador. Riffs afilados y con tiempo raros, una batería que hace todo su trabajo de marcar con fuerza, voces que mezclan shrieks y guturales profundos e invitados que le agregan arreglos épicos. Esto último se puede ver replicado en “el nuevo sonido sobre viejas técnicas” que aplicó Kampfar en su Ofidians Manifest, de 2019 para renovar su black metal pagano.

Los portugueses agregan distorsiones alternativas para hacer interludios en sus canciones, con unos puentes que van de lo brutal a los arreglos con voces limpias, lo que demuestra una inmensa versatilidad del cantante, para volver a los ritmos asincopados y distorsión industrialoide propios del género.

Hay mucho de death metal tradicional en las influencias, lo que se refleja mucho más claramente en su vocalista, diverso y dinámico, que además magistralmente los tonos propios del género extremo, incluso a veces a nivel del brutal o el grindcore, también añade sonoridades del hardcore y voces gritadas.

Mi tema favorito es definitivamente “Broken Bones”, porque sus líneas de voz en el coro y puente, perfectas para cantar en los conciertos. Un clásico inmediato pero los nueve temas, más el instrumental, son una obra cohesionada.

Una de las extrañas y divertidas características de este quinteto es que desde 2008 tocan juntos en exclusividad, este es su primer disco después de un demo, dos EP, un compilado y un sencillo, por lo que han hecho una calmada carrera independiente.

Sus dos invitados son Mendel bij de Leij e Andrew Ivashchenko. El holandés fue para hacer las guitarras líderes mientras el ruso, vocalista de The Haarp Machine (progressive death metal) agrega voces en un tema.

Lo escuchas aquí https://thirdsphere.bandcamp.com/

Mezcla Deftones, Radiohead, black y postmetal para encontrar la fórmula de Oceans en "The Sun And The Cold"

05 noviembre 2023

Scorched Moon se tragó todo el heavy metal europeo para transformarlo con space rock progresivo y operístico en Obsidia, su debut

Yo quiero ser como Ruth de MTV Latino en los 90 para recomendarles artistas antes que sean grandes. En sus programas, especialmente Nación Alternativa, pude ver a Korn, Atari Teenage Riot, Beck y Björk antes que fuesen estrellas de la programación musical y artistas de culto del desenfado. Cuando escucho una banda o artista que no conocía, que me sorprende, de la que no tengo mayor conocimiento, corro a saber qué saben Angry Metal Guy, Sputnikmusic, Discogs, Spotify, Deezer, Bandcamp y Encyclopedia Metallum, y por supuesto, Instagram,  para saber si me estoy perdiendo de un clásico que se me había escapado, alguna joya underground o un debut extraordinario.

Y así uno va coleccionando maravillas en su playlist como Scorched Moon, un cuarteto de metal progresivo de Georgia, Estados Unidos. Con una gran presencia de arreglos de teclados, sintetizador y piano alrededor de un concepto de ciencia ficción sobre el espacio exterior, es una receta en que parece que escuchas a Yes tocando heavy metal progresivo europeo. Las combinaciones de guitarra y batería en tiempos intrincados y el bajo virtuoso sirven de acompañantes a temas con muchas voces operísticas, arreglos sinfónicos y space rock.

En Obsidia se escuchan arreglos que casi rayan en versiones más extremas aunque avantgarde de bandas como Æther Realm (a cuyo cantante invitan a un tema), Unexpect o Wintersun aunque en ningún momento entran al área extrema, sonando más a un Queen muy progresivo que a Obscura. Esto a pesar que la mezcla y masterización estuvo a cargo de Charles Alexander Parra, guitarrista de la banda de power / black Paladin. Acá no hay jazz ni black metal, sino progresivo en distintos ángulos.

Este disco me dejó como cuando escuchas uno de tus cassettes de la adolescencia con los mejores temas de los discos que te criaron entre los 13 y los 17 años, entonces combinaste las raras, las que te hacen brincar, las que te hacen hacer instrumentos del aire para intentar seguir los arreglos únicos, está también alguna balada y terminas con el clásico como grand finale.

