28 febrero 2024

Re de Café Tacvba, 30 años después: la obra maestra del rock latinoamericano que aún hace reflexionar y bailar

En 1994 me gradué del colegio, con apenas 16 años. Por eso años, cuando llegaba a la casa, mientras almorzaba, ponía rápidamente MTV. Entonces pasaban a Marilyn Manson, a Korn, los Unpplugged, muchísimo grunge, música electrónica, britpop, pop punk, rock alternativo y en nuestra señal: MTV Latinoamérica Norte.


Así estuve expuesto a una diversidad asombrosa de rock latino, desde programas especiales como Raizónica con los estrenos y debuts hasta la rotación fija de videos, clásicos y nuevos, como el que finalmente fue el Video MTVde La Gente de 1995: Ingrata, de Café Tacvba, en el cual Rubén Albarrán (entonces Cosme) aparecía con el cabello de rojo, con unos "cachitos" y luciendo y cantando una ranchera punk.

Así se asentó profundamente mi devoción por el rock latino que se desbordó en agrupaciones mexicanas como Café Tacvba, Maldita Vecindad, El Gran Silencio, Jumbo y Plastilina Mosh, Los Aterciopelados de Colombia y Los Pericos, Los Fabulosos Cadillacs, Fito Páez, Actitud María Marta y Todos Tus Muertos en Argentina, los chilenos de Los Tres, Los Tetas y Tiro de Gracia de Chile o Libido de Perú. 

Hace 30 años se publicó Re, producido por Gustavo Santaolalla, grabado entre Estados Unidos y México, y que la revista Rolling Stone la calificó como el mejor disco de la historia del rock latinoamericano, superando a discos de Cerati, Aterciopelados, Los Fabulosos, Os Mutantes, Babasónicos, La Maldita, Charlie y Julieta Venegas.

Realismo mágico y punk
Un disco extenso en géneros y lleno de temas ideales para ser videoclips o hits radiales. Un álbum memorable, compuesto de 20 canciones en menos de una hora, que va desde ritmos folclóricos y tropicales latinoamericanos como el mambo, el merengue dominicano y la samba mezclado con ska, punk, funk, grunge y hasta metal. Un disco en que resalta el uso de instrumentos folclóricos de cuerda como la jarana, el guitarrón y tololoche junto a multitud de instrumentos electrónicos, como el melodión (el tecladito con un tubito para soplar). 

28 años después de su lanzamiento la revista musical volvió a entrevistar a Santaolalla, quien explicó que las primeras canciones en demo le gustaron tanto, que les pidió insistentemente que hicieran más, lo que convirtió en el segundo disco de los Tacvbos en un álbum doble. Su eclecticismo, su versatilidad y su extenso universo, que también se resume en cada canción que tiene varios géneros unidos, que van desde las raíces hasta lo moderno, explora todas sus influencias. Su éxito de ventas, alrededor de 500 mil copias, lo pone a la par, conceptual y comercialmente, del White Album de The Beatles.

Después de este disco, el rock latino cambió por completo, influenció a otros, aparecieron discos de rock latino con más y diversas fusiones con géneros locales e internacionales, dando vida a una cosecha de múltiples artistas que experimentaron y jugaron, superando lo que antes era solo "rock en español". Con letras ampliamente inspiradas en la literatura latinoamericana y universal, que demuestra la intelectualidad de sus integrantes.

Las canciones
El disco empieza extraño -como fue la respuesta inicial del público mexicano- con El Aparato, una extraña crónica sobre la abducción extraterrestre de Pablo, que queda casi demente después de la experiencia, que se cuenta con instrumentación electrónica y folclórica para hacer ese juego de terrestre-extraterrestre.

Le sigue el clásico Ingrata, una ranchera punk, con una letra sexista y típicamente ranchera, fue recientemente descrita por Albarrán como producto del desconocimiento y falta de sensibilidad sobre la violencia machista. Un coro extraordinario, un himno que incluye un final con una vocalización tan heroica que se incluye la profunda respiración para terminar la infinita frase.

