18 enero 2019

Periodista es el que hace periodismo, y por fin lo dice la RAE


No hay una definición universalmente aceptada sobre qué significa ser periodista. Por lo tanto, hay frases célebres, ensayos, libros y disertaciones, como las que conocí en el Curso de Especialización en Periodismo del Tecnológico de Monterrey. Y así lo he transmitido a mis alumnos. Sin embargo, cada palabra tiene una definición en el diccionario. La Real Academia Española (RAE) ha cambiado la de “periodista” y “periodismo”.

Estos cambios surgen tres años después que Ramón Salaverría, profesor, periodista y bloguero español, iniciara una campaña por Twitter con la etiqueta #nuevadefinicióndeperiodista, escribiera una entrada en su blog y finalmente una petición formal a la RAE. Con Salaverría he tenido el placer de ver clases en un MOOC de MiríadaX sobre “Redacción en internet” y compartido un coloquio en la UCAB sobre periodismo de datos. Él estuvo conectado por Skype.

Así las cosas, antes el diccionario definía periodismo como “captación y tratamiento, escrito, oral, visual o gráfico, de la información en cualquiera de sus formas y variedades”, que ha actualizado a “actividad profesional que consiste en la obtención, tratamiento, interpretación y difusión de informaciones a través de cualquier medio escrito oral, visual o gráfico”.

Por otro lado, la definición de periodista mejoró aún más. Tenía dos acepciones: “la persona legalmente autorizada para ejercer el periodismo” y "persona profesionalmente dedicada a un periódico o en un medio audiviosual a tareas literarias o gráficas de información o creación de opinión" a la única de “persona que se dedica al periodismo (actividad profesional)”.

El cambio ha complacido a Salaverría quien lo cuenta en su blog, por incluir todas las etapas de construcción de la noticia, incluyendo el tratamiento, la interpretación y la difusión.

El estudioso español también ha alabado que sea definido como una actividad profesional pero además porque define la identidad propia y particular del periodismo, eliminando además lo opinativo sin base en lo informativo, esencial principal del periodismo. Es decir, usted puede hacer periodismo de opinión pero no toda opinión es periodística.

Pero Salaverría insiste es que bueno lo que dice como lo que no dice: abre el espacio para quienes trabajan en medios digitales existentes o futuros y no sólo quien hace un trabajo literario o gráfico, pero no hace periodista al que opina sin base en la información. Es decir, que no se enfoca tanto en el quién sino en el qué. Y no puedo estar más de acuerdo con su emoción por la definición de periodista: es quien hace periodismo.

En Venezuela hemos tenido ese debate. Desde el mal sinónimo de comunicador social con periodista hasta confundir el papel de Luis Chataing o Mario Silva, obvios comunicadores, con el del periodista, que informa basado en un proceso, ahora mejor definido en la RAE, incluso para opinar, bien sea por redes sociales, blog, radio, televisión o periódicos.

Saleverría le ha salido al paso a que no diga “información veraz” porque señala que “si un mensaje periodístico no es veraz, no es información”. Yo lo hubiese dicho de otra forma, señalando que si no es veraz no es periodístico. Pero entiendo el hilo de su argumento en que no existen las “fake news” por ser un oximorón, un imposible, una negación.

La noticia, como producto periodístico, no puede ser falsa. Entre los factcheckers que nos reunimos en LatamChequea 2018 en Buenos Aires, Argentina, por invitación de Chequeado, se concluyó que habláramos de “desinformación”. Es decir, mensajes no periodísticos dudosos o meramente falsos: desde mentiras dichas en el discurso público hasta cadenas de Whatsapp o publicaciones en redes sociales con textos, fotos o videos alterados, obsoletos, descontextualizados o creados para confundir, pero no por periodistas.

Incluso en el caso de usar fotos de lugar o fecha equivocado, no se produce tras un proceso periodístico –que puede fallar- sino dentro de la loca carrera por publicar primero, la información “fast food” y la proliferación de personal no suficientemente formado y/o supervisado en medios de comunicación digitales.

Veo los cambios muy interesantes, porque pasamos de la visión legalista del periodista a la de profesión. No es graduarse o registrarse para ejercer. No es el comunicador social de forma generalista sino quien ejercer el periodismo, lo que abre el espacio a más gente en medios digitales pero no a quien confunde título con oficio.

Es decir, tener un título de Comunicación Social no te hace periodista, sino ejercer el periodismo, con o sin ir a la universidad y escribiendo desde un blog. Todo pasa por el qué: el proceso que realizas.
Así que una modelo, un actor o un locutor no son periodistas, aún graduados de la Universidad y apareciendo en TV, si lo que hace no es periodístico, es decir, de forma profesional y cumpliendo con el método. Si habla de chismes, anima u opina alegremente no es periodístico.

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