Oriundos de Georgia, Estados Unidos, está conformado por Jade Edge en las baterías y producción; Trapper Lanthier en las guitarras; Michael Sanders en el bajo (quien toca en la banda de black metal progresivo Tómarúm) y Matthew Boatwright en los teclados, con los cuatro encargados de las distintas voces aunque tuvieron cuatro invitados en uno de sus temas y Vincent Jackson Jones de Æther Realm en otro.

Imitando a Ruth entonces les digo, escuchen a Scorched Moon. Es difícil saber si estarán compartiendo pronto notoriedad como Leprous o Haken, si con el tiempo se parecerán más a Caligula´s Horse o a Vale Of Pnath aunque perderles la pista suena como una mala idea si te interesa este género.

Los puedes escuchar acá, gratis, en Bandcamp: scorchedmoon.bandcamp.com/album/obsidia.



24 septiembre 2023

Descubriendo a Augusto Bracho, el cancionista latinoamericano que nació entre Caracas y Ciudad de México

Tengo un vicio. Cada vez que escucho un álbum musical o conozco un artista nuevo, quiero saber todo sobre sus miembros, dónde han estado antes, qué más han hecho y qué quieren hacer. Algo así como el árbol genealógico musical. Como sospecharán, a veces eso lleva a interminables consultas en línea, muchísimas pestañas y a escuchar discos viejos y nuevos, que hubiese querido escuchar antes, joyas novedosas con un par de días en el mercado y a encontrarme que fueron también artífices de otros discos maravillosos que me gustan.


Así encontré a Augusto Bracho, del cual no sabía nada. En una entrevista que le hicieron a Jorge Drexler en El Estímulo por su concierto en Caracas a finales de septiembre de 2023 -diez años después de su última visita y a la que pude asistir- le preguntaron por el artista venezolano del que yo creía no saber nada. El uruguayo dijo que escuchó uno de sus discos muchísimo hace unos años, que había coincidido en alguna sala pero que a pesar de la admiración, nunca se habían conocido y que aspiraba a trabajar con él alguna vez.

Encontré su página web, que lo presenta como un “cancionista latinoamericano” que había nacido en Caracas en 1986 como Gustavo Guerrero y un especial sobre Augusto Bracho en Radio Nacional de Colombia. En principio no entendía bien si estaba ocultando su origen venezolano o si se presentaba de una forma más amplia. Luego entendí era su alter ego, bien construido, que se presenta como el “heterónimo” del artista Gustavo Guerrero.

Su disco Música Moderna (2022), consta de nueve canciones de bolero que el cantautor compuso entre 2020 y 2021 en Ciudad de México, en el cual asume en soledad con su guitarra, lo que da claras pistas sobre la admiración del autor de “Mi guitarra y vos”. El disco, que también se conoce como Boleros actuales sobre la fantasía de un migrante, tiene temas como “Yo te recuerdo, Caracas”, “En Chapellín” y “Cruz del Ávila” en que con sumo romanticismo venezolano, suena totalmente latinoamericano: arraigo, desarraigo, nostalgia, cosmovisión, placer y sufrimiento de nacer, vivir y moverse en el Nuevo Continente.

No sólo le declara su amor a la capital venezolana, que sabe que ha perdido como un amor que fue inmenso pero al que hay que dejar atrás, sino dice antes de cerrar el disco de 36 minutos:

“Se está formando una orquesta

que no tiene documentos:

es la música moderna

del gran baile curandero…”

El disco fue producido por Nacho Mastretta, aparece Laura Itandehui en la canción «Cruz del Ávila» y la ilustración fue realizada por Andreina Vallés.

También encontré que sus cuentas de redes sociales no se actualizan desde diciembre de 2022, justo cuando se notificó el asesinato de El Tigre de Mazatlán, Jorge Tirado, junto a su hermano y su tío abuelo. Tirado era el manager de Augusto.

En una entrevista de Juan Carlos Ballesta en la revista La Dosis en que noté que sí conocía a Augusto Bracho pero como Gustavo Guerrero. Fue el guitarrista de una de mis bandas favoritas, Bacalao Men, en el disco Sabaneando (2011) y había estado en agrupaciones que había leído, y aunque no recuerdo con exactitud, escuchado también: fundó el power trío Cunaguaro Soul y luego fue parte de Cabezon Key, además de ser guitarrista del disco Bichos de Raúl Monsalve y Los Forajidos, una joya de percusión afro-venezolana con Latin Jazz futurista que es obligatorio escuchar, y que yo apenas había disfrutado con el disco Volumen 2, por la participación del baterista de jazz venezolano Orestes Gómez.