Le sigue El Ciclón, una de mis letras favoritas y una de las canciones más divertidas, en que se toca una especie de rap-funk con clavinete, que transmite como El Aparato, el paralelismo entre hacer una canción con un ritmo contemporáneo tocado con instrumentos antiguos o lo contrario.

Yo, flecha
Flor, polen, flecha
Abeja, oso, pez
Flecha, agua, sube, nube
Llueve, árbol, flecha
Oxigeno, flecha, pulmón

El concepto contrario parece estar en El Borrego, una confesión de alguien que dice adaptarse a la tendencia del lugar donde esté: un día es punk y al día siguiente un pacifista, le gusta lo tropical o el metal de acuerdo al circulo social en el cual esté, pero se toca con un furioso rock industrial, la antítesis de la letra.

Me gusta aventar piedras, me gusta recogerlas
Me gusta pintar bardas y después ir a lavarlas
Y en las tocadas la neta es el slam
Pero en mi casa si le meto al tropical

Le sigue otro clásico y otras de mis favoritas, el bolero Esa noche, desgarrador y cortavenas. 

Del folk se vuelve a miradas totalmente urbanas en varios temas, el primero es 24 horas, que hablan del frenesí de vivir en una gran ciudad, siempre corriendo en medio de la inmensidad, a ritmo de baterías electrónicas acompañadas de instrumentos de cuerda. Esto se recupera luego en El Metro, que con ritmos muy movidos y muchos sonidos de transporte público, parece que pasas la mayoría de tu vida yendo y viniendo, tanto que parece que nunca sales de allí y finalmente en La Pinta con algo de rock grunge, perfecto para el año de edición del disco, aunque en esta última ya no hay una nostalgia por un amor que no termina de concretarse por andar ocupado en la locura citadina.

Los temas son cortos, así que vas pasando por este collage de ritmos, colores y sensaciones a toda velocidad. En Ixtepec vuelven a combinar una perspectiva latinoamericanista, de forma más bien onírica con una melodía de instrumentos de cuerda acústicos y una base de música electrónica, arreglos midis y un coro pop, más un remate filosófico con el que se entiende este disco: todo vuelve a comenzar, volvamos a escucharlo.

Después de esta ensoñación, con la misma idea de rasgados de guitarras y algo de techno en el fondo, está Trópico de Cáncer, en que Albarrán hace las dos voces: el del empleado petrolero que decide "dejar el gris del cemento por el verdor" y el del antiguo jefe que igual humanistas e indigenistas con "retrogradistas", diciéndole que aún hay mucho qué destruir en favor del progreso. Una genialidad letrista al combinar poéticamente, y de forma ocurrente, versos que contienen palabras tan gruesas como hidrocarburos, sin sonar panfletarios sino sabrosos.

El fin de la infancia, el décimo del disco, es una canción rebelde y de actitud punk pero con música norteña, con mucho viento y ritmo bailable, que explica porqué este disco conquistó a gente como Beck -quien los invitó a una gira por todo Estados Unidos- y David Byrne -quien también se enamoró luego de Los Amigos Invisibles- que incluso podrían recordar a la banda Beirut. La canción, cantada casi de forma incomprensible por su rapidez y complejidad, invita a bailar como acto de rompimiento con los estándares culturales, como hace la canción.

Segunda parte
Aunque aún no se cubren 30 minutos, la otra "mitad" del disco empieza con la satírica Madrugal, un bolero cortísimo que tiene letras irónicas sobre la belleza de la arquitectura y el color local, según se le mire. 

Entonces tenemos la doble canción psicodélicas Pez/Verde, que empiezan y terminan de la misma forma, se reproducen inmediatamente una detrás de otras y en las letras se fusiona la historia del dolor del animal al ser capturado y su transformación material en un ciclo infinito que vuelve a empezar, como estas canciones.

