08 enero 2019

Feliz Navidad desde la escuela más bonita del mundo


Superar las adversidades saca músculo, curte la piel, forja el caracter. Lo que funcione para ti para describir la sonrisa nerviosa de 300 niñas y niños, el esfuerzo del personal y la emoción de decenas de madres y padres durante el último día de clases. Los alumnos están sentados alrededor del pesebre, esperando su turno para representar el nacimiento de Jesús, hablar de la alimentación sana en medio de la crisis o cantar. Los animan sus maestras, que le soplan al oído las líneas ante el miedo escénico y el coordinador, quien toca la guitarra en cada acto y dirige la ceremonia, sea para rezar, cantar el himno, aplaudir más fuerte y darles la palabra. Juntos son pulmón, corazón y mente de "la escuela más bonita del mundo".
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Hoy me senté en medio de los niños de 4to grado. Nos llamaron los adultos para agradecernos, pero eran los pequeños quienes más nos querían allí. Me acomodé en el piso, con la idea de tomar fotos pero fue todo al revés. Me hice mis primeras selfies con ellos, luego les presté el teléfono para que tomaran fotos y videos de ellos, de los actos, de la escuela. Empoderarlos con un gesto pequeño, que ellos siempre me devolvían con un gracias después de un por favor. Estaban felices, pero lo avisaban: "me tomas fotos cuando me toque a mí".

Se derrite el corazón ver a los niños disfrazados de pajecitos, de reyes magos y hasta de ovejas. Los disfraces adaptados a la realidad que viven, pero con la celebración de la Navidad en el corazón. En medio de la carencia, esta época del año parece cobrar un nuevo sentido en Venezuela: la rebeldía de hacer diez hallacas en medio de la pobreza, de adornar un poco la casa, de añorar a la familia. La escuela Padre Juan José Zuagarramurdi de Fe y Alegría Venezuela también puso su nacimiento y su arbolito, para que los niños pusieran sus cartas al Niño Jesús. Muchas simbólicas, deseando lo mejor para todos. Una me parte el alma. Le dice al bebé por nacer que "como las cosas están muy caras" acepta que este año le regale cualquier cosa, pero que si no puede que le traiga a su familia de vuelta para estar juntos de nuevo. Hay una posdata: si puede, le traiga un portaminas.
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Y es que no todos están. En cuarto grado está el hijo grande de Yaritza, quien era madre colaboradora y ahora vive en Colombia. "Mi mamá viene el 15", me dice emocionado. Aunque no sabe qué pasará luego de año nuevo. La maestra de sexto grado, que era extraordinaria y valiente, lidiando con prevenir el consumo de drogas y la sexualidad temprana, se tuvo que ir. Lo contó antes con pesar. Consiguió un trabajo más cerca de su casa con cargo fijo en el Ministerio. Nos dolió a todos. También una de las mamás de uno de los niños becados se fue para Perú. Fui hasta la casa de la abuela, a unos 50 metros de la escuela con su exmaestra. La señora se alegró porque los 10 dólares mensuales -que les damos en bolívares- son ahora más que el nuevo sueldo mínimo de 4.500 soberanos. "Bendito sea el señor", me dijo. Luego me lo escribió de nuevo por Whatsapp.

Ese día, lunes 3 de diciembre, usamos el pequeño comedor de la escuela para servirles a los niños de primarias y sus propios salones en la planta de abajo a los preescolar. Nosotros también estamos superando dificultades, saliendo mejores que antes. No hemos podido comprar toda la comida hecha salvo las cachapas a un señor de Palo Negro. Así que mandamos a hacer la ensalada de gallina y volvimos a pedirles que hicieran el cochino frito en la escuela. La señora Carmen y su hija, que tiene a su hijo en la escuela, se encargaron de hacerlo amorosamente. Luis Cataño fue de nuevo el maestro de los jugos y Aruska Hernández coordinó la entrega de la comida. De nuevo nos acompañó Vanessa Victoria Novoa, quien no paró de cantar y bailar mientras servía a los niños. Sonaban gaitas y parrandas en un equipo de sonido. Estábamos en Navidad, así comenzaba.

Yo me encargué de sentar a los niños, que se dieran espacio, preguntarles si les gustaba, que se comieran todo. Estaban felices, saboreando, celebrando. Conté con la fuerza maternal y espiritual de Carmencita Rodriguez para ello. Tomaban jugo, se reéian con cada cucharada. Feliz Navidad. Me llamaban para decirme: "está sabroso". Uno de los niños me dijo: para la próxima traigan pollo rostizado. Anotado, chamo. Me lo preguntaron mil veces: ¿cuándo vienen otra vez, cuándo vienen, cuándo vuelven?. Enero entonces parece tan lejano, no se va el año tan rápido.

La bebé que lloró la vez pasada, que quiere ser médico, comía alegremente. Me saludó. También los otros dos a quienes tuvimos que insistirles en comer. Hoy estaban limpiando el plato. Pero ahora otros querían llevarse parte de la comida para sus mamás y hermanitos. Algo de insistencia con cada mordisco. Es muy raro ver a un niño de 7 años comer con vergüenza de hacerlo. Allí, en la comunidad Juana La Avanzadora de San Vicente, al sur de Maracay, también hay que decirle a los niños que se coman todo, pero no por desgano, sino porque quieren compartir . Y es extraño decirles que coman todo porque queremos ayudarlos. Así que lo hice con humor, como un regaño alegre, comiéndome toda tristeza, era un juego bonito. Nadie lloró esta vez. Un niño lo dijo mejor: "esta cachapa está muy buena, no voy a dejar nada".
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La solidaridad que nos permite dar este almuerzo navideño, y otro el próximo 13 de diciembre, así como becas, donar libros o reparar la infraestructura se ha vuelto muy bondadosa estos últimos meses en que la inflación y la escasez nos puso en aprietos. La escritora Miriam Meza nos donará parte de las ganancias de su libro más reciente; el artista plástico Daniel Arzola envió se unió a nuestros donantes y planea hacer una exposición benéfica, Jorbelys Perez Oviedo organizó un potazo en una clase de Yoga en Fuerteventura, Islas Canarias, donde les dio arepas con caraotas a alemanas, italianos y franceses y una venezolana que hace 11 años se fue del país hizo una colecta que logró enviar una tonelada de ropa a Venezuela, así como hacernos una donación para esta Navidad desde Doha, Catar. Gracias a quienes hablan bien de nosotros por el mundo, entre otras, a Anahi Brown, te queremos. Además, pudimos entregar más cepillos dentales gracias a Aliya Edoo Alewine. Ya no tendrán que usar el de su mamá, como nos cuentan. Les dejamos guardados muchas más cosas: sacapuntas, borradores, lápices de colores, que los esperan cuando en 2019 vuelvan a la escuela más bonita del mundo.
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Gracias especiales a Enrique Garcia y Diomar Castellanos, fajadísimos con nosotros en logística, transporte, fotos, abrazos, compañía, mentoría, ideas y valentía. También les presté el telefóno a los niños para llamar a Enrique, para su sorpresa. "¿Cuándo llegas? Somos de aquí de la escuela", le decían.

Feliz Navidad, panas, chamos y chamas, mi gente dentro y fuerta de Venezuela. Feliz Navidad.
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