De la entrevista lo que más me llenó de emoción fue saber que desde 2012 era el director de la orquesta de Natalia Lafourcade, que lo descubrió en Argentina -donde había migrado para estudiar música y diseño gráfico- para luego ser responsable para la traducción en vivo del disco homenaje a Agustín Lara para luego participar de lleno en la creación de Hasta La Raíz (2015) -en la que comparte con Augusto en la canción “Vámonos negrito”- y los dos Musas (2017 y 2018), donde Gustavo musicalizó la hermosa “Tú sí sabes quererme” junto a Los Macorinos.

Y aunque ya había publicado Primer Acercamiento Al Mito (2014) bajo el seudónimo, el nacimiento real de Augusto Bracho fue con El Mercado de Los Corotos (2018), justo cuando se separa de la apretadísima agenda laboral de la artista mexicana.

Antes había publicado Pajarera Vertical con José Ignacio Benítez (Domingo en Llamas), grabó las guitarras del disco Algo sucede de Julieta Venegas (quien además recomendó su disco Música Moderna) y un disco con el caprichoso título de “Antología 2” bajo el nombre El Conjunto con Martín Bruhn (que son versiones del cancionero latinoamericano con mucha percusión e instrumentos de cuerda latinoamericanos folclóricos) y que incluye la gaita zuliana “La Bella del Tamunangue”, el golpe tuyero “La ciudad de los siete templos”, el exito noventero “Un merengue sin letra” y hasta la cumbia “Cariñito” que más recientemente popularizado Lila Downs.

Este disco fue grabado en España en 2014, mezclado en México y publicado en 2016, aunque fue presentado cuando Gustavo/Augusto ya no trabajaba con Natalia para presentaciones en vivo.

¿Y el hilo detrás de los miembros de los distintos miembros de las bandas?

Raúl Monsalve, de Raúl Monsalve y Los Forajidos, donde tocó Gustavo Guerrero, había tocado el bajo en kRé, una banda de jazz rock que sólo pude ver una vez en vivo en Caracas, con dos discos de culto llamados “La radio está en la cocina” y “Ruido doméstico”.

07 septiembre 2023

The Orb de Gorod: furia melódica envuelta en death metal técnico y black metal progresivo desde Francia

El metal francés está viviendo un momento de gloria. No estamos sólo hablando del whalecore de Gojira con sus riffs extraños, sus reflexiones existenciales y su combinación cultural de progresivo, metalcore y rock alternativo. En el post-metal es obligatorio hablar de Blut Aus Nord, The Great Old Ones y Alcest, del black metal contemporáneo, enrevesado y orquestal de Deathspell Omega, de la innovación de Year Of No Light, de las nuevas voces del metal extremo en Svart Crown o Aosoth.


Y acá entra Gorod, con su séptimo disco, The Orb. Después del extraordinario Æthra de 2018, ahora la banda de Bordeaux, Francia, trae una mezcla poderosa, rápida y furiosa de  blackened death metal, death técnico y metal progresivo que asombra tanto por la capacidad de interpretación de los músicos como por sus guiños con el sonido de Göteborg así como su capacidad de producir intrincados arreglos de batería y guitarras. 

Es posible incluso escuchar influencias no metaleras -como pasa con Wintersun- que se materializarn con su canción final, una versión prog-extrema de Strange Days de The Doors. Vale recordar que en su primer EP; cuando aún eran mucho más death metal técnico, ya versionaban a Cynic.

Salido apenas en el segundo mes del 2023 se perfila como uno de los discos del año, al combinar magistralmente la crudeza del metal extremo con una habilidad técnica impresionante, conservando la mayoría de la potencia y la energía oscura de sus orígenes estilísticos. 

Si algo lo diferencia sobre otros discos y artistas parecidos como Beyond Creation u Obscura es que aunque lo técnico sobresale, no es abrumador en su virtuosismo, sino que hay mucho espacio para la brutalidad, para una voz cavernosa e incluso algo old school que a veces arropa demasiado e incluso para guiños percusivos sin llegar al jazz metal dentro de una narrativa melódica y armónica que le da sentido a todo el disco.