Vida, tú que eres verde no me hagas tragar tu caliz
O es que quieres que encuentre la muerte
Ir allá contigo estar como aparte de ti
Manaties cocodrilos, me tragan, me procesan, me hacen de ti

Para continuar lo que es una genialidad, luego está La negrita, una samba que habla de migración con mucho sabor para pasar a la biográfica El Tatloani del Barrio, que habla de cómo se conocieron los papás del vocalista de Café Tacvba, que inevitablemente te hace pensar en crónicas latinoamericanas de realismo mágico, en que la verdad y la ficción se confunden en una región en que lo inexplicable y lo inverosímil se convierte en cotidiano, lo paranormal en común y lo extraordinario en costumbre.

A diferencia de otros discos, el final está lleno de canciones memorables, obligatorias para los conciertos y hasta para ser versionadas. Así le damos paso a Las Flores, mi canción favorita de la banda en toda su historia. Empieza como una especie de corrido/joropo que pasa rápidamente a un ska acústico que evoluciona con la letra, en que pasa el tiempo de un día y la vida, hacia electrónica psicodélica. 

Y seis veces para vivirte
Debajo de una misma Luna
Y otras nueve pasarán para
Sentir que nuevas flores nacerán

Cuando crees que puedes aflojar, viene El baile y el salón primero y El puñal y el corazón después. Primero hay una canción conocida por el coro Paparupapa eu eo (memorable en sus en vivo), suave, rítmica y que continúa con la combinación de instrumentos acústicos y bases techno, que parece ideal para el final de una película romántica (y medio punk) para luego dar rienda suelta a una canción que echa mano del bossanova, del mambo y finalmente del merengue, con un violín veloz, que te hace bailar hasta desmayar para superar el desamor ya tocado en La Ingrata, Esa Noche y El Metro.

El final no podría ser más perfecto: una canción a medio volumen, un jazz ligero, que apenas se escucha, a medio ritmo entre la balada y el swing, de menos de dos minutos sobre dos esclavos, hijos de indios y negros.

Ré es un disco basado en libros que evoca a escenas cinematográficas, que te hace bailar con folclor y ritmos latinos producido por músicos amantes del punk, del ska y del rock que presentó estos ritmos a nuevas audiencias, que conquistó corazones latinos y del mundo gracias al impulso de MTV y de críticos. Una "biblia del rock latinoamericano" que le cambió la cara a la región, al género y a las propias audiencias.

Un disco para cantar sus elaborados versos, para apreciar su instrumentación compleja y para bailar, así sea lleno de pensamientos filosóficos, pensando en injusticias sociales y deudas históricas en Latinoamérica, para bailar. Con canciones que tienen guitarras distorsionadas, mucho punk o letras enrevesadas, para bailar. A pesar de su visión ecologista, de protesta e ideológicamente de izquierda: ¡para bailar!

Los músicos
Además de Albarrán, compositor y cantante, el disco/banda está completado por Emmanuel del Real en teclados, piano, melodión, caja de ritmo, voz y coros; Joselo Rangel - guitarra acústica y eléctrica, jarana y coros y Quique Rangel - tololoche, contrabajo y guitarrón.

Entre los invitados estuvieron:
*Gustavo Santaolalla, quien además de producir el disco hizo el solo de guitarra acústica en "El baile y el salón".
* Tony Peluso (guitarrista de The Carpenters) en las pistas salvo La Pinta.
* Harry Scorzo - violín en "Esa noche" y "El puñal y el corazón"
* Roberto Hdez - banda en "El fin de la infancia" y trompeta en "La ingrata"
* Luis Conte (percusionista cubano clásico y de jazz) - percusión en "La negrita" y "El puñal y el corazón"
* Grupo Cielo y Tierra - coros en "El aparato" y "Trópico de cáncer"
* Ramón Stagnaro, solista peruano - requinto en "Madrugal"
* James Mason - saxofón en "El puñal y el corazón"
* Renee Grizell - flauta en "El ciclón", "Verde" y "El puñal y el corazón"
* Melissa Hassin - chelo en "El ciclón" y "Verde"

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