The Orb no posee un equilibrio, sino que se inclina por un sonido extremo que deja ver lo técnico en lugar de una banda súper hábil que distorsiona sus rarezas. Un balance que aunque se inclina hacia lo extremo, no hace que sea denso e indescifrable sino que la sensación primordial sea la lanzarse al pogo, cabecear y disfrutar de los riffs melódicos hiperrápidos, que transforman la paz en caos. Pero al mismo tiempo te da oportunidad de deleitarte si escuchas cuidadosamente, al detallar claramente cada instrumento. 

Hay partes black metal, mucho blast beats, intermedios limpios y una dinámica que se balancea con partes de metal progresivo.

En las voces, salvo en la versión, está Julien "Nutz" Deyres, quien viene de la banda de deathcore técnico Zubrowska. Las baterías están a cargo de Karol Diers, quien sustituyó a Samuel Santiago, conocido por otras bandas con altísimos niveles de complejidad técnicas como Black Crown Initiate, Melechesh o First Fragment.

En el bajo se ocupa Benoit Claus, quien también es miembro de The Great Old Ones. Las guitarras están a cargo de Mathieu Pascal (que además compuso los ocho temas del disco) y Nicholas Alberny, ambos invitados a hacer solos en el grandioso álbum II de los estadounidenses Vale Of Pnath.

Si quieres escuchar este discazo, está acá https://gorodmetal.bandcamp.com/album/the-orb

Te dejo otras reseñas de excelentes discos de rock progresivo:

"Mayhem in blue" de Hail Spirit Noir: rock psicodélico y espacial con voces desgarradoras

Thank You Scientist – The Perils of Time Travel, el inicio de la banda de rock progresivo con instrumentos de jazz

05 septiembre 2023

Desde 2018 se reducen las visas colombianas para venezolanos, especialmente trabajadores

Cada vez es más difícil obtener una visa de trabajo en Colombia. Después que la resolución 5.477 de 2022 entrara en vigor con un nuevo régimen de visas, los casos de solicitudes inadmitidas y rechazadas se volvió recurrente. Lamentablemente fue la última medida migratoria del gobierno de Iván Duque, después de varios años de bienvenida y medidas que fueron aplaudidas en el mundo.

Esta decisión, que tomó vigencia en 2023, incluso afectó a varias empresas de tecnología en Colombia porque varios empleados venezolanos no pudieron obtener su segunda o tercera emisión de visas porque los requisitos eran más duros que los anteriores. Esto afectó a extranjeros de todas las nacionalidades, pero considerando que los venezolanos son el 85% de la diáspora en Colombia, nos afectó especialmente.

La necesidad de certificarse localmente como ingenieros para trabajar como desarrolladores de software o una carta motivada de parte del empleador que señalara la idoneidad del extranjero por encima de otros posibles ciudadanos colombianos para el cargo se suma a varios cambios, además de la avalancha de inadmisiones, que llevaron a varios venezolanos a solicitar el Permiso de Protección Temporal (PPT) para poder quedarse en el país o buscar los servicios de abogados en un país con poquísima tradicional jurídica y cultural de recibir migrantes.

Solicitar y obtener una visa, así como la subsecuente Cédula de Extranjería, no sólo está atada exactamente al tiempo del contrato laboral, lo que te deja en un limbo si después de varios años, no consigues una renovación del contrato o si por un retraso pasas más de 15 días sin visa vigente, sino que es costosa. Si todo sale bien, pagarás 450 dólares por todo el proceso de estudio y emisión, más otros 60 dólares por cedulación. Pero si la inadmiten, deberás pagar otra vez los 55 dólares del estudio.

Un reciente libro de Maryluz Vallejo documenta cómo Colombia también persiguió a judíos que huyeron del nazismo o chilenos que fueron perseguidos por Pinochet. El propio censo de 2005 lo revela: poco más de 112.773 mil extranjeros vivían en Colombia antes que en 2017 se disparara el flujo migratorio de venezolanos que huían de una Crisis Humanitaria Compleja, que combinaba violación de derechos humanos, crisis económica, ruptura institucional, escasez, inflación y malos servicios públicos, incluyendo los de salud pública.

En ese año se estimaba que habían 50.033 venezolanos y que los extranjeros representaban 0,2% de la población general. Ahora, con 2,4 millones de migrantes -según datos 2022 de Migración Colombia- o casi 3 millones según números más recientes que la misma institución luego despublicó de su web, así como del repositorio R4V, estaríamos hablando de 6% de la población general.

Y no sólo afecta a ingenieros, aunque especialmente a ellos, pero la tendencia de aprobación de visados para venezolanos en Colombia va en franco declive, especialmente a partir de 2017, cuando tras la agudización de la escasez de medicamentos y medicinas, las violaciones de derechos humanos en la represión de las protestas ciudadanas y la inflación, aumentó drásticamente la gente que salía del país, muchos a veces caminando, sin más posesiones que las que tenían encima.

Al año siguiente el gobierno de Juan Manuel Santos instituyó el Permiso Especial de Permanencia (PEP), que ayudó a regularizar a cientos de miles de venezolanos que habían ingresado al país sin ningún tipo de visado. Y en mayo de 2021 arrancó el Registro Único de Migrantes Venezolanos (RUMV) como parte de la implementación del Estatuto de Protección Temporal para Venezolanos (ETPV) que creó el Permiso de Protección Temporal (PPT), documento único que sustituía al PEP y otros permisos similares, para darle a los venezolanos acceso a servicios de salud, educación, empleo y seguridad social como un ciudadano colombiano.

Después que durante los últimos diez meses del gobierno de Iván Duque se aprobaran, imprimieran y entregaran cerca de 1,5 millones de PPT, esta cifra se redujo muchísimo. Apenas 400 mil PPT durante los primeros 13 meses de Petro, bajo la premisa del nuevo director de Migración Colombia, Carlos Fernando García Manosalva, que el sistema estaba colapsado, que no los técnicos no tenían explicaciones y que la mayoría estaba esperando cerca de dos años por el documento, con verdades a medias, exageradas o totalmente erradas, sino insistiendo que los venezolanos migramos por razones económicas debido a las sanciones de Estados Unidos sobre Venezuela, eximiendo de responsabilidad al gobierno de Maduro.

Una revisión de las estadísticas, actualizadas mensualmente en el Portal de Datos de Colombia, sobre el otorgamiento de visas colombianas a ciudadanos venezolanos, revela las tendencias de este trámite. Por ejemplo, en 2022 se aprobaron un promedio de 473 visas al mes. Durante este 2023, con datos hasta el 3 de septiembre de 2023, se han otorgado un total de 3.567 visas. Restando las 53 que la base de datos arroja para septiembre, se estima un promedio mensual de 439 visas.

Dentro de este contexto podemos ver cómo desde 2018 hay una caída importante de visados otorgados. Encontrar las causas no es evidente, tampoco lo arroja la base de datos de inmediato. Puede ser que menos profesionales venezolanos consiguen o son buscados por empleadores colombianos o que menos eligen Colombia para ejercer independientemente (esa visa pide que certifiques ganancias actuales por unos 2.500 dólares mensuales), pero otra razón puede ser la documentada desde 2022 y 2023 con una política migratoria que cambió con el nuevo gobierno de Gustavo Petro, en que se redujo la aprobación de PPT, aumentaron las redadas policiales contra migrantes y hasta se rechazaron permisos por decenas de miles, a veces por haber cometido una infracción leve como pasar una luz roja o usar mal la mascarilla en el transporte público.

En las siguientes infografías muestro cómo han bajado desde 2013, cómo en 2018 esta reducción se hizo más aguda y la evolución de quienes vienen a trabajar a Colombia -o sus visas son aprobadas-, enfocado especialmente en los profesionales de la ingeniería.

Puedes verla acá también: https://infogram.com/visas-colombianas-para-venezolanos-1h984woyw9d7d6p?live

Lea también:

Dos años en Bogotá: con contrato y visa también hay duelo migratorio

¿Qué es el Atlético Deportivo Once Caldas?

Reluciente, Rechinante y Aterciopelado, una joya en vivo del regreso de Andrea y Héctor